Javier Milei y la Iglesia, una relación que se encamina a una tensión extrema

Con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, la propuesta de suspender relaciones diplomáticas con la Santa Sede, planteadas en un acto de campaña por Alberto Benegas Lynch, una de las principales espadas ideológicas de Javier Milei, y la respuesta enérgica del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, anticipan un escenario de tensión extrema si el resultado del domingo conduce finalmente a un ballottage. Ese clima de enfrentamiento podría sumar señales de hostilidad y difícil convivencia en caso de que el dirigente libertario llegue a la Casa Rosada.

Así lo entienden fuentes eclesiásticas consultadas por LA NACION, incluso voces identificadas con el pensamiento liberal dentro de la Iglesia. La percepción es que debe esperarse una posición más activa de la Iglesia en lo que queda del proceso electoral, si hay segunda vuelta, y durante una eventual gestión presidencial de Milei. Aunque es claro que el candidato libertario reúne votantes católicos en su electorado.

“Hay antecedentes de tensiones entre un gobierno y referentes importantes de la Iglesia, pero siempre en cada ámbito existieron grupos que se esforzaban por evitar enfrentamientos y construir puentes. En este caso, Milei no tiene ningún vínculo con el mundo eclesiástico y no va a intentar salvar las apariencias”, dijo una de las fuentes consultadas, al pronosticar choques en una eventual presidencia de La Libertad Avanza.

“La solución más seria y responsable es tener relaciones de colaboración y sana distancia con la Santa Sede, abandonando el juego de la utilización recíproca que hasta hoy es la regla en la relación de los sucesivos gobiernos con la Iglesia”, apuntó un observador.

La respuesta de García Cuerva

Azorado y sorprendido, según sus palabras, por la desafiante propuesta del economista liberal de romper relaciones con el Vaticano mientras allí “prime el totalitarismo”, monseñor García Cuerva animó a “no dejar el Evangelio en las puertas del cuarto oscuro” y reivindicó la impronta social del pontificado de Francisco. Varias voces del Episcopado remitieron a las expresiones del arzobispo de Buenos Aires para fijar su posición en defensas de Francisco.

Uno de ellos fue el arzobispo de La Plata, monseñor Gabriel Mestre, que el mes pasado reemplazó a Víctor Manuel Fernández, hoy cardenal y colaborador inmediato de Francisco en Roma.

“Las expresiones de Benegas Lynch son lamentables y desacertadas. Reflejan, una vez más, una actitud de intolerancia por parte de este espacio político, que no respeta y no entiende en el marco de la diversidad la realidad de la Iglesia Católica como parte de la historia de la República Argentina, con una identidad clara de trabajo por el bien común en la democracia y un compromiso por los más pobres y postergados, no por una visión ideológica y sesgada, sino desde una perspectiva evangélica”, dijo el arzobispo platense a LA NACION.

El conflicto encuentra a la conducción del Episcopado, encabezada por su presidente, monseñor Oscar Ojeas, en Roma, donde participa del Sínodo de los Obispos. Se estima probable, al respecto, algún pronunciamiento que describa el malestar por las expresiones de Benegas Lynch en el acto de campaña.

En tanto, los curas villeros, que en septiembre oficiaron una misa de desagravio por los agravios de Milei contra Francisco, comenzaron una campaña, a través de la Federación de los Hogares de Cristo, para que en 2024 pueda cristalizarse la postergada visita de Francisco a la Argentina. Una iniciativa que podría pasar a ser un desafío ante un eventual gobierno libertario.

Diferencias doctrinarias

En distintos sectores de la Iglesia reconocen que Benegas Lynch es “un hombre preparado y que sabe mucho de su especialidad”, pero al mismo tiempo consideran que su propuesta extrema de ruptura de relaciones con la Santa Sede “es un disparate”. Y todos coinciden en que es “un exceso injustificable” hablar de “totalitarismo” para definir a Francisco. El economista y académico se define como católico y prácticamente combate al papa argentino desde que asumió en Roma, en marzo de 2013.

El rechazo de Benegas Lynch hacia Francisco se debe tanto a sus ideas económicas, definidas por los liberales como “distribucionistas”, como a sus ideas políticas, catalogadas por ellas como “expresiones populistas”. Es claro, por otra parte, que el liberalismo que encarna el llamado “prócer de Milei” está muy alejado de conceptos claves de la doctrina social de la Iglesia, como la justicia social y el bien común.

A medida que en la Iglesia se consolidó el pensamiento de Francisco, especialmente a partir de sus encíclicas, en las que denuncia los excesos del capitalismo, la Iglesia en la Argentina fue perdiendo vínculos con sectores moderados del liberalismo, lo que dificulta la posibilidad de construir un acercamiento con las ideas liberales.

Algunas voces de la Iglesia atribuyen la tajante definición de Benegas Lynch a la decisión de responder a la entrevista que el papa Francisco concedió hace unos días a la presidenta de la agencia Télam, Bernarda Llorente, en la que el pontífice argentino se explaya contra el populismo y advierte sobre “los payasos del mesianismo”, en clara alusión al candidato presidencial de La Libertad Avanza. Para algunos, eso constituyó una “provocación”:

Con el visible intento de suavizar enfrentamientos, se propagó también la explicación de que la posible ruptura de relaciones diplomáticas con la Santa Sede fue propuesta por Benegas Lynch, pero no fue expresada ni avalada por Milei, ni por su candidata a vicepresidenta, Victoria Villarruel. No obstante, son recurrentes las críticas del candidato libertario al Papa.

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