PARÍS.- En su primer discurso por televisión como nuevo rey de Inglaterra, Carlos III prometió este viernes servir durante toda su vida “a su pueblo con total abnegación”. Minutos antes, quiso entrar en contacto con sus súbditos frente a las rejas del Palacio de Buckingham, una forma de decir, que pretende estar cerca de su pueblo.

“Me dirijo a ustedes con un sentimiento de profunda tristeza. Durante toda su vida Su Majestad, mi madre querida, fue una inspiración y un ejemplo, tanto para mí como para toda mi familia. Y tenemos con ella una inmensa deuda. Como toda familia tiene con su madre”, dijo el rey frente a la cámara, sentado en el mismo escritorio que solía utilizar Isabel II, donde tronaba un retrato de una soberana sonriente.

El primer discurso del rey a sus súbditos comenzó, en efecto, por un homenaje a su madre. Y exactamente como ella lo había hecho en 1947, el rey Carlos III prometió servir su pueblo con total abnegación.

“Era más que una promesa, un compromiso profundo que la acompañó durante toda su vida. Durante esa vida de servicio, tenía un gran amor por la tradición. Pero también adoraba el progreso. Y es eso lo que hace grandes a las naciones. Mi madre combinaba todas esas cualidades con su calidez y su humor, su capacidad de ver lo mejor en cada individuo”, dijo.

Y prosiguió: “Esa promesa de mi madre de servir durante toda su vida, yo la renuevo ante ustedes. Cualquier sea vuestro origen o vuestras creencias, los serviré con respeto, dedicación y amor, como lo hice durante toda mi vida”, afirmó.

El rey Carlos III
El rey Carlos IIIElisabetta Piqué – Enviada Especial / LA NACIÓN

Nuevo jefe de la Iglesia de Inglaterra, el monarca también evocó la importancia de “su fe” y la unidad de su familia. Aludiendo a los cambios que su llegada al trono significarán para su familia, Carlos III evocó “un momento de evolución” para todos ellos, confirmando el estatus de sucesor a la corona de Guillermo, su primogénito, nuevo príncipe de Gales, y enviando un mensaje de “amor” a sus dos hijos: a Guillermo así como a Harry, que vive en Estados Unidos con su esposa Meghan.

En su condición de esposa del futuro rey, la esposa de Guillermo, Kate, será a partir de ahora la nueva princesa de Gales, un título vacante desde la muerte de Diana, en 1997.

Antes de su discurso, Carlos III mantuvo su primera audiencia con Liz Truss, flamante primera ministra, en cuyas manos reside en parte el éxito de los primeros meses de reinado del nuevo monarca.

En un país agitado por una profunda crisis social y económica, las posiciones muy a la derecha de la nueva premier podrían afectar la opinión que los británicos se harán del nuevo rey.

Pocas horas antes, el soberano había llegado a Londres desde Balmoral en compañía de su esposa, Camilla, la reina consorte.

En el aeropuerto lo esperaba la limusina real, el mítico Rolls-Royce color bordó, en cuyo techo, flameaba el estandarte de los monarcas británicos indicando su presencia. El cortejo atravesó lentamente la capital hasta el palacio de Buckingham, donde -en un gesto inhabitual- el rey decidió acercarse a los miles de súbditos que lo esperaban.

El inesperado beso que recibió el rey Carlos III de una mujer que rompió el protocolo
El inesperado beso que recibió el rey Carlos III de una mujer que rompió el protocolo

Carlos III recibió condolencias, estrechó manos, incluso aceptó un beso en la mejilla, un gesto al que su madre jamás consintió. El mensaje fue claro: consciente del peso gigantesco de su Isabel II en la imaginación colectiva, él hará todo lo posible para estar cerca de su pueblo, a la altura de la reina desaparecida.

Mientras entraba al palacio junto a su esposa, algunas voces se levantaron aquí y allá, por primera vez, para pronunciar el casi sagrado ¡God save the King! (¡Dios proteja al rey!), para acompañar los primeros pasos de un rey que accede al trono.

Poco antes de su llegada, los londinenses se habían inmovilizado con el tronar de los cañonazos: 96 disparos de cañón para honrar los 96 años de un destino fuera de común, el de su madre. Momento de recogimiento colectivo en torno de aquella que vio crecer a toda una nación, a todos los hijos de ese reino cada vez más aquejado por la desunión. Este viernes, sin embargo, todos los caminos parecían llevar a Buckingham. Y a medida que pasaban las horas, cada vez más gente se reunía en torno al histórico edificio cuya bandera real, signo de la presencia del rey y la continuidad de la monarquía, flameaba al tope, contrariamente a todos los estandartes del país, colocados a media asta en señal de duelo. Entre lágrimas púdicas, numerosas plegarias y mensajes de adiós, ingleses, escoceses, galeses e irlandeses presentes eran conscientes de estar viviendo el primer día del resto de sus vidas sin Isabel II.

A mediodía, las campanas habían tañido en todo el país. Sobre todo la del castillo de Windsor, donde la soberana se había retirado después de la muerte de su esposo Felipe de Edimburgo. En Londres, la abadía de Westminster y la catedral de San Pablo resonaron al unísono.

En la capital, algo golpeada, la cara sonriente de Isabel II seguirá protegiendo desde los carteles a sus sujetos durante algunos días más. Pero para los británicos -monarquistas o no-, y para sus admiradores en el resto del mundo, Isabel II seguirá siendo, para siempre, aquella para la cual no había necesidad de pronunciar el nombre. Porque The Queen era solo una.

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