Dalma Maradona: la foto del millón de dólares, las lágrimas al recordar a su padre, la vecina celestina y una gran revelación final

Ni jugadas majestuosas, ni anécdotas de otro mundo, ni frases geniales, ni definiciones políticas polémicas. La hija de Dios: Dalma Maradona, la serie documental de tres capítulos que estrena este jueves HBO Max, comienza con extractos de filmaciones caseras que muestran a Diego Maradona junto a sus hijas mayores. De esta manera, desde el principio, queda clara la propuesta: brindar un pantallazo del costado más íntimo, más humano del futbolista que hizo vibrar a todo el planeta. “La historia de mi papá se contó un montón de veces, por gente que lo amó y gente que no. Pero la historia de él conmigo, solo la puedo contar yo”, explica la actriz, a modo de presentación.

Luego, sí, comienzan a sucederse recuerdos épicos, algunos contados por la misma Dalma y otros por sus compañeros, amigos, familiares y vecinos de Maradona y así la historia comienza a desandarse, desde su infancia en Villa Fiorito y el comienzo de su romance con Claudia Villafañe hasta su explosión en México 86 y sus momentos más oscuros.

“Uno que juega un poco bien a la pelota”

El primero de los tres capítulos traza un paralelismo lleno de contrastes entre la infancia del futbolista y la de su hija mayor. “Llegué al mundo cuando mi papá estaba en lo más alto de su carrera, después de ganar el Mundial de México 86. Nací unos meses después de toda esa alegría, así que también fui un poco parte de los festejos”, explica Dalma mientras se suceden imágenes de la gente en la calle celebrando el campeonato y algunos tramos de la clásica película Héroes.

El que toma la palabra para ayudar a dimensionar el fenómeno que representaba Maradona en ese tiempo es Jorge Burruchaga. “Tu papá fue, como futbolista, el que nos contagió a todos, el que nos animó, el que nos dio una voz de aliento. Él estaba enfocado en ser lo que fue: el mejor jugador durante el Mundial y en llevarnos a ganar”, rememora el excompañero de la Selección.

Y agrega, emocionado hasta las lágrimas: “Estar ahí, en el balcón de la Casa de Gobierno con la Plaza llena de gente, fue muy fuerte, por todo lo que significa estar ahí, por la historia. ¡Nadie le podía sacar la Copa a Diego! Fue la emoción más grande que tuvimos. Fue la justicia más justa del fútbol argentino porque nos costó, porque nos rompimos el c…, porque merecimos ganar”.

“A mí me pasaba, de chiquita, que no llegaba a dimensionar lo que significaba él para las demás personas porque para mí era mi papá y punto. ‘Uno que juega un poco bien a la pelota’, decía yo. Cuando me fui dando cuenta de que ese ‘poco bien’ era una cosa que salía de lo normal, empecé a ver lo que le sucedía a la gente con él, y muchas veces eran cosas que no tenían que ver con el fútbol”, señala Dalma.

“Ni por un millón de dólares”

“Cuando yo nací, en el 87, él estaba jugando en Nápoles, pero como él quería que naciera en la Argentina, mi mamá viajó especialmente de Italia a Buenos Aires. Estaba previsto que naciera el 12 de abril y nací el 2, por suerte, porque pesé 4,320 kilos… Apenas nací, estaba mi papá del otro lado del teléfono para saber que había salido todo bien”. En ese momento, las imágenes muestran el primer encuentro entre ambos.

En una entrevista de archivo, Maradona le cuenta a Juan Alberto Badía: “Durante la primera semana no la podía agarrar porque me parecía que se podía romper. Y ahora, la cazo del brazo y la levanto. ¡Es hermosa mi hija!”. Luego explica por qué se negó a que los medios publicaran una foto de Dalma, a pesar de haber recibido ofrecimientos de hasta un millón de dólares: “Sé que a Guillermo Coppola le han ofrecido muchísimo dinero, pero yo la plata me la gano jugando al fútbol, no mostrando la cara de mi hija en una fotografía”.

