El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, prevé hacer una demostración de fuerza este miércoles, con manifestaciones de sus seguidores y desfiles militares durante los festejos por el bicentenario de la Independencia, bajo un clima de tensión a menos de un mes de las elecciones.

El año pasado, el día de la Independencia estuvo marcado por manifestaciones proBolsonaro, con consignas golpistas y con el ultraderechista jurando que «solo Dios» podía sacarlo del poder.

Las encuestas lo muestran sin embargo detrás del expresidente de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva en la votación del 2 de octubre, la más polarizada en la historia reciente de Brasil.

«El 7 de septiembre inevitablemente tendrá una gran connotación política, porque estamos en la recta final de la campaña», dijo a la AFP Paulo Baia, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Federal de Río de Janeiro.

La jornada «puede verse empañada por episodios de violencia, porque esta campaña ha sido muy tensa desde el principio», añade, especialmente con los cuestionamientos de Bolsonaro a la fiabilidad del voto electrónico vigente en Brasil.

– Seguridad excepcional –

El desfile militar oficial, que había sido cancelado en 2020 y 2021 debido a la pandemia, tendrá lugar a partir de las 9H00 locales (12H00 GMT) en Brasilia en la Explanada de los Ministerios, bajo un esquema de seguridad excepcional que contempla la prohibición de tránsito de vehículos desde la noche del lunes.

En la vasta Explanada, las autoridades esperan ver a decenas de miles de espectadores. Una manifestación a favor de Bolsonaro comenzará en Brasilia a las 13H00 (16H00 GMT) y culminará en el mismo lugar. Está previsto que el presidente se dirija a sus seguidores.

Por la tarde, todos los focos estarán puestos en Río de Janeiro y su playa de Copacabana, uno de los puntos turísticos más emblemáticos de Brasil.

Tradicionalmente, el desfile militar en Río tiene lugar a unos 15 km, en la avenida Presidente Vargas, en el centro de la ciudad.

Pero el jefe de Estado insistió en que este año los soldados marcharan en el lugar donde suelen tener lugar las manifestaciones bolsonaristas.

La decisión tomó por sorpresa al ayuntamiento, preocupado por cuestiones logísticas y de seguridad: la Avenida Atlántica, que sigue la costa hasta Copacabana, es mucho más estrecha que la del centro.

Finalmente se llegó a un acuerdo: no habrá blindados cerca de la playa, sino buques de guerra en el océano y aviones militares en el cielo, así como demostraciones de paracaidistas.

– Discurso más moderado –

Bolsonaro tiene previsto saludar a una multitud de motociclistas que programaron una procesión a Copacabana, y luego arengará a los manifestantes en una gran plataforma alquilada por pastores aliados de poderosas iglesias evangélicas.

Los magnates de la agroindustria también han contribuido financieramente con la organización de actos en el país, según la prensa local.

Se llevó a cabo una intensa campaña en las redes sociales para reunir al mayor número de manifestantes posible y los ‘youtubers’ bolsonaristas lanzaron llamamientos a donaciones en línea.

Bolsonaro espera «una gran demostración de fuerza para retener a sus votantes, pero también para seducir a otros que están más en el centro», dijo Paulo Baia.

Para no espantar a electores moderados, el jefe de Estado pidió a sus más entusiastas seguidores que eviten las pancartas y consignas que exigen una intervención militar para cerrar el Supremo Tribunal Federal (STF), que abrió varias investigaciones contra Bolsonaro, especialmente por difundir informaciones falsas.

Bolsonaro ha moderado un poco su discurso en las últimas semanas, aunque el sábado llamó «marginal» al juez del STF Alexandre de Moraes, uno de sus blancos favoritos.

Este implacable magistrado, quien también es presidente del Tribunal Superior Electoral, ordenó hace dos semanas allanamientos a empresarios que mencionaron un posible golpe de Estado si el ultraderechista no es reelegido.

Según la última encuesta del instituto Datafolha, publicada la semana pasada, Lula mantiene una cómoda ventaja, con un 45% de intención de voto, frente al 32% de Bolsonaro, aunque la brecha se redujo en las últimas semanas.

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