Vestidos con papel de golosinas, esculturas de perfume y carameleras como las que usaban las abuelas

El aroma es intenso. Hay que acercarse a una serie de esculturas hechas con piedras semipreciosas para sentir las fragancias que Amalia Amoedo creó con perfumes sólidos y que presenta en la muestra Estrella quieta en Ungallery, con curaduría de Antonio Villa. Licor de vainilla; higos y caviar; rosa y cassis; cedro y verbena copan parte del gran espacio de esta galería de 350 metros cuadrados que fue un depósito naval. En un potente mix, la exhibición conjuga sonidos, imagen y deliciosos perfumes.

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Amoedo tiene la capacidad de llevar el aroma –etéreo, inasible— a un lenguaje escultural. Creó obras con fragancias y piedras semipreciosas como cuarzo blanco, jade rojo, pirita (cuenta la artista que se la denomina “el oro de los tontos”) y cuarzo rosa, que colecciona desde que tiene 9 años y que siempre le fascinaron.

Para hacer estos perfumes experimentó durante meses con diferentes sustancias y esencias, una tarea que conoce bien ya que en 2010 cofundó Fueguia, un laboratorio de perfumes que ya no le pertenece. “Uní el tema del perfume sólido (se hace con una cera vegetal) con las piedras semipreciosas que coleccionaba de chica: turmalina, cuarzo, amatista, ámbar, jaspe. Y como estaba estudiando los diferentes ruidos de color, me pareció interesante darle a cada obra un tono, con perfume y, además, la piedra ¿Qué más noble que una piedra?”, dice a LA NACION la coleccionista, expresidenta de arteba y artista formada con Nicola Costantino, Miguel Harte, Marcia Schwartz y Jorge Gumier Maier. Además es mecenas, y vocal de la Fundación Policía Federal Argentina que hoy, a las 20, en casa Roldán (Juncal 743) organiza una subasta solidaria de 32 obras (Marta Minujín, Delia Cancela, Alicia Herrro, Cristina Schiavi y Luis Fernando Benedit en compañía de pioneros del siglo XX como Juan del Prete y Yente) a beneficio del Hospital Churruca Visca.

Cada una de las piezas escultóricas lleva una palabra que forma la frase “Mi arte es esperarte” y que alude a momentos vitales, signados por la curiosidad irrefrenable. Es también una frase que pertenece a Cruz del sur (Mansalva, 2017), su libro de poemas. Sutil y lírico es también su “amuleto de protección”, que hizo al intervenir con pequeños trozos de cuarzos 150 clavos que se encontraban en las paredes y que pertenecen a la construcción original de la galería: el resultado es una especie de bóveda estrellada.

En “Desvelo”, entre sillas apiladas, aguarda un vestido de papel de caramelos, inspirado en un diseño que la nieta de Amalita Fortabat vio en un desfile de Dolce & Gabbana. Al observar esta obra no se puede dejar de pensar si como en un hipotético teatro habita un personaje espectral en ese sitio. Hay en esa figura incorpórea, con vestido glamoroso y metalizado como una golosina, algo dramático y lúdico a la vez. “Algo sucede o sucederá: trabajamos con el recurso de la inmedia res, que es cuando ves una obra de teatro donde una acción ya está empezada”, señala Villa.

El vestido es una pieza vinculada formal y conceptualmente con los caramelos que Amoedo pone en el centro de la escena desde hace tiempo. Como con su serie de esculturas de caballitos de calesita, algunos de los cuales están cubiertos con dulces, que comenzó a hacer ya a fines de los años noventa. “Me gusta la simpleza del caramelo y lo que puede producir en el otro y en uno”, dice la artista, creadora de Casa Neptuna, una residencia para artistas latinoamericanos en José Ignacio (Uruguay). Y recuerda que en las fiestas y celebraciones familiares de su infancia se servían caramelos.

“Besos con caramelo” integra sobre un cristal circular ocho carameleras antiguas de las tenían las abuelas y con las que solían agasajar a las visitas: esas reliquias hechas con cristal labrado son como joyitas que condensan recuerdos de la infancia.

Para crear la video performance “Temporada de eclipses”, la artista exploró los sonidos de las distintas vibraciones de color. Bailarines y performers crearon coreografías para cada vibración de color diferente. Tradujeron lo que les generaba cada sonido al lenguaje de la danza. El video se filmó en distintas locaciones: un hangar lleno de aviones, espacios naturales, y en el microcentro porteño. “Me llamó la atención el ruido blanco y comencé a investigar si había otros y qué pasaba con cada uno”, dice Amoedo, cuya obra se exhibió, entre otros sitios, en el Centro Cultural Recoleta, en Proa, en el Palais de Glace, y en John F. Kennedy Center for Performing Arts (Washington). “Si se analizan las gráficas de los sonidos en el ruido blanco todas las vibraciones son parejas. En cambio, el ruido rojo es una curva que asciende, y en el ruido gris los medios son más bajos. Es interesante que son ruidos generados por default por máquinas: como las turbinas del avión y el secador de pelo, que generan esas sensaciones y que tienen una semejanza muy rara con la naturaleza”, señala Villa.

“Lunática” es una pieza sonora para cuatro canales, que incluye grabaciones de sonidos que la artista capturó en su vida cotidiana (cuando enciende un cigarrillo, se baña, desayuna, lee, hace boxeo) y sonidos de diferentes vibraciones de color. “Durante mucho tiempo fui grabando y tratando de encontrar sonidos propios, sin la voz humana. Hay una cantidad de situaciones que si uno está presente en el silencio las escucha de otra manera”, dice Amoedo.

La singular mezcla de sonidos captura. El resultado es sorpresivo: por momentos anclado en el pasado, como el recuerdo de aquella caramelera que las adoradas abuelas siempre llenaban de delicias.

Para agendar

Estrella quieta, en Ungallery. Ministro Brin 1335, La Boca. de jueves a sábados, de 14 a 18, hasta el 22 de septiembre

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