De todos modos, el misterio no duró mucho: “Hubo que tener mucha precaución porque a mi mamá la seguían a todos lados. Y, un día que fuimos a buscar a mi papá al aeropuerto, mi mamá me tenía en brazos boca abajo, y un fotógrafo se tiró al piso y me sacó la foto”, recuerda la actriz de Cebollitas.

Dos mundos

“Mi infancia con la de mi papá tuvo miles de diferencias porque soy muy consciente de que a mí nunca me faltó nada y a él seguramente le faltó de todo. Él me decía que tenía que valorar todo lo que tenía y que los juguetes que no usáramos los teníamos que regalar a los que no tenían. Intentó que tuviera consciencia social, desde que tengo uso de razón”, cuenta Dalma.

Lalo, uno de los hermanos de Diego, es el encargado de dar detalles de la infancia del futbolista en Villa Fiorito. “La casa en la que vivíamos tenía un comedor, con un sillón, la mesa y una cocinita. Teníamos una sola habitación para todos. Él decía que los siete soñábamos lo mismo porque estábamos todos juntos”, recordó mientras recorría junto a su sobrina el predio en el que se encuentra la vieja casa, el barrio y el potrero en el que transcurrieron los primeros años de vida del astro del fútbol.

Luego, Dalma se traslada a la primera casa que su padre pudo comprar gracias al fútbol en el barrio porteño de Villa Devoto. Allí la recibe Esther, la vecina que ofició de “celestina” entre Diego y Claudia Villafañe. La mujer contó cómo fue que lo ayudó a acercarse a la chica que tanto le gustaba y que también era vecina de la misma cuadra. “Cuando le dije que él la quería conocer, ella me dijo: ‘¡Ay, no Esther! Ese chico tiene muchos granitos, no me gusta’. Entonces, él me pidió que le llevara una muñeca y me mandó con una pepona como de dos metros. ¡No podía ni levantarla! Me ayudó mi marido, la dejamos en el pasillo, tocamos el timbre y salimos corriendo”, reveló la vecina. “Hacíamos todo por él porque lo queríamos. Lo quisimos mucho. Él hizo mucho por nosotros también”, agregó.

“Fue insistidor y la conquistó. La familia de Claudia no tenía teléfono, así que cuando él viajaba, la llamaba acá. ¡Ella se preparaba y se producía para hablar con él!”, reveló.

“Que Menem lo mire por televisión”

Después de mostrar imágenes de archivo y también otras inéditas del casamiento entre sus padres, Dalma conversó con una figura clave en la vida de Maradona en aquel tiempo: Guillermo Coppola, quien además de su manager fue su testigo en la boda. “Respiremos profundo… Son lindos recuerdos. Yo conservo esos: los más lindos. El pos civil fue en Las Cuartetas. Teníamos preparada otra cosa, pero él quiso ir ahí. ‘Pizza de parados’, me dijo. Luego, brindó detalles desconocidos del festejo, que comenzó en un avión y explicó por qué el futbolista decidió “desinvitar” al entonces presidente de la Nación, Carlos Menem.

“El Presidente quiere ir a la fiesta. Entonces, yo le había armado una mesa redonda especial para él y su gente sobre una tarima, y la mesa principal estaba sobre otra tarima un poco más alta. Cuando hablo con el área de Protocolo Presidencial, me dicen que no puede estar más abajo que nadie. Entonces, voy y le digo. Y me responde: “¡Qué lo mire por televisión!”.

Luego cuenta otra anécdota que hizo lagrimear a Dalma. “La idea era ir de la iglesia al Sheraton y de ahí al Luna Park, pero Diego le pidió al chofer que tomara avenida Córdoba. Seguimos por ahí un buen tramo y llegamos a una dirección. ‘¿Ves esa puerta? ¡Golpeá y preguntá por Don José!’, me dice. Lo hago y sale un hombre con pantalón piyama celeste, musculosa y pantuflas. Diego baja la ventanilla y le grita: ‘Don José, soy Diego Maradona. Acá está la p… que usted dijo que me llevé a Alemania. Me estoy casando’. Era un ferretero que cuando Jorge Cysterpiller hace un contrato con una marca, le regalan tres pasajes y Diego invita a tu mamá [le dice a Dalma]. Ella le pide permiso a sus padres para ir porque era chica. Entonces, el ferretero cuando se enteró, empezó a comentar: “Mirá, estos la dejan ir… Volvimos al Luna Park y él estaba feliz. Había cumplido con algo que nadie hace. Él sí. Eso habla del amor”.

