Los Pumas vs. All Blacks: la transformación que procura Michael Cheika para llevar a la Argentina a otro nivel

PARÍS, Francia.– No era el mejor día para visitar la tumba de Julio Cortázar. Pasó casi un mes del 21 de septiembre, pero al fin llegó el otoño a Francia, después de un verano extendido. Con lluvia y algo de frío, llegó. No había un alma en el cementerio de Montparnasse. Las tumbas, unas 35.000, se amontonan una al lado de la otra y cuesta encontrar la del escritor porteño. La tormenta no ayuda. Google Maps, sí. Al volver tras cumplir la misión, una pareja parece perdida. No hace falta divisar el escudo de Vélez en el jogging del caballero para caer en la cuenta de que son argentinos. Silvia y Héctor también buscan la tumba de Cortázar, y también están en París por la semifinal de los Pumas del viernes.

La invasión argentina se percibe en cada rincón de París, hasta en los lugares más impensados. La fiebre por el seleccionado de rugby se expandió rápida y muchos tomaron la decisión intempestivamente. “Después del partido con Japón dije que si le ganábamos a Gales veníamos a ver la semifinal y la final. Y acá estamos”, cuenta Héctor bajo la lluvia. Aunque parezca una decisión precipitada, tiene un trasfondo de razón. ¿Cuántas veces se va a poder ver a los Pumas en una semifinal de un Mundial, en el Stade de France, ante los All Blacks? Lo que ocurrirá este viernes desde las 21 (16 de la Argentina) no tiene antecedentes y las probabilidades de que se repita son inciertas.

Tan inciertas como las posibilidades de que los Pumas salgan victoriosos. Reconocer el favoritismo del rival, no obstante, no implica resignarse a jugar por el tercer puesto. Al contrario. Admitir las propias limitaciones permitirá potenciar las fortalezas.

“No hay muchas oportunidades en la vida. Jugar una semifinal es para nosotros todavía más inusual, y no queremos tener nada de qué arrepentirnos”, dijo Cheika con su habitual simpatía y su habitual mezcla de castellano, inglés, italiano y francés. “Sabemos que Nueva Zelanda ha sido el equipo número 1 del mundo por muchos años. Sabemos del desafío que tenemos por delante. Estamos contentos de estar acá por más tiempo. Pero no nos conformamos. Cuando tenemos un registro negativo contra otro equipo, depende de nosotros cambiarlo. Tenemos una oportunidad esta semana. Cuando salgamos a la cancha vamos a jugar lo mejor que podamos”.

Pocos conocen tan bien a los All Blacks como Michael Cheika. Como entrenador de Australia, entre fines de 2014 y el Mundial Japón 2019, les ganó en el primer partido en que se enfrentaron, en el Rugby Championship 2015. Unos meses más tarde, caería en el enfrentamiento más importante que tuvo hasta ahora: la final del Mundial de Inglaterra. En total, al frente de los Wallabies los vencería tres veces en 14 cruces. En los Pumas, fue partícipe de las dos victorias en la historia sobre los hombres de negro: en 2020 como asesor de Mario Ledesma, y en 2022 como head coach. En total digirió al equipo de UAR tres veces contra All Blacks, y perdió las otras dos.

¿Se puede tomar esos triunfos como parámetro de lo que ocurrirá el viernes? “No se trata tanto de lo que pasó en 2020 o en 2022, no es cuestión de copiar lo que hicimos entonces”, respondió Cheika. “Se trata de entender lo que hay que hacer en cada situación, y nosotros ya pasamos por eso. Así es como uno crece. Tener la confianza es parte del crecimiento. Todos los sucesos que fuimos teniendo en el camino contribuyeron a que estemos en esta posición. Ellos son amplios favoritos y todos están esperando una final entre Nueva Zelanda y Sudáfrica. Nosotros debemos tener muy claro qué se requiere para ganar. Cuando ellos se nos vengan, cuando la batalla esté en marcha, será el momento de usar esa experiencia. Ya sentimos lo que es estar ahí, ya pasamos por eso. Ahí es donde sirve la experiencia de esas dos victorias”.

Cuando llegó a Francia, Cheika mencionó que uno de los objetivos que traía la delegación al Mundial era inspirar a toda una nación. Lo hecho contra Gales en Marsella salda una parte de esa apuesta. Pero no se acaba todo en eso. “No queremos inspirar para obtener resultados”, aclaró Cheika. “Queremos hacerlo con nuestra ambición, nuestra capacidad de volver de las dificultades, jugando con excelencia cuando podemos. Son muchas cosas. No basta decir las cosas; lo que importa es el comportamiento, las acciones, la capacidad de estar listos, de volver de momentos difíciles. Tenemos que tomar las oportunidades, porque no hay muchas en la vida. Estamos acá para saltar al próximo nivel”.

Cheika llegó a los Pumas con pergaminos de ser un gran motivador. Tuvo que hacer gala de ellos luego de la dura derrota en el debut a manos de Inglaterra. La fórmula: tomar cada partido como a uno eliminatorio. Cuando esa condición efectivamente llegó, ante Japón y Gales, se comprobó que dio resultado. Con el objetivo cumplido, el trabajo mental está puesto en otro lado.

“No hace falta trabajar en la motivación cuando estás jugando la semifinal de un Mundial”. aclaró Cheika. “Tenemos que ser conscientes de cuáles son nuestras chances y fortalecer la confianza. Es algo en lo que estuvimos trabajando duramente. En que los jugadores adquieran una mentalidad ganadora. Es lo que hace falta en un Mundial. No empezamos muy bien con aquel primer partido, pero hicimos un buen trabajo en recuperarnos. Fue un desafío hacerlo en otro idioma, pero me encanta hacerlo y los muchachos ayudan. Es muy gratificante”.

La batalla mental será clave, ya que en cuestiones técnicas los All Blacks tienen ventaja en todos los aspectos del juego. “Están muy fuertes. Estamos siempre mirando a Nueva Zelanda. Juega abierto, con destrezas de alto nivel, pero también es peligroso con un gran scrum, el maul, el line, el line en defensa. Pienso que la obtención de la pelota va a ser el desafío más grande”.

¿Cambia algo si llueve o no? “La lluvia cambia el plan de juego”, reconoció Cheika. “Aunque la base de la disputa, la obtención de la pelota, es la misma. Pienso que tengo mucho poder, pero no tanto como para controlar el clima”.

La lluvia que comenzó el miércoles amenaza con quedarse hasta el sábado. No impide que los argentinos sigan invadiendo París. El viernes, se reunirán todos en el Stade de France, hinchas y jugadores, impulsados por un mismo sueño.

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