Independiente goleó a Barracas Central y prolongó su gran momento con Carlos Tevez como conductor

Independiente vivió una noche de felicidad. Pese a no hacer un gran partido, goleó por 3-0 a un muy pobre Barracas Central y por fin puede darse el gusto de cambiar su enfoque, decirle adiós al riesgo del descenso y mirar más cerca la posibilidad de meterse en la Copa Sudamericana 2024, mientras se afirma entre los protagonistas de la Zona B de la Copa de la Liga, como líder momentáneo a la espera de lo que suceda el jueves con River.

Rescatar un equipo desde el fondo de un pozo es una tarea plagada de dificultades. Algunas obvias, como dotarlo de un plan de juego y convencer a sus futbolistas de llevarlo a cabo, recuperar la autoconfianza y desde ya, obtener rápido resultados favorables. Desde la llegada de Carlos Tevez, Independiente fue aprobando con buenas calificaciones todas estas asignaturas, aunque todavía le queden un buen puñado por rendir.

Contra Barracas Central, el Rojo tuvo suerte dispar en la mesa de examen. Se lució en la materia más importante, la de sumar los tres puntos; logró darle la vuelta a una que le venía siendo esquiva, como la contundencia, pero falló en una para la cual deberá esmerarse si quiere aspirar a llegar bien lejos en la Copa de la Liga.

El conjunto de Avellaneda, que dio muestras de personalidad para encarar encuentros complicados, se debía una actuación convincente en su estadio frente a rivales que en teoría están por debajo de su nivel. Había fallado contra Instituto, y más allá del resultado final, tampoco pudo redondear un partido del todo bien jugado contra Barracas.

El fastidio del director técnico -que ya había empezado mal el día al caerse en su casa y sufrir una herida en la cabeza que necesitó diez puntos de sutura- era la mejor señal del mal desempeño de los suyos, hasta que a los 26 minutos Federico Mancuello ejecutó un córner desde la izquierda, y Matías Giménez, sin despegar los pies del suelo, aplicó el cabezazo cruzado para poner el 1 a 0.

Impreciso con la pelota y descoordinado en el funcionamiento pese al esfuerzo de Lucas González por juntar pases, Independiente demoró más de media hora en escapar del 5-4-1 que Sergio Rondina plantó en el césped del Bochini. Careció el Rojo en aquella media hora de fluidez en la salida, de desborde por las bandas con un Braian Martínez confuso y un Mauricio Isla sin su energía habitual, y también de calma para manejar la pelota que le regalaba su rival.

La contundencia que lo privó de triunfos merecidos en Rosario o La Paternal salvó esta vez al Rojo. Habían pasado 9 minutos tras el primer gol cuando Saltita González pescó un rechazo de la defensa visitante sobre el vértice derecho del área y soltó un zurdazo violento y sorpresivo que se metió junto al palo izquierdo de Andrés Desábato.

Quiso torcer la historia Rondina en el descanso con un cambio ofensivo, pero nada cambió, ni en el desarrollo ni en la resolución. Apenas mejoró en su juego el local, y el Guapo siguió muy lejos de Rodrigo Rey. Hasta que a los 15, un flipper entre dos hombres de Barracas favoreció a Alexis Canelo, que se fue en soledad, encaró a Desábato y tocó al vacío para que Martínez le diera un pase a la red y bajara el telón del resultado.

El tiempo restante valió para que la gente disfrutara de una noche de fiesta, se entusiasmara para gritar “olé” con algunos toques, y para que el pibe Javier Ruiz (19 años) mostrara su habilidad y su desfachatez. Independiente se graduó en contundencia, sigue debiendo la asignatura de superar con fútbol a rivales inferiores que se le encierran atrás, pero hoy es nada menos que un equipo feliz, todo lo contrario de la imagen que mostraba hace menos de dos meses. Un Rojo que, en vez de mirar hacia abajo, empieza a asomarse por la parte alta.

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