Nunca pases por la cocina de tu restaurante preferido. Sabio consejo. “Si la gente supiera cómo se hace la política económica, se suicidaría en masa”, dije alguna vez, exagerando… algo. Al respecto, recomiendo la lectura de Diario de una temporada en el quinto piso, escrito por Juan Carlos Torre, y La sección económica, 1939-1961, valioso testimonio referido a Inglaterra, proporcionado por Alexander Kirkland Cairncross y Nita Watts. ¿Qué cabe esperar, al respecto, a partir del 10 de diciembre de 2023?

Sobre el tema conversé con el checoeslovaco Ota Sik (1919 – 2004), de quien Hermann Tertsch dijo que “tenía todas las probabilidades de no pasar de la cuarentena, dada la osadía que desplegaba con la proclamación de sus ideas de hombre libre. Reconforta que haya muerto viejo y con el reconocimiento a su audacia”.

–¿No estará exagerando Tertsch?

–Durante la ocupación nazi participé en la resistencia, fui detenido y enviado al campo de concentración de Mauthausen hasta que terminó la Segunda Guerra Mundial. Y la represión rusa al intento de liberalización política y económica, llevado a cabo en mi país durante 1968, accidentalmente me encontró en Yugoeslavia, posibilitando exiliarme en Suiza.

–¿Por qué era usted un candidato a pasarla mal en ese año?

–Porque en 1965 me incorporé a la Comisión de Planificación y Control. Considerado como padre de las reformas económicas checas, en 1968 fui viceprimer ministro y ministro de Economía en el gobierno presidido por Alexandr Dubcek, cuyo pacífico experimento de “socialismo con rostro humano” fue aplastado cuando los tanques rusos entraron en Checoeslovaquia.

–Dada su experiencia práctica, hablemos de la “cocina” de las políticas económicas.

–Focalicemos la conversación en el desafío que se le presentará a las autoridades que tengan la “mala suerte” de ganar las próximas elecciones, y deban hacerse cargo de lo que encuentren, a partir del 10 de diciembre de 2023.

–¿Por qué es importante esta aclaración?

–Porque en política económica, como en un hospital, está la lógica de las distintas especialidades, y también la lógica de la guardia. Los equipos técnicos que hoy colaboran con los diferentes candidatos cuentan con un tiempo del que carecieron Federico Pinedo en 1962, o Celestino Rodrigo en 1975.

–Adelante.

–A partir de objetivos generales compartidos por todo el mundo, que, en términos de prioridades, deberán ser ajustados a último momento, la política económica se elabora “de abajo para arriba”. Hay que transformar propuestas como “reforma impositiva”, “reforma laboral”, etcétera, en proyectos de ley, decretos o resoluciones. Esta es una labor silenciosa, minuciosa, etcétera, pero fundamental, que requiere la colaboración de diferentes especialistas.

–Supongamos que cada cuestión llena una caja con los antecedentes, al tope de la cual aparece el correspondiente proyecto de legislación. ¿Cuál es el próximo paso?

–La congruencia, lo cual implica plantear los conflictos que pueden aparecer entre las diferentes medidas de política económica. Ejercicio delicado, que combina cuestiones técnicas, no siempre fáciles de dilucidar, con cuestiones políticas. Porque el primer “cliente” de una política económica es la autoridad política bajo la cual se implementará y gestionará la política económica.

–Usted afirma que la verificación de la congruencia de la política económica es una tarea técnicamente difícil. Máxime cuando la política económica se lleva a cabo con cuentagotas.

–Buen punto. En su país, en esta materia, hubo fechas claves: 28 de diciembre de 1958, 13 de agosto de 1967, 14 de junio de 1985, lanzamiento de programas económicos por parte de Arturo Frondizi, de Adalbert Krieger Vasena y de Juan Vital Sourrouille, respectivamente. La imagen, algo exagerada, es que en esas fechas se lanzaron dichos programas y eso fue todo. En realidad hubo que hacer retoques, complementos, etcétera. Pero estoy de acuerdo con usted en que últimamente la política económica se toquetea con demasiada frecuencia.

–Dirigentes de la oposición afirman que cuatro fundaciones están pensando, por separado, qué debería hacerse a partir del 10 de diciembre de 2023. ¿No deberían ya mismo juntar sus esfuerzos?

–No es grave si no ocurre. Lo importante es que estén trabajando seriamente, desde el punto de vista profesional. Porque quien finalmente se haga cargo de la gestión económica en el próximo gobierno, si es un economista, rápidamente podrá incorporar iniciativas elaboradas por otros. Le digo más: el desafío que deberán enfrentar las próximas autoridades implica que deberán contar con el auxilio profesional de todos.

–¿Le parece que el dirigente político que triunfe en los comicios aceptará las propuestas realizadas por el think tank que trabajó para otro candidato?

–Quienes no tienen experiencia piensan que las medidas surgen de la ideología del presidente y su equipo económico, y no de las circunstancias que encontrará cuando, luego de los saludos protocolares, cada uno de los funcionarios se siente en su despacho y, en la soledad más absoluta, repase el temario de cuestiones que tendrá que enfrentar de inmediato.

–Por ejemplo, la tasa de inflación…

–Efectivamente. Es evidente que el arranque de la futura política económica no puede ser independiente de si la tasa de inflación de noviembre próximo será 4% mensual, o 40% mensual. A propósito: ningún gobierno le hace el trabajo sucio a su sucesor, ¿por qué el actual gobierno argentino sería una excepción?

–¿Está usted diciendo que la elaboración de la política económica no se puede concretar hasta último momento?

–No tanto. Piense en la factura de un diario: la tapa de un matutino se “piensa” a media tarde y se termina de definir cerca de la hora de cierre, pero muchas secciones se pueden ir elaborando con anticipación.

–Usted dijo que el primer “cliente” de una política económica es el presidente de la Nación.

–Claro, porque es el responsable último de los resultados de su gestión. Rara vez es un economista; algunos llevan los principios económicos en la sangre, a otros la realidad les produce urticaria. El ministro de Economía debe ser claro cuando habla con su presidente, sabiendo que, como dice Henry Kissinger, la persona a la cual sirve es, simultáneamente, su jefe, su amigo y su alumno. El presidente hace preguntas muy concretas, particularmente referidas al tiempo en el cual se verán los resultados, preguntas que el ministro difícilmente pueda responder con la precisión que demanda la política.

–Don Ota, muchas gracias.

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