Historias: son vecinos y entre todos construyen las casas en las que vivirán sin saber cuál les tocará

“Tener una vivienda significa el futuro de mis hijos, que tengan su tranquilidad, su espacio, su techo. No tienen que estar cargando y sufriendo con bolsos en la calle, mudándonos a cada rato”, dice Griselda Calderón. Junto con su pareja y sus tres hijos habita una de las 97 viviendas de la fundación Vivienda Digna que se inauguraron en el 2022 en Derqui, Provincia de Buenos Aires. Vecina de la zona de toda la vida, cuenta que en los últimos 14 años había tenido que mudarse seis veces.

Calderón destaca la armonía y el clima colaborativo entre vecinos. “Nos conocimos trabajando, y seguimos trabajando en conjunto”, dice, y cuenta que cuando alguien en el barrio quiere hacer alguna mejora como alambrar o ampliar la casa, todos los vecinos se acercan a colaborar. De esto se trata la dinámica propuesta por la Fundación Vivienda Digna, que promueve la autoconstrucción y el trabajo en equipo.

Alejandro Besuschio, ingeniero industrial y director ejecutivo de la organización, cuenta que son muchas las familias que se acercan con el deseo de alcanzar la casa propia. Una vez seleccionadas aquellas que se sumarán al proyecto, se trabaja brindándoles capacitación para el proceso de construcción, ya que son las propias familias quienes construyen tanto sus hogares como los de sus vecinos.

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El proceso comienza con la conformación del grupo, con el que se mantienen reuniones semanales para conocerse, crear el reglamento interno de trabajo y distribuir roles y funciones. El director ejecutivo de la fundación señala que este proceso es liderado por un equipo social y técnico, y que entre todos se toman las decisiones sobre el barrio. El foco está puesto en fortalecer la ayuda mutua y el trabajo entre todos. Para favorecer la construcción equitativa, nadie sabe cuál será su casa hasta que concluye el proyecto. “Trabajamos mucho con el barrio, para que cuenten con herramientas para que puedan seguir avanzando por ellos mismos. Por eso es fundamental el proceso participativo desde el inicio, porque se construye poco a poco. Es como una práctica aprendida. Nos enfocamos durante todo el proceso en la comunicación entre ellos, la resolución de conflictos cuando aparecen, la organización como grupo, las responsabilidades que tiene cada uno”, dice Besuschio.

Construir comunidad en Derqui

Acerca del proyecto en Derqui, el director ejecutivo de la fundación cuenta que se trata de la tercera etapa de un emprendimiento que se viene construyendo sobre un terreno de la fundación donado por la Congregación Salesiana. En la primera etapa se hicieron 50 viviendas completas y en la segunda, 47. Además, se realizó el trabajo de urbanización, apertura de calles y tendido de los servicios de agua, luz y cloacas, el equipamiento comunitario y la plaza. La tercera etapa del proyecto, explica Alejandro, consta de 52 lotes con servicios. Sobre estos lotes, las familias construyen sus viviendas con acompañamiento técnico y social, contando con el financiamiento a 20 años otorgado por la Fundación.

¿Cómo son estas casas? El director ejecutivo de la fundación cuenta que trabajan con dos prototipos de vivienda que tienen la posibilidad de una cocina-comedor, un baño y dos dormitorios. En el inicio del proyecto, se le muestra a cada familia los prototipos para que elijan cuál se ajusta mejor a sus necesidades y dinámica familiar. “En toda esta primera parte del proyecto las familias trabajan en la construcción de las plateas y de los pilares de luz, junto a otras tareas de obra. Cuando se termina esa etapa, se define qué terreno va a ser para cada familia, y empieza la parte de autoconstrucción”, explica Besuschio.

Subraya la importancia de los trabajos conjuntos y los talleres de capacitación sobre diseño y construcción con el objetivo de apoyar al grupo para que en el corto plazo puedan construir, aunque sea el módulo mínimo y mudarse mientras van terminando.

Sobre los orígenes de la Fundación, el director ejecutivo de la organización cuenta que surgió en 1979 gracias a un grupo de jóvenes. “Todo comenzó a partir de un partido de fútbol que estaban jugando en un barrio popular para el que colaboraban, cuando de repente, se largó a llover. Para protegerse, fueron a la casa de los vecinos y vieron cómo vivían. Allí tomaron conciencia de que algo tan normal como la lluvia resultaba un gran problema para ellos. Decidieron entonces unirse para crear una organización que tuviera a la vivienda adecuada como foco, dado que es un factor fundamental para el fortalecimiento y desarrollo de las personas”, dice. Hoy más de 150 personas integran la fundación. Se trata de un grupo de profesionales heterogéneo en el que hay arquitectos, equipo social, profesionales en logística, administración, recursos humanos y comunicación. A su vez, la fundación cuenta con el apoyo de voluntarios que brindan su tiempo para colaborar con la misión.

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