Elecciones 2023 | Más bronca en Lanús: la escuela a la que iba Morena está cerrada por duelo, pero no les avisaron a los votantes

El clima era de desconcierto y de desazón en la esquina de la escuela donde el miércoles pasado fue asesinada Morena Domínguez, en Lanús, para robarle el celular. Los vecinos que llegaban hasta la escuela EP 60 Almafuerte para votar en las elecciones PASO se encontraban con carteles que pedían justicia por Morena y a la vez que avisaban que las mesas que votaban en esa dirección habían sido trasladadas a otra escuela de Lanús.

El desconcierto era tanto por no saber a quién votar como por no saber a dónde hacerlo físicamente. En la esquina, un grupo de vecinos, presuntamente militantes de alguna agrupación política que preferían no identificarse, organizaban desde los celulares el traslado de la gente que llegaba y se encontraba con una escuela cerrada y que no tenía ni siquiera policía o gendarmería para cuidar el operativo electoral.

“No entiendo qué pasa. Yo tenía que votar en esta escuela, en el jardín más precisamente. Somos de Valentina Alsina y siempre voté acá. Ayer dudé si la escuela iba a estar abierta, pero la inseguridad es algo que vivimos todos los días y los vecinos lamentablemente ya estamos acostumbrados. Pero lo que pasó con Morena fue un punto y aparte”, dice Bruno Rolón, de 48 años, que vino a votar con su mujer, Aída Rodríguez, y se encontraron con la escuela cerrada.

“Yo salgo a las 5 de la mañana y tengo que cruzar el Puente Olímpico y no solo la inseguridad viaja en moto, también en los colectivos nos roban e incluso hay robo a caballo y la policía nunca está”, dice Rolón.

En Lanús, los vecinos se ven obligados a elegir sus autoridades entre las opciones que más los protejan frente a la inseguridad, independientemente del gusto político. Así lo decía Cristian Romero, de 48 años: “Vengo a votar sin ganas. Soy de Valentina Alsina. Salgo todos los días a las 7 de la mañana y, con que no me maten entre ir y volver a trabajar, me tengo que dar por satisfecho. No votamos a quien queremos, sino a quien pensamos que nos va a proteger. Y todo lo que pasó con Morena nos llena de indignación”, dice.

Mientras los vecinos siguen llegando a la esquina de Molinedo al 3200, los carteles de reclamo de justicia por Morena reemplazan a los carteles electorales. Todavía subsisten algunos carteles y algunas pegatinas de candidatos, pero muchos vecinos, cuando se acercaron a pedir justicia por Morena, fueron arrancándolos. De manera que solo subsisten partes de las caras, carteles arrancados a la mitad, una foto del gobernador Axel Kicillof partida al medio, colgando cabeza abajo. Se puede ver a pocos metros de la puerta de la escuela a la que nunca llegó Morena. También la foto del candidato a intendente y presidente del PJ Lanús, Julián Álvarez.

“Hace 59 años que vivo en este barrio”, dice Domingo Calógero, que tiene 59 años y es tornero. Vive en Lanús desde que nació. “Ahora me dicen que tengo que votar en la escuela 504. La inseguridad no es algo nuevo, pero nunca vivimos como estamos viviendo ahora”.

“Por supuesto que el asesinato de Morena condiciona mi voto. No podemos seguir como si nada hubiera pasado”, dice Daiana Calógero, de 31 años, que es despachante de aduana e hija del tornero.

“Esto de las motos no es nuevo, lo padecemos todos los días todos los vecinos. Esperemos, la única esperanza que tenemos es que algo cambie con nuestro voto”, dice.

