Ama a la Argentina como nunca, pero explica por qué volver no es una opción: “Es un acto de amor propio”

Sophie Canil recién se llamó oficialmente Sophie a los seis meses de vida, cuando aprobaron su nombre allá, por el año 1992. Sus padres, ambos profesores en lengua inglesa (su madre, de biología; su padre, de literatura) la criaron bilingüe, rodeada de libros, series y películas en inglés. El mundo anglosajón la intrigaba, sin embargo, desde chica se sintió atraída por todas las culturas europeas, sus atmósferas colmadas de historia y sus tantos paisajes de cuento.

Sophie siempre supo que quería vivir en el exterior, aunque este sentimiento se acentuó en su adolescencia, cuando Argentina la empezó a incomodar con su imposibilidad de andar sola por las calles y sus machismos aún presentes a pesar de todo, en formas sutiles y otras más evidentes.

Para cuando cumplió 16 su fantasía recurrente era aquella donde se imaginaba viviendo en Europa y conociendo diversos rincones del mundo. Cuando terminó el secundario, comenzó a estudiar Veterinaria en la UBA, y, finalmente, todo aquello que había logrado ahorrar en su vida hasta entonces, lo destinó a cumplir su sueño: conocer el viejo mundo: “Quedé fascinada y corroboré que lo que quería era vivir ahí”, cuenta. “Asimismo confirmé lo que no me hacía sentir tan cómoda de Argentina, donde veía que no iba a poder tener el futuro que yo merecía. Quería vivir en vez de estar en modo supervivencia de forma constante”.

A partir de ese viaje, Sophie se propuso lograr su meta. Aún estaba cursando sus estudios, cuando descubrió que podía postularse a una visa Working Holiday para Países Bajos, un lugar del que se había enamorado en una visita donde incluso había trabajado a cambio de alojamiento.

Tras conseguir la visa, llegó el impacto del sueño cumplido. Tal como había fantaseado, Sophie se iba a vivir a Europa. Lo que la joven jamás imaginó fue que, con su deseo cumplido, aprendería a amar a la Argentina como jamás lo había hecho antes.

Los impactos inesperados de Países Bajos: “Comen porque es una función biológica del cuerpo que tiene que ser cumplida”

Más allá del dolor, el entorno querido comprendió la decisión de Sophie, quien llegó a los Países Bajo en 2018, a sus 26 años, y envuelta en una felicidad que menguó la tristeza de la despedida. Ante ella, todo emergió maravilloso: “No me pesaba tanto el estar lejos porque le ganaba la sensación de curiosidad por lo que iba a venir”, recuerda.

Sin embargo, fue a las pocas semanas que reveló el primer hábito dispar y un tanto extraño para una joven acostumbrada al ritual de la familia argentina reunida alrededor de la mesa: “En Países Bajos le dan poca importancia a comer rico. Siento que en Argentina es parte del folklore, ya sea juntarse a comer churros y mate con amigos o ir los domingos a lo de mi abuela a comer pasta con pan casero de mamá. Acá es como que comen porque es una función biológica del cuerpo que tiene que ser cumplida y listo”.

“Por ejemplo, acá almuerzan algo muy mínimo para salir del paso, lo típico es un sándwich de queso. Para ellos la comida caliente es para la cena, la cual es alrededor de las 17″, continúa Sophie, quien tiempo después de su llegada se puso en pareja con un neerlandés: “No entiende cuando me ve cenando a las 21″, asegura.

Con el paso de los meses, Sophie tuvo que acostumbrarse asimismo al seasonal depression (depresión estacional), ocasionada por los días cortos del invierno y las constantes lluvias. Las nubes en el firmamento, que por momentos parecían inamovibles, trajeron consigo una revelación: nunca se había percatado de la suerte que tenía en Argentina por ver el sol tantos días al año.

“Pero es admirable lo poco que les importa la lluvia. Allá, en casa, si llueve se cancelan planes muchas veces, y acá los ves andando en bicicleta bajo una lluvia torrencial como si no pasara nada. Yo todavía no me acostumbro a eso y siento mucho la falta de sol”.

“La cultura de las bicicletas sin dudas es llamativa”, agrega. “Hay bicisendas que conectan todo el país y los niños aprenden a caminar y ya tienen una bici al lado. También se nota con la población de mayor edad, mis suegros de más de 70 aman andar en bicicleta y tienen una agilidad para subirse y bajarse de la bici que es algo que nunca había visto. Los holandeses son una población muy activa en ese sentido”.

Una calidad de vida que supera las expectativas: “Es una sensación hermosa vivir sin miedo”

Pero, a pesar del choque cultural y un clima que por momentos enciende su nostalgia, la calidad de vida en los Países Bajos superó las expectativas de Sophie, quien desde el primer instante disfrutó de los paisajes sin rejas y la posibilidad de experimentar algo tan sencillo como hacer las compras y, al bajarlas, dejar el auto abierto, así como la puerta de casa, todo sin miedo.

Se instaló en Eindhoven, una ciudad a una hora y veinte de Ámsterdam, conocida por ser un centro de tecnología y diseño, y en donde aprendió a disfrutar de sus paseos y parques: “Todavía me doy vuelta al caminar por la calle a la noche pero porque lo tengo muy metido en mí, tras años de vivir con miedo en Argentina. Hasta anduve muchas veces en bicicleta sola a la madrugada y jamás me pasó nada. Es una sensación hermosa vivir sin miedo a que otro te venga a sacar lo tuyo o a lastimarte. Más siendo mujer”, manifiesta.

