“Mi primer día de stripper no fue muy diferente al primero de escuela. En ambas ocasiones pretendí ser más valiente de lo que en realidad era”. La escritora Romina Pistolas, chilena radicada en Australia, narra los distintos ritos de la iniciación en Carmen, su primer libro, recién publicado acá (“o cómo me inicié en el negocio de bailar sin ropa”, dice el subtítulo y sobran las explicaciones).

Ella tuvo dos bautismos: como Romina en Puerto Varas, en 1987, y como Carmen en Adelaide, 25 años después, cuando su iniciadora en el negocio del desnudismo le dijo que necesitaba un nombre latino para tener éxito en el viejo oficio del striptease.

“Este libro fue un desnudo completo, muy sinvergüenza, una novela en la que quedé expuesta”, me dice Pistolas durante una entrevista: además del enorme repertorio de anécdotas sobre el trabajo en un club nocturno, Carmen expone la neurosis de su narradora, una mujer que tiene ataques de ansiedad desde chica o, como prefiere decir, que sufre de los nervios (porque lo que más hace es sufrir).

“Hablar es la única manera de sobreponerse al trastorno de ansiedad generalizada y en este libro cuento el proceso de cómo salir del clóset, con mi familia acerca de mi trabajo y sobre mi condición mental”, cuenta. Alerta spoiler: sus padres le dieron un gran apoyo (“maravilloso, sorprendente y mágico”) al momento de confesarles su oficio como toplera y también después, con el libro ya publicado, que en la Argentina marca el debut de la interesantísima editorial chilena Cuneta.

“Este libro fue un desnudo completo, muy sinvergüenza, una novela en la que quedé expuesta”, dice Pistolas
“Este libro fue un desnudo completo, muy sinvergüenza, una novela en la que quedé expuesta”, dice PistolasInstagram

Es que Carmen expone los dilemas personales de las trabajadoras de clubes nocturnos y discute los debates colectivos de una época en que aún el hombre tiene incontables ventajas sobre la mujer: “¿Qué se cree? ¿Cómo va a estar cobrando, como dijo Despentes, por algo que debería dar gratis? ¿Qué viene después, pagarles por la labor del hogar?”. Epítome de la autoficción, Carmen es un artefacto metaliterario: si el género exige el despojo absoluto, Pistolas se desnuda completamente.

Como en su primer día de clases, la noche del debut quiso llorar y volverse a su casa. Pero se quedó, cumplió con los pasos del baile del caño y al quedar desnuda sintió una extrañísima comodidad, parecida a la que destilan estas páginas confesionales. ¿Ficción o realidad? A quién le importa: el libro está plagado de verdad. Y si es cierto que la autoficción es lo opuesto a la autobiografía, porque supone un pacto de mentira con el lector, Pistolas asume: “Después de mi capacidad de mentir a la cara, mis tetas son mi mayor orgullo”.

Carmen, de Romina Pistolas
Carmen, de Romina PistolasInstagram

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