“Me duele saber que nada va a cambiar”

“Tengo cuatro hijos que tienen 11, 13, 15 y 17 años y me duele venir a votar y saber que nada va a cambiar. Hace solo 20 días, a media cuadra de la escuela, salimos a comprar, eran las cinco y media de la tarde y nos robó una moto que puede ser la misma que robó a Morena. Cuando me pidieron mi riñonera, les dije que no tenía nada de valor. ‘Papi, no tengo nada’, le dije. Y uno desde la moto gritó, entonces bajale al hijo. Mi hijo se había olvidado del celular y no sé cómo nos perdonaron la vida. Así que hoy vengo a votar que no quiero más esto, que quiero que esto se termine, que quiero poder salir en paz a las calles de mi barrio. El año pasado vinimos a esta plaza [se refiere a la plaza que está enfrente a la escuela] y mientras los chicos jugaban paró una moto y les robaron la pelota. Ahora para salir a pasear prefiero cruzar por el Puente Olímpico e irme a Capital, porque así no podemos vivir”, cuenta Mabel Candia, de 46 años, que trabaja como empleada en una casa en Capital.

Lo dice mientras espera que le digan dónde votar, junto a su hija Aldana Rocío, de 13 años, que se detiene frente a cada uno de los carteles pedidos de justicia por Morena, con los ojos llenos de lágrimas. Ella iba al mismo colegio que Morena hasta la pandemia cuando la mamá la cambió a Capital.

“¿Si cambié el voto después de lo que pasó con Morena? Por supuesto”, dice Dora Castillo, de 63 años, que tiene una nieta que es vecina de la familia de Morena y que jugaba con ella todos los días. Cuando vio la foto de Morena en la televisión se quedó helada. “Es la amiga de mi nieta”, dijo.

“Hoy veo con indignación todo lo que está pasando. ¿Qué le hicieron a nuestro barrio? Yo hace 35 años que vivo acá y nunca vivimos así. Robos hubo siempre, pero ahora estamos al límite de lo que se puede soportar. Y los políticos miran para otro lado. Uno cambia el voto, pero no sabe si va a dar algún resultado”, dice Dora, mientras se prepara para caminar 12 cuadras hasta la escuela 504 de Lanús, a la que fue trasladada a su mesa para votar.

Mientras los vecinos siguen llegando, los punteros que no identifican a qué partido pertenecen explican que ellos están ahí solamente para orientar a los vecinos. Pero no hay ninguna autoridad ni del municipio, ni de la escuela, ni de la provincia, ni siquiera de las autoridades electorales. Cada uno llega y tiene que ingeniárselas para saber en qué mesa y en qué escuela finalmente va a poder votar.

Uno de los punteros que pide no ser identificado explica que consiguieron un ómnibus escolar para trasladar a los votantes hasta la escuela ya que la distancia no es mucha, son apenas 12 cuadras, pero para llegar hasta ahí hay que atravesar la Villa Diamante, donde la inseguridad acecha. Entonces, los vecinos forman fila y esperan en esa misma esquina donde el miércoles dos delincuentes arrastraron a Morena a que llegue un micro escolar para ser trasladados hasta el lugar de votación. Cuando el micro llega, se estira la fila y el colectivo se colma de vecinos que quieren dar su voto. Todos suben en silencio, no hay cantitos, no hay estudiantinas. Domina un clima de tristeza y de angustia y de incertidumbre, saber si el voto va a poder cambiar algo esta dura realidad.

La realidad que se ve por las ventanillas es la que ellos viven a diario. El colectivo decide bordear el asentamiento, aunque eso significa más recorrido. Lo mismo hacen a los vecinos.

“Yo me enteré ayer por un estado de WhatsApp, porque nadie avisó que no se votaba en la escuela Almafuerte. No tenía ganas de venir, pero decidí venirme igual, aunque fuera más lejos porque esto tiene que cambiar. No podemos más. Tengo una hija de 13 años y aunque estamos a dos cuadras del colegio, ahora la lleva mi papá. Porque yo salgo a las 5 para el trabajo. Algo tiene que cambiar”, dice Romina Cáceres, de 37 años.

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