Al fútbol suele ganar el que más ganas pone, y en un derbi descafeinado (el Madrid no se jugaba nada, solo el honor) los rojiblancos fueron mejores. Por fin, el equipo de Simeone pareció un equipo de Simeone. Agresividad, intensidad y presión. Ya era hora. Los de Ancelotti tiraron la primera mitad y en la segunda pusieron algo de ritmo y emoción, pero no fue suficiente. Un solitario gol de Carrasco, el mejor del partido, sirve al menos para consolidar la plaza Champions. 

Los dos equipos llegaron al Wanda en autobuses eléctricos de la EMT, estrategia del Ayuntamiento de Madrid para potenciar el transporte público y vislumbrar que estábamos ante un derbi atípico, por lo que se jugaban unos (todo) y otros (nada). Era lógico, por tanto, que el Atlético de Madrid saliera más enchufado al partido. Más concentrados y más intensos, los rojiblancos se hicieron dueños desde el principio del balón y de las bandas.

Con paciencia, el Atlético fue tejiendo poco a poco el juego. Estuvo bien Koke y muy bien Kondogbia. Aunque el mejor fue Carrasco, el más incisivo y el que más talento tiene. Suyas fueron las mejores jugadas. Lo malo es que a este Atleti le sigue faltando pólvora arriba. El Cholo sorprendió con una delantera inédita, Correa y Cunha. Ambos estuvieron voluntariosos, pero poco resolutivos.

Y el Madrid, mientras tanto, hizo acto de presencia y poco más. También es lógico. Ya tiene la cabeza en la final de Champions de París. Los blancos salieron con una marcha menos y eso se notó. Kroos estuvo fallón y Rodrygo, Jovic y Asensio, indolentes. Muy imprecisos, no llevaron peligro a la meta de Oblak. Así que por inercia llegó el primer gol del Atlético tras un penalti a Cunha que el árbitro tuvo que revisar en el VAR. Penalti que transformó Carrasco ante un debutante Lunin. Un premio que merecía el Atlético.

Los rojiblancos, celebrando el gol de Carrasco
Los rojiblancos, celebrando el gol de Carrasco

Solo el gol del belga despertó un poco a los de Ancelotti. Y es que el campeón es el campeón, aunque saliera con muchos suplentes. Muy cerca del descanso, Kroos largó un zapatazo que anduvo cerca del palo y Jovic se vio en un mano a mano frente a Oblak que falló en el último minuto.

Un segundo tiempo más trepidante

El Madrid mejoró en el segundo tiempo, con más rapidez de balón y un poco más de agresividad. Pero el Atleti no se amilanó. Comenzó entonces un intercambio de golpes con dos ocasiones de Casemiro, dos remates de Griezmann que se fueron por poco, dos muy claras de Carrasco y un disparo a quemarropa de Cunha. 

Ancelotti movió el banquillo y poco a poco fue metiendo a su guardia personal: primero Vinicius y Valverde, después Mendy y Modric. Ahí ya había un partido diferente. Valverde se sacó de la chistera tres disparos tremendos, pero esta vez Oblak estuvo como en sus mejores tiempos, cuando no hace mucho era calificado como el mejor portero de Europa.

El derbi se había puesto por fin algo emocionante. Pero el Atleti supo dejar la portería a cero, algo que este año ya no era costumbre. Del pasillo al Madrid nadie se acordó. Solo la afición rojiblanca, que con mucha sorna colgó una pancarta al principio del partido: «entre la prensa y los de amarillo, 120 años de pasillo».