Volvió al país. De nuevo en Buenos Aires, Chloé Bello recuerda su historia con Gustavo Cerati: “Me tuve que ir porque necesitaba paz mental”

Es una de las grandes modelos de su generación. Acaba de volver a Buenos Aires, después de 17 años afuera, donde se codeó con grandes de la moda como el diseñador Giorgio Armani y el fotógrafo Bruce Weber, y del cine, como los directores Oliver Stone y Abel Ferrara.

Pero en nuestros pagos, su nombre quedó asociado para siempre al de Gustavo Cerati. Hacía 5 meses que Chloé Bello (35) estaba viviendo una intensa historia de amor con la estrella de rock cuando él tuvo un ACV, en Caracas, que lo llevó un coma del que nunca despertó (falleció 4 años después, el 4 de septiembre de 2014). “Tuve una vida compacta. Por momentos, no sé si tengo 75 o 20 años. Me pasaron muchas cosas en muy poco tiempo –cuenta Chloé–. El modelaje en sí mismo es muy intenso, vivís arriba de un avión. A eso, sumale enviudar a los 22 años… Fue mucho. Son cosas que a otras personas les suceden en el lapso de 50 años”.

Pocas semanas atrás, eligió la gala de la Fundación Favaloro en el Teatro Colón para hacer su rentrée. De la mano de Gino Bogani –que la vistió con un fourreau al que solo se puede aspirar si se tiene la altura y la talla de la mannequin– posó como en las escalinatas del fabuloso teatro. “En el epígrafe de las fotos me pusieron ‘exmodelo’. Yo nunca avisé el retiro, pero bueno…”, comenta y da inicio, así, a la conversación.

–Estuviste varios años viviendo afuera, ¿en qué andás?

–Vengo de Madrid. Estuve instalada dos años allá, después de otros tres años en Estados Unidos, en los que estudié teatro en el estudio de Stella Adler. Decidí volver a Buenos Aires hace muy poquito. Estoy con oportunidades laborales en teatro y cine, que es a donde quiero perfilar mi carrera ahora. Estamos armando un guión con Pablo Bossi para Microteatro. La idea es estrenar en octubre. También estoy con un par de propuestas de cine, pero es complicado.

–¿Por qué?

–Es un mundo nuevo para mí y tengo que descifrarlo. Volver a arrancar requiere de mucha paciencia y humildad. Acá hay grandes actores, mucho talento, y uno tiene que luchar por su lugar. Los actores son bajitos en general, entonces hay ciertos lugares a los que no llego por un tema de físico.

–¿En la actuación el físico te juega en contra?

–Un poco, sí. La altura llama mucho la atención… Soy alta, rubia, tengo una cosa medio vikinga, que impacta. Mientras tanto, me ocupo de otras cosas. Estoy filmando un corto para una marca y voy a retomar un documental que estuve haciendo antes de la pandemia. Es sobre la trata de perros y gatos en el Sudeste Asiático. Los matan por su carne y los torturan para que tenga mejor sabor. Es una cosa horrorosa. Cuando me enteré, dejé de dormir.

–¿Cómo fue el aterrizaje a nivel emocional?

–Estoy reencontrándome con amigos. La vida afuera es un poco más sencilla, los procesos burocráticos son más rápidos, pero estoy contenta. Estuve desaparecida mucho tiempo, me tuve que ir porque necesitaba paz mental y ahora está bueno haber vuelto a mi lugar.

–Hace un año, le diste una entrevista a Matías Martin. Por primera vez, hablaste de tu amor con Gustavo Cerati y todo lo que viviste a raíz de su ACV y su muerte.

–Fui con la intención de hablar sobre Limbo, la serie en la que actué el año pasado, y contar mis nuevos planes como actriz, y se me soltó la lengua. Me sentí cómoda y había mucho para hablar. La respuesta de la gente fue increíble, necesitaban escuchar otro lado de la historia. Me escribieron cosas muy lindas, me hizo muy bien al alma. Se abrieron, me mandaron textos de apoyo, agradecieron que hubiera hablado, que hubiera contado mi verdad, digamos.

–¿Estás escribiendo un libro sobre tu historia de amor con Cerati?

–Escribí una serie de relatos para mí, para recordarlo. No es mi intención publicarlos. Me llegaron muchísimas ofertas, pero lo que escribí es muy privado. Prefiero guardármelo para mí.

–El periodista Sergio Marchi acaba de publicar una biografía sobre él, ¿participaste?

–Se me acercó, pero no quise hablar con él.

–Su romance terminó de una manera trágica. ¿Se puede volver a amar después de algo así?

–Es muy difícil. Lo nuestro no se terminó porque decidimos separarnos o dejamos de amarnos. Fue porque Dios se lo quiso llevar. Después [de Gustavo] volví a formar pareja, estuve casi 10 años con una persona, a quien le tocó contenerme en medio de mucho dolor. Por eso opté por mudarme: quería mantener mis relaciones para mí, no quería que la gente se meta más en mi vida.

–Con solo 22 años, tu nombre quedó asociado para siempre al de él, quedaste en el lugar de “la viuda de…”.

–Es terrible. Imagino que cuando fallece una persona desconocida el dolor es el mismo, pero, de una forma u otra, seguís siendo vos. A mí me resultó muy difícil rearmar mi vida. Tuve que hacer mucha terapia para salir adelante. Hice EMDR (desensibilización y reprocesamiento por medio de movimientos oculares, por sus siglas en inglés), que es una terapia especial para superar hechos traumáticos, y mucha meditación.

–¿Qué aprendiste en terapia?

–Aprendí que todo pasa y que el dolor se queda con vos. Suena cursi pero es así. Pasaron trece años [desde el ACV] y, aunque sigo acordándome de él con sufrimiento, también fui sanando. Gustavo quedó como un ángel en mi vida. Sigo conectada con él aunque no esté, le pido fuerza… Hay que verlo de esa forma porque si no te quedás en el odio, en la bronca.

–¿En qué términos estás hoy con Benito y Lisa, sus hijos?

–Los adoro. A Benito no lo veo hace mucho, pero porque él está a full. Con Lisa hablo un poco más. Tratamos de encontrarnos y de charlar. Nos hace bien a las dos.

–En alguna entrevista contaste que decidiste autojubilarte a los 29.

–A ver, no me retiré: bajé el ritmo. Dejé la vorágine de ir de un fashion week a otro, empecé a elegir los trabajos. El modelaje te permite conocer lugares increíbles, pero tiene su lado B, que es el cansancio físico. Estás todo el día arriba de un avión y llegás y al día siguiente tenés que estar en un set, impecable. Te sale un grano y es un drama porque vas a salir mal en las fotos. Es un ambiente que te hace excesivamente perfeccionista.

–¿Cuál fue el trabajo más importante que hiciste?

–A los 28 me eligieron como cara mundial de Armani. Giorgio se volvió loco conmigo. Primero me contrataron para hacer sus desfiles, en exclusiva, y hubo tan buena onda que me eligieron para hacer la campaña. Después, me relajé [Se ríe].

–¿Qué te quedó pendiente?

–Hubo varios desfiles de alta costura en París que no hice porque no acepté bajar de peso. Dior, Chanel, las grandes casas, me pedían bajar 7 u 8 kilos, cuando peso 50 y pocos. Hace 10 años era así.

–¿Te arrepentís?

–No, de todas las cosas en las que me pude haber equivocado algo aprendí.

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