“Esa fue mi función: sacarlo de las drogas”

El segundo capítulo arranca en Nápoles. Dalma quiere que le cuenten aquello que no recuerda: sus primeros años, la exorbitada pasión que despertaba su padre en aquella ciudad y su relación con las drogas. “Cuando veo cómo llegó a Italia y cómo se fue, quiero romper todo. Me pregunto qué fue lo que pasó. ¡Por qué yo no tenía 15 años para matarlos a los que le hicieron eso!”, explica. “Él siempre supo que su adición le restaba, no lo potenciaba. Cuando él hizo una nota contando sobre su problema con las drogas, no sé cuántos años tenía, pero recuerdo haber estado todo el tiempo al lado de él y de la periodista, Mi mamá me quiso llevar a otro lado y él le respondió: ‘Dejala. Si se lo estoy contando a una revista, cómo no se lo voy a decir a mi hija’. ¡Él estaba pidiendo ayuda! Y por eso desde muy chica tengo la consciencia de que fue muy bueno que haya podido hablar sobre eso porque hay personas que no pueden hacerlo ni con un profesional”, reflexionó la actriz.

Luego, contó su versión sobre un episodio que Maradona solía relatar. “Él estaba en el baño, a punto de drogarse. Yo tenía 3 años, más o menos, y le empecé a golpear la puerta sin parar. Le decía: ¡Salí! ¿Qué estás haciendo? ¡Salí!’. ¿Qué podía entender yo que estaba haciendo? Nada”. Su testimonio se cruza con el del futbolista, que cuenta que en ese momento tiró la droga y abrió la puerta. “Yo sabía que ese era mi rol. Lo tenía clarísimo desde muy chica, aunque no sabía lo que pasaba en ese baño. Sí sabía que una mirada mía le cambiaba la historia. Cuando me preguntan quién soy yo en la vida de mi papá, él lo dijo perfecto: “Dalma me sacó de las drogas’. ¿Qué más puedo decir? Es lo mejor que me pudo pasar en la vida que él diga eso. Si esa era mi función, no necesito más nada”, revela la hija del ídolo.

“Diego fue entregado”

El tercer capítulo cuenta con el testimonio del preparador físico Fernando Signorini y se centra en los esfuerzos de Diego por llegar en condiciones al Mundial de los Estados Unidos. “A 8 días del comienzo, el médico de la Selección me dijo: ‘Tantas pastillas que le das… Yo tengo miedo’. Y yo le respondo: ‘Por qué no le decís a Julio Grondona que baje una orden de FIFA para hacerle un control antidopping a todo el equipo. Tomo dos, tres mates y vuelvo a hablar con él. Le pregunto qué dijo Grondona y me dice que la respuesta fue que no. “¡Podemos tener una bomba atómica debajo de la mesa!”, pensé. Y eso me quedó”.

Después, Signorini reveló cómo se enteró que el doping que se le realizó al jugador luego del partido con Nigeria había dado positivo y relató los dramáticos momentos que le siguieron al anuncio. “Cuando se produce la contraprueba, va Roberto Peidró, el jefe médico de la Selección, y ve que los tubitos decían cuál era la sustancia que tenían que buscar. Él le dice a los tipos que eso violaba el protocolo y que la contraprueba, entonces, no tiene valor. Por lo tanto, Diego debía seguir dentro del Mundial. Pero cuando Peidró sale, se encuentra con Grondona, que le ordena que no hable con nadie sobre lo que había pasado y le dice que él ya lo sacó del Mundial. Cuando terminó el Mundial, Grondona fue nombrado vicepresidente de la FIFA y presidente de la Comisión de Finanzas, que manejaba una bolsa de cientos de millones de dólares sin saber hablar inglés. Diego fue entregado”, recordó el preparador físico.

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