Las manos amigas se corrieron y el acceso al blue ya no es tan sencillo

A media mañana, a eso de las 10.30, y ante las recurrentes llamadas o mensajes de WhatsApp, el corredor de cambios prometía “precio”. Es lo que todos los cueveros esperaban y venían aprovechando desde principios de la semana pasada: un valor más barato para comprar dólares en el mercado informal. La brecha del blue: $880 versus los $1050 que costaba en las cuevas en ese momento para el ahorrista de a pie. “Va a haber precio”, seguía prometiendo a las 11.30 el “correta”, como le dicen en la jerga, pero la cifra seguía sin aparecer. Casi al mediodía, cambió el mensaje: “Ahora vamos con uno solo: se sinceró la brecha”. Fin de la ilusión, entonces: sin manos amigas del Gobierno que vendan dólares más accesibles no hay festival.

El mercado informal de cambios está raro. Las tres oficinas que venían ofertando barato terminaron de retirarse en la noche del lunes. La de Retiro, piso 14, que lo hacía a partir de un piso de 50.000 dólares, dejó de vender el viernes. La de 25 de Mayo al 500 trabajó duro miércoles y jueves e hizo después sólo unas pocas operaciones. La de Corrientes al 1400 había seguido trabajando casi todo el lunes, pero también se detuvo. Es la que está más lejos y, por lo tanto, la que requiere mayor dosis de osadía para quienes trasladan los billetes. “Yo la 9 de julio no la cruzo”, admitió un operador. Fuera de los límites del Microcentro el temor es múltiple: desde un asalto hasta una emboscada del propio Gobierno para, como prometió Massa, “meter en cana a esos 4 o 5 vivos que juegan al arbitraje”. La codicia, plantea el dicho financiero, no siempre le gana al miedo.

El trasfondo de todo es una hipocresía descomunal. Mientras la AFIP y la Aduana escrudriñan financieras, se detienen cambistas, se allanan barrios cerrados y se saturan de inspectores las calles, alguien les habilita a algunos privilegiados dólares oficiales con la condición de que los vendan en el mercado informal y, así, baje el precio del blue. Política monetaria made in Argentina. El acceso a esas divisas que, por ejemplo, General Motors no tiene en su planta de Rosario desde hace dos semanas o faltan para insumos cardíacos en todo el país, parte en general de un ilícito que va desde la autorización discrecional a lobbistas a la simulación de una operación de comercio exterior. Exportaciones que se subfacturan o importaciones que se sobrefacturan.

El corredor de cambios resulta un actor decisivo en esta trama. Es, por lo pronto, el intermediario que une las puntas: un cuevero que quiere comprar con uno que pretende vender. De ahí sale el precio. En general son empresas que tienen una decena de empleados. Crecieron con la brecha, comprando al MEP y vendiendo al blue. La semana pasada, dicen en el Microcentro, había 12 firmas corredoras. Uno de ellos, el de mejores contactos, los fue llamando uno a uno para avisarles que se venían operativos y que el Gobierno iría a fondo contra las cuevas. Quedó él solo. Y fue él quien avisó que la brecha se sinceraba.

Es probable que la filtración de algunos datos y la presión cambiaria hayan llevado al Gobierno a multiplicar las inspecciones. Allanaron oficinas, aunque no todas ni las más conocidas; revisaron hasta los garajes de algunos edificios y detuvieron a operadores. Es un mundo chico, pródigo en sorpresas y coincidencias. El domingo, Carlos Pagni ubicó a la casa de cambio Karuna Group SA como una de las más activas de San Martín, sobre Ramón Carillo al 2100.

Según registros públicos a los que accedió LN Data, dos de los tres socios de Karuna Group son Juan Bautista y Carlos Emilio Melzi, padre e hijo, dirigentes del Frente Renovador de La Plata y cercanos a Héctor Rubén Eslaiman, del mismo espacio y vicepresidente de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires. Los Melzi y los Eslaiman conocen bien ambos ámbitos: la política y las finanzas. Natalia Carolina Eslaiman, hija de Héctor, fue contratada de Karuna Group durante 8 meses y desde 2015 es empleada de la Cámara de Diputados bonaerense. Carlos Melzi, además, está casado con Rosana María Laplace, vicepresidenta de la agencia Multicambio SA, ubicada en el barrio de Gran Bourg, Salta.

El otro socio de Karuna Group es Juan Ignacio Agra, militante peronista que fue director de Desarrollo Regional bonaerense durante la administración de Daniel Scioli. Según una investigación del periodista Matías E. Ruiz en El ojo digital, Agra se referencia en el territorio bonaerense como obediente a Máximo Kirchner. Según los mismos registros públicos, compartió a fines de los 80 la dirección postal Coronel Vivot 2725, Ranchos, provincia de Buenos Aires, con Álvaro Agra, uno de los propietarios de las 48 tarjetas de débito que la Justicia le encontró a Julio Chocolate Rigau. Álvaro es también, de acuerdo con esos registros, empleado de Karuna Group en la oficina que esa casa de cambio tiene en Cazón 1519, frente a la Municipalidad de Tigre. Igual que Brenda Giselle Caro, otra integrante de la lista de tarjetas de Chocolate y contratada en la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires.

Juan Bautista Melzi figura además como accionista de otras empresas. Entre ellas, ShipCont Group SRL, especializada en exportaciones e importaciones, que tiene entre sus socios a Franco Ferrari, hasta enero de 2022 empleado en la Cámara de Diputados bonaerense. Sin una salida al exterior no hay acceso al dólar. Vivir con lo nuestro no siempre es aconsejable.

Con la colaboración de Ricardo Brom, de LN Data

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