Un catálogo particular: la inglesa que descubre tesoros de Buenos Aires y difunde las costumbres porteñas

Degustadora serial de dispositivos urbanos y exploradora de identidades porteñas, Vanessa Bell es inglesa pero tiene ADN argentino en todos sus poros. Es escritora y periodista, pero también curadora de experiencias que combinan hallazgos arquitectónicos y perlitas de otros tiempos. Con mirada propia, y afilada, descubre lobbies de edificios que son auténticas obras de arte, abre hilos a pura polémica de restaurantes que no están a la altura, y convoca a disfrutar shows de artistas independientes en su café de especialidad preferido de Caballito.

La lente mágica de un fotógrafo argentino que cuenta historias con luces de linternas, de fuegos y hasta de la luna

Además, da talleres de inglés y organiza tours temáticos para locales y turistas que quieran empaparse de su estilo. En las redes se llama @cremedelacremeba, una declaración de principios. No porque sus itinerarios sean mejores que los mejores, sino porque son distintos, porque ponen en valor estilos que quedaron en el olvido y le sacan brillo a edificios emblemáticos.

De la campiña inglesa a Congreso, luego a Castelar y, ahora, en Caballito, un barrio al que le descubre pasajes emblemáticos –Osaka, Amberes, Portugal, sus elegidos–, destapa heladerías que replican gustos artesanales –1952 Helados con Historia– y recomienda la torta de pistachos y frambuesa que la vuelve loca, de la pastelería Roma. Bell agudiza su sexto sentido en cada esquina y atrapa en su red un catálogo de particularidades que desde lejos no se ven, como cantaban Los Piojos.

Cuando cumplió 10 años en Buenos Aires publicó en Twitter las costumbres porteñas que le llamaban la atención. Y se le llenó la cuenta de haters. Allí enumeraba las costumbres argentinas, y lo hacía en inglés. Las colas eternas, los porteros regadores de veredas, la falta de cambio en los quioscos.

“Lo publiqué en mi blog, me parecía graciosa y suelta cuando no me leía nadie. Pero explotó. El punto es que yo no elijo vivir en Londres, estoy fascinada con Buenos Aires. Cuando todos se quieren ir yo me quiero quedar”, sentencia Bell, autora del Mapa Brutalista de Buenos Aires, una guía bilingüe que repasa 51 ejemplos icónicos de edificios que responden a este estilo arquitectónico, de hormigón crudo, que surgió en los años 50 y mantuvo su popularidad hasta principios de los 80. Desde la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, a la que Clorindo Testa se refería como el Gliptodonte, hasta el “Rulero” de Av. Dorrego, y uno de sus favoritos: el edificio del Museo Xul Solar.

El mapa editado por Londres Blue Crow se vende online y en las tiendas de museos del MoMA y el MET de Nueva York y la Tate Gallery de Londres, entre otros. “Asumo el desafío de sacar de contexto lo convencional”, define la periodista de revistas de diseño y arquitectura como Dwell o Monocle, que le saca el jugo a su doble nacionalidad.

Mientras cierra detalles para armar un quiosco de objetos y novedades en su oficina del Palacio Barolo –en el piso 13, con terraza y vistas panorámicas a la Av. de Mayo–, cambia de piel para transformarse en curadora de una muestra de fotos y sets de música en el café que más frecuenta, el Lo-Fi de Caballito. Por allí pasarán el músico uruguayo Paul Higgs (19 de agosto), se colgarán las fotos de Maxi Magnano y, en octubre, llegará Miguel de Olaso para tocar un set de laúd y baguala.

“Mi mamá es argentina y toca el laúd. Me crié con música clásica y barroca, años de canto y flauta dulce. Ahora toco la guitarra”, cuenta. Y apunta: “La idea de estos espectáculos abiertos (son gratuitos) es desmitificar a la élite y democratizar el arte. Salir de las tribus de siempre y conocer nuevas expresiones. En la calle, en mi barrio”.

Nació en Inglaterra por una decisión de su padre, que ahora la califica como una locura. “Ahora”, aclara, porque que ella también es mamá (de Julián, 1 año y medio). “Mi padre, médico clínico, hizo su residencia en el sistema de salud público de Inglaterra y quiso que mi hermano y yo naciéramos allá. Después nos mudamos a Denton, a una casa del siglo XVII, y luego a Oxford”.

Si bien echó raíces en Buenos Aires, ciudad que adora y reconoce como la palma de su mano, se siente “mitad argentina y mitad inglesa”. Cuando en 2002 llegó para veranear en Villa Gesell se quedó más de la cuenta y conoció la movida emergente de las marcas independientes de Palermo, la efervescencia cultural del momento.

“Quise dar un giro drástico. Obtuve el certificado para enseñar inglés en cualquier parte del mundo y arranqué a escribir en la revista Time Out de Buenos Aires. Era una ventaja estar acá. Y lo es. Ya no quiero la vida de Inglaterra”.

Entre sus perlas seleccionadas de la ciudad, los lobbies modernistas con murales y obras de arte escondidas la fascinan. En Julián Álvarez y Arenales recomienda descubrir una pieza oculta de Luis Seoane. Discos raros, ropa alternativa en galpones industriales, carteras de otros tiempos y delicatessen integran su baúl de tesoros urbanos.

También, la sala de esgrima de GEBA, que además de su belleza tiene un link directo a su historia; su papá es atleta olímpico, experto en florete. Si bien su mirada se multiplicó en las redes sociales, Vanessa puntualiza que no las necesita para vivir, que jamás le pagaron por escribir una reseña y que las reglas del juego mandan: “No podés quedar bien con todo el mundo. Hay que tener una postura y bancar la pelusa, aunque moleste”, concluye.

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