Mundial de Australia y Nueva Zelanda: la Selección Argentina cayó ante Suecia y se despidió del torneo sin poder ganar

“La cosa arrancó con el fato de las cábalas” en el Waikato Stadium de Hamilton. Frente a Suecia, el entrenador Germán Portanova mandó al banco de suplentes el traje negro con el que dirigió los primeros dos partidos y se calzó el conjunto deportivo de la Selección Argentina, con el que consiguió el año pasado el pase directo al Mundial de Australia y Nueva Zelanda.

A diferencia de lo que ocurrió en el empate frente a Sudáfrica, Portanova pobló el mediocampo con jugadoras dinámicas como lo son Sophia Braun, Camila Gómez Ares,  Estefanía Banini, Florencia Bonsegundo y Romina Nuñez. La presión en bloque fue clave para bajar el ritmo del partido. Desde ese aspecto, la Argentina emparejó el partido a pesar de sufrir en más de una oportunidad la pelota parada de las suecas.

“Suecia no es sólo la pelota parada”, había advertido Portanova en la previa del partido. Sin embargo, durante el primer tiempo las mejores oportunidades de las nórdicas vinieron a través de dos tiros libres y un córner. La albiceleste las redujo a eso, de ahí sus meritorios 45 minutos iniciales.

Gómez Ares fue durante los últimos años uno de los puntos más altos en el torneo local. Su partida a la liga chilena le abrió nuevamente las puertas de la Selección Argentina y Portanova confió en ella para equilibrar el centro del campo. Con un despliegue físico envidiable, se tomó siempre un segundo más para marcar el pase correcto. Como así también se tomó durante este Mundial los minutos necesarios para escribir -al mejor estilo de una corresponsal- sus vivencias como jugadora.

Egresada en periodismo, Gómez Ares escribió tras la derrota frente a Italia: “Jamás imaginé esto, porque nunca lo hice pensando en que podía jugar un Mundial. No podía ver la tele y decir `che, mirá. Está Marta jugando´. O lo que sea, no podía prender la tele y saber que había mujeres que jugaban o, incluso, que había un Mundial”.

No le pesó su debut y fue -junto con Braun- la figura del primer tiempo donde la Argentina tuvo alguna posibilidad de pelota parada y un remate demasiado desviado de Banini. Pero por sobre todo, un arranque donde las nórdicas se desdibujaron y no mostraron ese poder ofensivo que las caracteriza.

La segunda parte arrancó con tres cambios ofensivos en Suecia y con el ingreso de Daiana Falfán por Florencia Bonsegundo, quien se retiró lesionada a los 37 minutos del primer tiempo. La llovizna -jugador presente y habitual en este Mundial- decoró el estadio de Hamilton, pero no apagó el fuego de los hinchas argentinos que se acercaron a alentar.

Desde Auckland, un micro con más de 60 hinchas viajó durante dos horas para que el último partido de la Selección Argentina sintiera el calor de los cantos. Ubicados detrás del arco donde la albiceleste arrancó atacando, el Waikato Stadium los recibió como en casa: una popular con paravalanchas. Parados y con los bombos en la mano, desafiaron el frío neozelandés.

Y a los 65 minutos del segundo tiempo, cuando la Argentina empezó a sentir el desgaste físico, las suecas crecieron en el juego. El partido se volvió más dinámico, palo por palo, aquello que Portanova en la previa había planteado evitar. Y tras un centro de Sofia Jakobsson, la delantera del Wolfsburgo Rebeka Blomqvist convirtió -de cabeza- el 1 a 0.

Tras el gol, Portanova movió el banco. Sacó a Julieta Cruz y Gómez Ares -por desgaste físico- y puso a Gabriela Chávez y Dalila Ippolito. El ingreso de esta última le dio frescura y desfachatez al mediocampo argentino. En la previa del partido, había declarado que el fútbol internacional se estaba volcando al juego físico y que, de a poco, la gambeta ya no se podía ver -ni disfrutar- en el campo.

“La gambeta es lo que me trajo hasta acá, así que es algo que yo no lo voy a perder nunca. Primero, es lo que me gusta y segundo, es lo que me hace feliz”, declaró Ippólito. Y en los últimos minutos del partido, su potrero sumado a la irreverencia de Yamila Rodríguez -que ingresó a los 75- le permitieron a la Selección ilusionarse con un empate que nunca llegó. Y cuando el partido ya se iba, Elin Rubensson convirtio de penal el 2 a 0 definitivo.

El Grupo G terminó con Suecia en la primera posición y Sudáfrica como segundo. La clasificación de este último quizá sea uno de los principales interrogantes que deje este Mundial para la albiceleste. ¿Por qué el equipo peor posicionado en el ranking FIFA pudo y nosotras no? ¿Qué falto?

La primera respuesta es más compleja. La segunda tiene a los pocos minutos de finalizado el partido algunas posibles conjeturas: faltó generar peligro en el arco rival y mantener la intensidad de los primeros tiempos en el complemento. Con el correr de los días, irán apareciendo otras.

Argentina mostró en el primer tiempo frente a Suecia e Italia esa identidad de juego que defienden las jugadoras y el cuerpo técnico. Frente a Sudáfrica, la remontada tapó el peor partido de la Selección. El añorado triunfo mundialista no llegó y una camada de jugadoras se despide sin hacer historia en las estadísticas -pero sí fuera del campo de juego-. Porque entre todas las cosas que dejó este Mundial y dejará para el fútbol femenino, yo me quedo con “un once titular que en otros tiempos y en otros bares, no se hubiera recitado de memoria -escribió la periodista española Monica Crespo-. Una alineación por la que hacía unos años no hubiéramos discutido acaloradamente mientras volvíamos de camino al coche”.

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