“En cuanto a la oferta laboral, en este momento es enorme. Hay más puestos de trabajo disponibles que gente buscando trabajo. Hay locales que tienen que cerrar más temprano porque no tienen personal suficiente. Cuando recién llegué conseguí trabajo enseguida y en su momento sin saber hablar holandés. Para muchos puestos no es un requisito siquiera. También noté qué hay gran cantidad de oportunidades laborales súper diversas sin necesidad de un título universitario. Se puede ganar un sueldo bastante básico que permite tener una vida media muy buena, ahorrando y dándote gustos sin sufrir el llegar a fin de mes”.

“Para comprar zapatillas en Argentina tenía que ahorrar meses y acá con el sueldo de un mes ya las puedo comprar y todavía me queda plata para otras cosas. Lo mismo con los autos. No es un privilegio, son mucho más accesibles que en Argentina. Teniendo la edad mínima para manejar ya te podés comprar tu propio auto sin problemas”.

Cuidar animales, un trabajo con ganancias en todos los sentidos: “Llego a ganar cinco veces más de lo que ganaba”

En un comienzo, Sophie se dedicó a trabajar en el rubro de la indumentaria, pero su pasión por los animales la llevó pronto por un camino inesperado. En sus horas libres, decidió ofrecerse para ser pet sitter (cuidadora de animales) y pronto su ocupación alternativa empezó a crecer y transformarse en una buena fuente de ingresos.

Para destacarse en la actividad, la joven se capacitó con cursos de comportamiento animal, primeros auxilios y RCP en perros y gatos, todas herramientas que impactaron a la hora de atraer nuevos clientes: “Saben que sus mascotas están siendo cuidadas por alguien que tiene un ojo entrenado ante situaciones fuera de lo común que les pudieran suceder”, explica.

“Mayoritariamente cuido gatos, porque al ser animales que son muy susceptibles al estrés, muchas veces la mejor opción es que se queden en sus casas. La gente me da las llaves y yo voy una vez por día o las que ellos requieran para estar con sus gatos, darles de comer, cambiarle las piedritas y obviamente a mimarlos y jugar con ellos ya que están la mayor parte del día solos”, continúa Sophie, quien está inscripta en las aplicaciones pertinentes y también administra su propia cuenta, (@petsittingbysophie), donde muestra el día a día en esta profesión.

“Gracias a la creciente cantidad de clientes, hace ya un año que estoy trabajando full time de pet sitter y en los meses de verano llego a ganar cinco veces más de lo que ganaba trabajando en locales de ropa. La satisfacción que me da este trabajo es algo increíble, nunca imaginé que iba a suceder de esta manera”.

De regresos y aprendizajes: “Dejar todo atrás para buscar un mejor futuro para mí es el mayor acto de amor propio que hice”

El tiempo, en un comienzo, transcurrió veloz. Sophie había dejado Argentina en el 2018 y, de pronto, corría ya el año 2020, épocas donde tuvo que redescubrir los Países Bajos desde otra perspectiva, la del confinamiento. Fue entonces que el tiempo cambió su pulso, para la joven avanzó lento, tan lento que la añoranza hacia su país natal comenzó a doler: “Fue durísimo”, rememora la joven argentina, de 30 años.

Por más de dos años, Sophie – como tantos seres en este planeta- no pudo reencontrarse con sus calles, sus aromas, sus sabores y sus seres queridos. Y hoy, a cinco años de su partida, comprende hasta qué punto su sueño de toda la vida se resignificó y cómo su amor por la Argentina creció de maneras que jamás imaginó posibles cuando Europa era tan solo una fantasía. Aún siente orgullo por su sueño cumplido y no se arrepiente, pero los aprendizajes en el camino cambiaron su perspectiva de las cosas.

“Cuando todo volvió a la normalidad me propuse ir cada seis meses a la Argentina porque la verdad que extraño horrores a mi familia y amigos. Me escapo de los duros inviernos holandeses, nos vamos con mi familia a la playa (algo que hicimos todos los veranos desde que yo era bebé) y se siente como si nunca me hubiera ido y que seguimos haciendo nuestras rutinas de siempre”, se emociona.

“Cada vez que me tengo que despedir de todos me lloro la vida y quisiera que las cosas no tuvieran que ser así. Amaría poder quedarme en el país donde están mis raíces y todos mis afectos, pero lamentablemente la vida en Argentina se vuelve cada vez más complicada y volver a vivir ahí no es una opción. Es doloroso, pero lo tengo que hacer por mi futuro, el cual tiene mucha mejor perspectiva en el extranjero”.

“Admito que el estar lejos hizo que pueda apreciar las tantas cosas buenas que tiene Argentina, la calidez de la gente, la cultura y la comida increíble que tenemos. Antes, el estar inmersa en la inestabilidad cotidiana del país, hacía que viera más las cosas negativas”, continúa.

“Emigrar me enseñó que puedo valerme sola y que, aunque sea muy duro, a veces hay que tomar ciertas decisiones por el bienestar propio. Dejar todo atrás para buscar un mejor futuro para mí es el mayor acto de amor propio que hice. También estoy profundamente agradecida de haber nacido donde nací, porque me hizo quien soy hoy en día. Argentina me dio muchas herramientas para enfrentarme a la vida. Los argentinos estamos acostumbrados a darlo todo y pelearla, porque las cosas ahí no son fáciles para nada. Entonces cuando vivís en un lugar en donde las cosas funcionan, podés usar ese ingenio que nos caracteriza para ser exitosos y destacar ante otros que han vivido en una realidad más sencilla a lo largo de su vida”, concluye.

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Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a [email protected] . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

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