Arqueólogos de la Universidad Estatal de Oregón (Estados Unidos) han descubierto en Idaho puntas de proyectil que son miles de años más antiguas que las halladas hasta ahora en América, lo que ayuda a completar la historia de cómo los primeros humanos fabricaban y utilizaban armas de piedra, según publican en la revista ‘Science Advances’.

Según la datación por carbono 14, las 13 puntas de proyectil completas y fragmentarias, afiladas como cuchillas y con una longitud que oscila entre medio centímetro y cinco centímetros, datan de hace unos 15.700 años. Es decir, unos 3.000 años más antiguas que las puntas estriadas Clovis halladas en toda Norteamérica, y 2.300 años más antiguas que las puntas encontradas anteriormente en el mismo yacimiento de Cooper’s Ferry, junto al río Salmon, en la actual Idaho.

«Desde un punto de vista científico, estos descubrimientos añaden detalles muy importantes sobre cómo es el registro arqueológico de los primeros pueblos de América –explica Loren Davis, profesor de antropología en la OSU y jefe del grupo que encontró las puntas–. Una cosa es decir: ‘Creemos que hubo gente aquí en América hace 16.000 años’ y otra es probarlo encontrando artefactos bien hechos que dejaron atrás».

Anteriormente, Davis y otros investigadores que trabajaban en el yacimiento de Cooper’s Ferry habían encontrado simples lascas y trozos de hueso que indicaban la presencia humana hace unos 16.000 años, pero el descubrimiento de puntas de proyectil revela nuevos conocimientos sobre el modo en que los primeros americanos expresaban pensamientos complejos a través de la tecnología de aquella época, señala Davis.

El yacimiento del río Salmon donde se hallaron las puntas se encuentra en tierras tradicionales de los nez perce, conocidas por la tribu como el antiguo poblado de Nipéhe. En la actualidad, el terreno es propiedad pública de la Oficina Federal de Administración de Tierras.

Las puntas son reveladoras no sólo por su antigüedad, sino por su similitud con las puntas de proyectil halladas en Hokkaido (Japón), que datan de hace 16.000-20.000 años, según Davis. Su presencia en Idaho añade más detalles a la hipótesis de que existen conexiones genéticas y culturales tempranas entre los pueblos de la Edad de Hielo del noreste de Asia y Norteamérica.

«Los primeros pueblos de Norteamérica poseían conocimientos culturales que utilizaron para sobrevivir y prosperar a lo largo del tiempo. Algunos de estos conocimientos se manifiestan en la forma de fabricar herramientas de piedra, como las puntas de proyectil halladas en el yacimiento de Cooper’s Ferry –explica Davis–. Comparando estas puntas con las de otros yacimientos de la misma edad y más antiguos, podemos deducir la extensión espacial de las redes sociales en las que se compartía este conocimiento tecnológico entre los pueblos».

Estas esbeltas puntas de proyectil se caracterizan por tener dos extremos distintos, uno afilado y otro con tallo, así como una forma biselada simétrica si se miran de frente. Probablemente estaban unidas a dardos, más que a flechas o lanzas, y a pesar de su pequeño tamaño, eran armas mortíferas, apunta Davis.

«Se supone que las primeras puntas de proyectil tenían que ser grandes para matar a los animales de caza mayor; sin embargo, las puntas de proyectil más pequeñas montadas en dardos penetraban profundamente y causaban enormes daños internos –comenta–. Se puede cazar cualquier animal que conozcamos con armas como éstas».

Estos descubrimientos se suman a la imagen emergente de la vida humana temprana en el noroeste del Pacífico, destaca Davis. «Encontrar un yacimiento donde la gente hacía fosas y almacenaba puntas de proyectil completas y rotas hace casi 16.000 años nos da valiosos detalles sobre la vida de los primeros habitantes de nuestra región», añade.

Los pozos recién descubiertos forman parte del registro más amplio de Cooper’s Ferry, donde Davis y sus colegas ya habían encontrado un pozo de fuego de 14.200 años de antigüedad y una zona de procesamiento de alimentos con restos de un caballo extinguido. En total, encontraron y cartografiaron más de 65.000 objetos, registrando su ubicación al milímetro para documentarlos con precisión.

Las puntas de proyectil fueron descubiertas durante varios veranos entre 2012 y 2017. Davis lleva estudiando el yacimiento de Cooper’s Ferry desde la década de 1990, cuando era arqueólogo de la BLM. En la actualidad, colabora con la Oficina Federal de Administración de Tierras para que estudiantes universitarios y de posgrado de la OSU trabajen en el yacimiento durante el verano. El equipo también colabora estrechamente con la tribu Nez Perce para ofrecer oportunidades de trabajo de campo a los jóvenes de la tribu y comunicar todos los hallazgos.

Europa Press

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