Salud: detectan que pacientes con demencia desarrollan una insólita creatividad visual y la causa asombra a los médicos

WASHINGTON.- El hombre sentado en el consultorio de la neuróloga del comportamiento Adit Friedberg no podía ni hablar. “No lograba pronunciar ni una palabra”, dice la especialista. Había perdido la capacidad de entender o producir palabras, y le habían diagnosticado afasia progresiva primaria, una forma de demencia frontotemporal (DFT), una enfermedad degenerativa similar al Alzheimer, excepto que tiende a afectar únicamente ciertas zonas del cerebro.

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El hombre, sin embargo, había empezado a pintar, y con frecuencia… Su esposa depositó una pila de sus dibujos y pinturas sobre el escritorio de Friedberg y le preguntó: “¿Qué está tratando de decirme?”

A pesar del deterioro degenerativo de sus cerebros, algunos pacientes con demencia desarrollan o experimentan un aumento de la creatividad visual. Sin embargo, el mecanismo subyacente a ese proceso era desconocido, hasta que Friedberg y sus colegas realizaron un estudio que reveló las posibles estructuras y conexiones cerebrales que podrían explicarlo.

El repentino desarrollo de nuevas habilidades —como la creatividad artística— y no solo el deterioro o la pérdida de habilidades previas, podría ser un importante señal de un proceso neurodegenerativo, lo que permitiría un monitoreo o incluso un tratamiento temprano, señala el neurólogo Bruce Miller, director del Centro de Memoria y Envejecimiento de la Universidad de California en San Francisco, y coautor del nuevo estudio, publicado en la revista científica JAMA Neurology.

El estudio también ayuda a entender las formas diferentes de creatividad, apunta Friedberg, “porque todavía no sabemos si la creación de una obra de arte o la invención de una tecnología revolucionaria no responde a una superposición de mecanismos del cerebro”.

Otras instancias de desarrollo creativo

Aquella visita de la pareja a su consultorio en 2018 desconcertó a Friedberg, que por entonces estaba completando su residencia en el Centro Médico Sourasky, en Tel Aviv. Entonces se puso a hurgar en la literatura científica, en busca de evidencias de un vínculo entre la neurodegeneración y la creatividad artística.

Así fue que se enteró del caso de Anne Adams, que fue objeto de un estudio de 2008 de los neurólogos Bill Seeley, del antes mencionado Bruce Miller, y otros colegas de la Universidad de California en San Francisco.

Adams era una científica que cuando tenía poco más de 40 años había abandonado la profesión para cuidar a su hijo, que había sufrido un grave accidente automovilístico. Adams empezó a pintar y nunca volvió a pisar un laboratorio, por más que su hijo se recuperó completamente. Se fue sumergiendo obsesivamente en su arte, en paralelo con la aparición de signos de demencia frontotemporal, más específicamente de afasia progresiva primaria.

La demencia frontotemporal (DFT) engloba un grupo heterogéneo de neuropatologías caracterizadas por la muerte de las neuronas en el lóbulo frontal o temporal del cerebro, que son las regiones que controlan, respectivamente, el comportamiento social y el lenguaje.

Cuando leyó sobre Adams y su impresionante desarrollo de creatividad visual en paralelo con su deterioro neurológico, Friedberg dice haberse sorprendido “por el potencial oculto que puede despertarse cuando se instala la enfermedad”.

Ahora, el nuevo estudio liderado por Friedberg, Miller, Seeley y otros colegas, parece explicar por qué ocurre ese fenómeno.

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Explosión de creatividad en el contexto de un deterioro neurológico

El aumento de la creatividad para las artes visuales es bastante raro en cuadros neurodegenerativos.

“Por lo general ocurre todo lo contrario”, dice Raquel Gutiérrez Zúñiga, neuróloga del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja, Madrid, quien no participó del estudio, y agrega que cuando desarrollan una enfermedad neurodegenerativa, como el Alzheimer, “incluso en los artistas de carrera, el estilo se vuelve más simplón”.

El primer informe de un caso de creatividad artística visual en una persona con DFT fue publicado por Miller en 1996. El paciente, un hombre de California, nunca se había dedicado al arte, pero repentinamente “se obsesionó con la pintura”, señala Miller.

A Miller lo fascinaba la idea de que algo tan terrible como la neurodegeneración pudiera redundar en algo positivo.

“Los neurólogos somos buenísimos para describir déficits y carencias”, dice el investigador. “Para mí, y pienso que para la mayoría de la gente, es una paradoja. No nos formaron para pensar que podía pasar algo así.”

A medida que fue creciendo su curiosidad, Miller empezó a encontrar otros pacientes con DFT que desarrollaban creatividad para las artes visuales. “A mi consultorio empezaron a llegar pacientes que habían tallado patos en madera, que hacían insectos de metal, o que habían empezado a pintar”, recuerda.

En las décadas pasadas desde aquel primer informe se fueron sumando otros casos de estudio, al igual que las hipótesis sobre las causas del surgimiento de la creatividad en un cerebro en proceso de deterioro. La principal hipótesis, dice Miller, era que a medida que la región frontal se debilita, otras regiones del cerebro, como la que atañe a la visión, compensaban esa pérdida con un aumento de su actividad.

