El nuevo rey Carlos III, desde siempre uno de los miembros menos apreciados de la familia real británica, vio su popularidad subir como la espuma tras su proclamación, pero su reputación de intempestivo y anticuado siguen amenazando una imagen aún por afianzar.

«Soy una gran fan de Carlos, adoraba a la reina pero Carlos va a ser un rey increíble», decía a la AFP con una gran sonrisa Jacqui Smith.

«Llevo mucho tiempo esperándolo. Amo a la reina pero soy una verdadera fan de Carlos», agregaba esta música inglesa junto a la larga cola para visitar la capilla ardiente de la monarca, fallecida el 8 de septiembre a los 96 años.

Isabel II fue hasta el final el miembro más popular de la realeza británica, seguida de cerca por su nieto Guillermo y la esposa de este, Catalina.

Pero Carlos, de 73 años, llegaba casi el último. Hace unos meses, poco más del 30% de encuestados consideraba que sería un buen rey.

Sin embargo, con la muerte de su «amada mamá» pareció tomar estatura de jefe de Estado, además de mostrarse como un hijo afectuoso, en su primer discurso como nuevo monarca.

Miles de personas lo recibieron con gritos de «¡Dios salve al rey!», y algún beso o abrazo contra todo protocolo, cuando el pasado viernes llegó al Palacio de Buckingham como soberano.

«Ha empezado muy bien», dijo a la AFP el experto en realeza Richard Fitzwilliams. «Esperemos a ver qué pasa», alentó.

Un sondeo de YouGov publicado el martes mostró que 60% de británicos cree ahora que hará bien su trabajo.

Nada más llegar al trono, Carlos III emprendió una gira por las tres naciones que junto a Inglaterra forman el Reino Unido: Escocia, Irlanda del Norte y Gales.

Sin embargo, en Belfast, considerada la etapa más delicada, dio su primer traspié: una cámara lo captó maldiciendo muy enojado porque una pluma que perdía tinta le había manchado la mano.

Se inflamaron las redes sociales, criticando su «insolencia» e «impertinencia».

Este carácter intempestivo, sumado a una falta de carisma y un aspecto anticuado, no impulsa su imagen entre la población más joven, pese a compartir con ellos una pasión de larga data por la ecología.

– Príncipe activista –

Como príncipe, siempre tuvo reputación de ser políticamente entrometido.

Hace un año, a pocos días del inicio de la cumbre climática COP26 en Glasgow, Carlos dijo «comprender» la frustración de jóvenes activistas como la sueca Greta Thunberg, que acusó a los políticos de permanecer impasibles.

Y en 2016, el año en que el Reino Unido votó en referéndum a favor del Brexit y Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos, denunció el auge de los populismos.

Dos años antes había comparado a Vladimir Putin con Adolf Hitler, provocando que Rusia pidiese explicaciones al gobierno británico. Y su apoyo al dalái lama también molestó a las autoridades de Pekín.

Su «activismo» dio lugar a titulares como «La reina teme que el país no esté preparado para aceptar a Carlos y su activismo» (The Times).

Sin embargo, en una entrevista en la BBC con motivo de su 70º cumpleaños, Carlos dejó claro en 2018 que «no es lo mismo ser príncipe de Gales que ser soberano».

«Y la idea de que pueda seguir actuando de la misma forma, si debo suceder [a la reina], es completamente absurda», afirmó, asegurando: «No soy tan estúpido».

– De Diana a Camila –

Nacido el 14 de noviembre de 1948 en el Palacio de Buckingham, en Londres, Carlos Felipe Arturo Jorge Windsor es el primero de los cuatro hijos de la reina Isabel II y Felipe.

Era un niño tímido y sensible cuando en 1958 fue nombrado príncipe de Gales con nueve años. Después, sería enviado a estudiar a Gordonstoun, un austero internado en Escocia al que había asistido su padre y que en lugar de forjarle un carácter rudo fue para él «infierno absoluto».

En 1970, se convirtió en el primer heredero de la corona británica con un diploma, de la universidad de Cambridge, donde estudió arqueología y antropología.

Entre 1971 y 1976 sirvió en la Marina británica. Para su desconcierto, mientras estaba de misión en el Caribe, el amor de su vida, Camilla Shand, se casó con Andrew Parker Bowles.

Con las 7.500 libras que le pagaron cuando dejó el ejército, creó The Prince’s Trust, una organización caritativa que en 2016 afirmó haber ayudado a más de 825.000 jóvenes en dificultades durante 40 años.

Presionado para que se casara, en febrero de 1981 pidió en matrimonio a Diana Spencer, que entonces tenía 19 años, pocos meses después de iniciar su relación.

La boda se celebró en julio en la catedral Saint Paul de Londres y fue un gran festejo nacional. Tuvieron dos hijos: Guillermo en 1982 y Enrique en 1984.

La pareja se separó en 1992 y se divorció en 1996, cuando el príncipe heredero ya tenía una aventura con Camilla Parker Bowles, divorciada en 1995.

Tras la muerte de Diana en un accidente de tráfico en París en 1997, Carlos necesitó una campaña de relaciones públicas para pasar página de su impopularidad.

En 2005 se casó con Camila, extrovertida y risueña, que acabó ganándose las simpatías de la mayoría de británicos.

Carlos «recorrió un largo camino para reconquistar al público», recordó su biógrafa Penny Junor. «Desde que se casó con Camila es mucho más feliz», dijo a la AFP.

Acc/es

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