29/12/2022 a las 10:11 CET

La consejera Lydia Espina deja el asunto en manos de la Inspección Educativa y recalca su defensa del «respeto máximo» a cualquier alumno

La presunta agresión, con matices sexuales, en un instituto de las Cuencas (Asturias) a un alumno con un trastorno del espectro autista es para la Consejería de Educación un asunto que deben gestionar los servicios de Inspección del Principado. Pero la madre de la víctima considera que el Principado debió haber prestado más atención a su hijo y a las señales de alerta que advertían de que algo así podría ocurrir. En una carta enviada a La Nueva España, del grupo Prensa Ibérica, la madre del menor expuso el caso y lamentó que la Consejería negase en su día al alumno el derecho a un Auxiliar Técnico Educativo. «Lloro pero no por lo que sufrió mi hijo; lloro porque tenéis las manos vacías y sois cómplices de estas atrocidades», escribió Txaru Prendes, madre del meno agredido, en una carta dirigida a la consejera de Educación del Principado, Lydia Espina.

La propia Espina, por su parte, fue muy cauta respecto al tema. «Es un tema del servicio de inspección educativa. Si fuera un aspecto penal, lleva una parte que tiene que ser estudiada por los estamentos que ellos consideren», explicó. «De estos casos, normalmente, no puedo opinar porque es la inspección educativa y los organismos competentes los que tienen que hablar de ellos«, aclaró. La consejera, no obstante, recordó que los servicios educativos del Principado siempre defienden «el respeto máximo» de cualquier alumno. «Todo lo que tenga que ser estudiado se analizará por parte de la inspección», zanjó.

Pero a la blimeína Txaru Prendes, a veces, se le atascan las palabras. Hace tiempo que se expresa en dibujos para acercarse más al mundo de su hijo, diagnosticado de Trastorno del Espectro Autista (TEA) en 2017. Hace unas semanas, el chico –de 12 años– volvió del instituto de Blimea con una noticia terrible: afirmó que dos jóvenes, de 15 y 16 años, le habían atacado en el baño. Según el relato de la víctima, le introdujeron un chicle por vía anal. «Se trata de una agresión que podría ser tildada de sexual. El objetivo era vejarlo y abochornarlo con crueldad», apunta la madre. El caso fue denunciado ante la Policía Nacional está a la espera de juicio.

Una broma perversa

El mundo de la víctima, por su diagnóstico, es distinto al de sus compañeros. Según Txaru Prendes, «él no comprendió bien lo ocurrido inicialmente. Como veía a los agresores reírse, pensaba que era una broma». Poco a poco, han podido explicarlo lo ocurrido. «Está mucho más alterado que de costumbre y no quiere hablar de lo ocurrido», destacó la madre. Y añadió: «Nos gustaría, además de lo que dictamine la justicia, que los dos estudiantes reciban un castigo ejemplar en el centro».

Los hechos tuvieron lugar en el Instituto de Educación Secundaria (IES) de Blimea. Concretamente, en uno de los aseos durante un cambio de hora. «Él siempre tiene que ir al baño durante el descanso, porque le ponen nervioso los cambios», señaló Prendes. Los presuntos agresores, detalló, «no eran cualquiera. Eran conocidos, sabedores de su condición (del diagnóstico del chico); mi hijo sufrió agresión, vejación, discafobia, vulneración del derecho a recibir buen trato como el resto de los compañeros, humillación y delito sexual».

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El joven está estos días relativamente tranquilo, en plenas vacaciones navideñas. «Nos tememos que le cueste mucho volver a clase tras este descanso, ahora que comprende lo que ha ocurrido», sentenció Txaru Prendes. Sus compañeros de clase, de primer curso de la ESO, le esperan con los brazos abiertos: «Siempre le han arropado», sostiene la madre, que espera un castigo ejemplar.

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