Como los datos disponibles son muy pocos —en parte porque solo un pequeño porcentaje de pacientes con DFT experimenta un aumento de la creatividad artística visual (en su estudio, Friedberg y Miller hablan de apenas un 2,5%—, sacar conclusiones sobre el mecanismo que lo genera era imposible. “Hacía falta un grupo de estudio”, apunta Friedberg, porque así podrían identificar patrones comunes o exclusivos de esos pacientes.

¿Por qué solo algunos pacientes con DFT desarrollan una creatividad que antes no tenían?

Para el primer estudio grupal de pacientes con DFT con creatividad artística visual, Friedberg empezó analizando cientos de registros de pacientes recopilados entre 2002 y 2019. Allí pudo identificar a 17 con DFT con creatividad artística visual y emparejó con sujetos de control sanos y pacientes con DFT que no manifestaban un nuevo impulso creativo. Esto permitió que el equipo investigara qué cambios cerebrales estaban relacionados con el DFT y cuáles eran exclusivos de los pacientes con DFT que tenían creatividad artística visual.

Para realizar el mapeo de la red de atrofia, los investigadores usaron imágenes de resonancia magnética estructural de los pacientes, donde aparece la estructura y el tamaño del tejido cerebral. Es una técnica que compara el cerebro de un paciente con un cerebro no enfermo para determinar las interconexiones de la región dañada del paciente con otras partes del cerebro y cómo esas regiones conectadas podrían, como resultado, aumentar o disminuir su actividad.

Es posible que las otras regiones cerebrales (sin deterioro) que están conectadas no se comporten de manera tan diferente de lo normal, pero su actividad puede ser más obvia —sea aumento o disminución— porque ya no reciben la misma retroalimentación de la región del cerebro que está en proceso de deterioro.

El mapeo de la red atrofiada reveló una conexión entre la región frontotemporal y la corteza dorsomedial de la parte posterior del cerebro, esencial para el procesamiento visual. Los hallazgos de los investigadores sugirieron que, para los pacientes con DFT con creatividad artística visual, la atrofia frontotemporal podría conducir a una mayor actividad en la región visual.

Sin embargo, en casi el 90% de los pacientes con DFT sin creatividad artística visual se manifestó lo mismo, o sea que el aumento en el procesamiento visual no alcanza por sí solo para explicar un aumento en la creatividad visual de esos 17 pacientes.

Una conexión visomotora que podría explicar la diferencia

Para descubrir otras posibles razones de la creatividad artística visual solo en algunos pacientes con DFT, Friedberg decidió observar las alteraciones en el tejido cerebral.

Descubrió en los pacientes con creatividad artística visual la corteza motora primaria del hemisferio izquierdo del cerebro —la región que controla el movimiento de la mano derecha—, aumenta de volumen en relación con un crecimiento de volumen en la región dorsomedial posterior. Incluso cuando el tejido a su alrededor está muriendo, señala Miller, “la única región del hemisferio izquierdo que no pierde volumen es la involucrada con el acto de pintar en sí mismo”.

El vínculo entre la región visual y la mano derecha podría interpretarse de varias maneras. Puede ser innato para algunas personas y solo salir a la luz frente al desarrollo de DFT o puede ser una conexión que se fortalece como consecuencia de pasar horas todos los días creando arte mientras van surgiendo los síntomas de DFT.

El vínculo del movimiento de la mano derecha con la región visual del cerebro habría sido más llamativa si esa conexión también se hubiera evidenciado en el mapeo de la red de atrofia, apunta Fox. Pero “la genialidad del estudio fue tomar una nueva técnica y aplicarla a un problema muy interesante, que es la creatividad emergente en el contexto de una deterioro del cerebro”, dice el investigador.

¿Cambiará la forma de diagnóstico de los procesos neurodegenerativos?

El estudio fue el más grande que se haya hecho con pacientes con DFT que desarrollan creatividad artística visual, pero aun así fue pequeño. Los investigadores esperan que un futuro relevamiento sobre un grupo más grande pueda revelar la importancia de otras regiones del cerebro y posiblemente explicar por qué no son más los pacientes con DFT que desarrollan esas capacidades, algo que a Miller le sigue despertando curiosidad. “Es probable que los factores en juego sean muchos, entre otros, la forma en que ya venimos cableados de nacimiento.”

Y también hay factores ambientales que podría jugar un papel importante. “Algunas personas llegan al arte por fortuna o por azar”, apunta Miller. En otros pacientes tal vez no se manifieste porque carecen de materiales o herramientas para expresar esa creatividad, o simplemente porque nunca fueron introducidos al arte en general.

“Me encantaría saber si estos resultados se replican en otros grupos, en otros países y en otras culturas”, señala Gutiérrez Zúñiga. “Sería interesante saber si se trata de un fenómeno transcultural.”

Este trabajo también mostró que ante la muerte de neuronas en algunas regiones del cerebro aumenta la actividad de otras, un proceso llamado plasticidad.

La plasticidad es un fenómeno sumamente interesante y digno de estudio, dice Friedberg, porque conocer mejor las regiones del cerebro que florecen cuando otras se deterioran puede abrir la puerta de nuevas opciones terapéuticas.

Por Sam Jones

(Traducción de Jaime Arrambide)

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