Fórmula 1: “Porpoising”, el mal que vuelve a aquejar a los Mercedes y le impide ser tan rápido como los Red Bull

Mercedes creía que se había librado de un mal que aquejó a la escudería la temporada pasada de la Fórmula 1. Se trata del bamboleo excesivo de los autos, lo que obliga a los pilotos a modificar sus planes de carrera. Un efecto conocido como “porpoising” o “bouncing” que reapareció en el último Gran Premio, corrido en Spa Francorchamps (Bélgica) y que condicionó sobre todo los rendimientos de los pilotos de la escudería alemana. “El factor que más nos limitó fue el ‘bouncing’. El coche rebotaba, literalmente, en todas las rectas. Lo dijeron los pilotos y lo vi en los datos”, dijo Toto Wolff, el jefe del equipo, que ahora encarará el receso veraniego de Europa con una preocupación extra en su cabeza. La categoría recién volverá en el circuito de Zandvoort, durante la última semana de agosto, para el GP de los Países Bajos.

“Es frustrante irse de vacaciones así”, confesó Wolff. Y añadió, en relación a la actuación de sus dos pilotos en la carrera belga, Lewis Hamilton y George Russell. “Lewis tuvo que soltar en Blanchimont, una curva que es sencilla a fondo. Y, si rebotás en la recta, sobrecalentás los neumáticos en la frenada. Es un círculo vicioso que nos condicionó el fin de semana. Lo entenderemos mejor después de haberlo analizado”, se esperanzó Wolff.

“Se ha hecho un trabajo duro para actualizar y mejorar el auto. Hay que sacarse el sombrero ante los responsables de la aerodinámica del auto. Y quizás ahora tengamos que encontrar algo más, porque sigo creyendo que la dirección en la que vamos es la correcta”, apuntó Wolff, esperanzado. En este sentido, es una buena noticia para Mercedes que la categoría reina entre en un receso. Los ingenieros tendrán más tiempo para encontrar la razón de los rebotes excesivos en las flechas plateadas.

“Tuvimos grandes rebotes este fin de semana, por lo que estamos en el mismo punto en el que estábamos el año pasado”, se quejó Hamilton a su turno, y tras la carrera de Spa. También resaltó la velocidad de los Red Bull, la escudería que mejor trabajó con el efecto suelo y limitó el bamboleo de sus autos con el trabajo de Adrian Newey, su jefe técnico. “¿Quiero ser tan rápido como Verstappen? Por supuesto. ¿Me gustaría tener un auto tan rápido como el suyo? Por supuesto. Si yo tuviera el auto de Sergio (Pérez, compañero de equipo de Verstappen), Max no la estaría pasando tan bien como la está pasando ahora”, amenazó Hamilton. Fue su forma de dejar en claro que no tiene las herramientas para competirle de igual a igual en la pista.

“Sufrimos una enorme cantidad de ‘bouncing’. A otros equipos también les pasó, pero quizás no de una manera tan severa como a nosotros”, admitió Russell, el otro piloto de Mercedes. Y agregó: “En cualquier caso, es una pena que en el pináculo del automovilismo la mayoría de las escuderías todavía esté luchando contra el bouncing. Espero que esto pueda ser resuelto en el futuro”, deseó el corredor británico de 25 años.

“Definitivamente, el ‘bouncing’ afecta el rendimiento de los coches, porque condiciona la habilidad de los pilotos para extraer el máximo agarre. Afecta el balanceo y la forma en que los corredores definen cuándo frenar. Por lo tanto, es algo en lo que trabajaremos en el futuro”, señaló el jefe técnico del equipo Mercedes, Mike Elliott. Y agregó: “La pegunta que debemos hacernos es cuánto del ‘bouncing’ se debe específicamente al circuito de Spa y cuánto al set-up (parametrización) de los autos. Fue un fin de semana húmedo, en el que la pista estuvo mojada hasta el mismo momento de la largada de la carrera”. En definitiva, para Elliott no se trató de un problema endémico en todos los equipos, sino un mal que aquejó a los Mercedes. En exclusiva. Y eso limitó sus posibilidades en la carrera.

El “porpoising” no es nuevo en la F1, aunque llevaba más de 40 años sin aparecer en primer plano. En las últimas dos temporadas regresó, al parecer, para quedarse. Ocurre cuando hay un fuerte “efecto suelo” y consiste en esos “cabeceos” de los coches, que producen inestabilidad al auto e incomodidad de conducción para el piloto.

Ahora bien: ¿por qué se da el porpoising? La palabra se traduciría como “marsopeo”, por el movimiento de los marsopas –cetáceos semejantes a los delfines– al salir del agua a los saltos. Los coches de 2022 (cuando el fenómeno reapareció) tenían un piso muy cercano al asfalto (para esta temporada son 1,5 centímetros más altos en el alerón delantero). La estrechez del espacio entre el pavimento y el fondo del auto hacía que el aire circulara más rápidamente por allí que más arriba, y eso producía el efecto suelo.

Pero además, la enorme presión que existe ahora en el alerón delantero hace que el vehículo se incline hacia el frente. Cuando el ala toca el pavimento, y con el factor extra de unos anchos canales de salida que liberan bruscamente el aire por la parte trasera del piso del monoplaza, el vehículo deja de “cabecear” y rebota, hasta que el proceso recomienza. Todo, por supuesto, sucede en poquísimo tiempo. Y la lógica señala que a más velocidad, más “galope”. El fenómeno se anula completamente cuando el piloto frena, para, por ejemplo, encarar una curva.

Publicaciones

Publicaciones