Tlalpujahua.— María Elena Ruiz Villagrán y su esposo Joaquín Muñoz Orta fueron los primeros en traer a México la esfera artesanal y enseñar su técnica a los habitantes de su tierra natal: Tlalpujahua, en Michoacán.

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María Elena comenzó con el negocio y, junto con su esposo, enseñó el oficio a la comunidad.

En 1960, el matrimonio de michoacanos migrantes regresó a su país con el propósito de emprender un nuevo negocio: la fabricación de árboles de Navidad y esferas a través de una técnica de vidrio soplado.

Desde entonces, han enfrentado y sobrevivido a adversidades, como crisis económicas del país, la competencia desleal del mercado chino y ahora la pandemia por Covid-19. Sin embargo, Tlalpujahua se mantiene como la capital mundial de la esfera de Navidad gracias a sus artesanos.

Esferas contra el Covid

Los colores y diseños de las esferas para la anterior y presente temporada han dado un giro, pues fueron realizados para aminorar las tristezas y el estrés que ha dejado el Covid-19 en casa.

Para José Luis Muñoz Ruiz, hijo de los precursores de la esfera, el tipo de adornos es muy relevante para el ánimo de las familias en esta época.

Cuenta que hasta antes de la pandemia, las personas tenían la opción de salir de casa a celebrar la Navidad, pero por el confinamiento tienen que organizar todo desde dentro del hogar.

“Entonces tienen que vestir su casa muy bien y prepararse para que la convivencia sea la mejor, y el adorno es fundamental. Ahí entra nuestra responsabilidad de ofrecerles el mejor adorno navideño para que la Navidad se pueda disfrutar en su máxima expresión. Es nuestra responsabilidad ofrecer el mejor producto”, dice.

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José Luis Muñoz considera que su oficio es una gran responsabilidad con la gente, pues con sus creaciones, la gente adornará sus hogares. 

Detalla que las formas de la esfera siempre han sido pensando en motivos tradicionales, como la nochebuena, el farol o cosas mexicanas. En cuanto a colores, el rojo y el oro que antes eran 50%, 60%, 70% de la Navidad, ahora son 20% o 30%, pues en los últimos años, asegura, las familias han diversificado su gusto.

Mientras recorre La Casa de Santa, La Villa de Santa y las empedradas calles de ese Pueblo Mágico, José Luis reconoce que la pandemia los ha golpeado, pero se han unido para sobrevivir.

“Hemos hecho algo muy importante, como pueblo nos hemos organizado para darle muy buen servicio a la gente que nos visita”, afirma.

Señala que son cuidadosos con las medidas sanitarias y la mayoría de la gente que ingresa a los negocios lo hace con cubrebocas, guarda sana distancia y se le aplica gel antibacterial.

La historia

A 61 años de que inició en este oficio, María Elena Ruiz se dice satisfecha de que miles de familias en la comunidad vivan de la Navidad y también sean mundialmente reconocidas.

La artesana de 86 años también se dice plena de que el Pueblo Mágico, ubicado en el oriente del estado, se convierta en un poblado donde la Navidad es todo el año.

En su taller, ubicado en La Casa de Santa, Ruiz Villagrán enfatiza que ella, su esposo y después sus hijos fueron los pioneros de las esferas en Tlalpujahua.

Recuerda que en 1960 iniciaron ella y su esposo “con un pequeño tallercito llamado Adornos Navideños”, en el que enseñaron a los demás habitantes.

Doña Elena relata que el oficio lo conoció su esposo Joaquín Muñoz en Estados Unidos y que a su regreso a México mostraron a la gente a soplar el vidrio con el que hacían la esfera.

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“Primero, haciendo esferas de diferentes tamaños, pero con el tiempo fueron cogiendo práctica; fuimos creciendo poco a poco. Nuestros primeros pedidos fueron en la Ciudad de México a un distribuidor muy grande en La Merced”, recuerda.

Doña Elena asegura que el comprador quedó contento con su trabajo y ese primer pedido grande fue de 100 mil pesos.

Después, narra, aumentaron las ventas y decidieron incursionar en Estados Unidos, donde su esposo fue con un agente de ventas que tenían para promover los adornos. Iniciaron en San Antonio, Texas, y después se extendieron hasta Nueva York y gran parte del país vecino.

Indica que crecieron tanto que la fábrica llegó a tener como mil 200 obreros. “Y pues así duramos varios años trabajando, muchísima gente empezó de cero; se enseñaron pronto”.

En la cúspide, las esferas de la familia Muñoz Ruiz adornaron la Capilla Sixtina, el árbol principal de El Vaticano y uno particular de Benedicto XVI, sin olvidar La Casa Blanca en Washington.

“Después vino una época mala: la crisis económica y los chinos. No pudimos con ellos, empezaron a abaratar muchísimo el mercado”, lamenta.

Pese a ello, sostiene, no claudicaron. Ahora, mantienen el mercado nacional y piensan volver a exportar pronto.

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