En un contexto energético crítico a nivel mundial, el retorno a una arquitectura sostenible se vuelve la opción más lógica. Hablamos del ‘retorno’ ya que esta fue históricamente la manera en la que se diseñaban y construían las viviendas en el pasado: aprovechando las virtudes del clima local y utilizando los materiales y tecnologías disponibles en zona. Por este motivo, podemos afirmar que la arquitectura sostenible no es un tema necesariamente nuevo, sino que históricamente fue la norma hasta que algunas tecnologías, como el aire acondicionado, empezaron a permitir ‘ignorar’ el clima local y con ellas se perdió mucho la sensibilidad entre arquitectura y clima.

Es importante entender que construir bien y de manera sostenible no es más costoso. La importancia que tiene el diseño en la ecuación de la eficiencia energética es enorme. Incorporar estos conceptos desde la concepción de un edificio, casa, escuela, es imprescindible y son procesos que no se pueden disociar. De un profundo entendimiento del clima local donde se emplaza la edificación surgen las estrategias de diseño necesarias para lograr un diseño lógico, acorde a cada lugar. Esto se va a traducir en diseño: elementos de protección solar en las orientaciones necesarias, que el tamaño y posición de las ventanas se adecuado -siendo éstas un elemento clave para la construcción sustentable ya que es por donde se gana o se pierde el calor- o que los muros, techo y piso estén aislados acorde. Todo esto va a hacer que al momento de diseñar los sistemas de climatización, se parte de una base optimizada, haciendo que la calefacción o ventilación mecánica a agregar sea la mínima necesaria.

El diseño del proceso de construcción es igual de importante para que toda la sustentabilidad acompañe toda la cadena de una obra. Los sistemas constructivos en seco, como el steel-framing o la construcción en madera, son sistemas que acompañan muy bien estas ideas dado que aportan a la eficiencia desde varios lados: son extremadamente precisos por lo que la obra prácticamente no tiene desperdicios. Por esta precisión, reducen muchísimo el transporte de materiales hacia la obra, teniendo un efecto positivo también en el impacto sobre el terreno que se daña mucho menos; producen edificios más livianos, teniendo un menor impacto en el suelo. Son sistemas cuyas piezas tienen una alta reciclabilidad, siendo el acero uno de los materiales más reciclados a nivel mundial o la madera siendo biodegradable; también algunos permiten directamente el desmonte y la reutilización de las mismas, como las estructuras de acero. Además, son sistemas en los que el uso del agua es prácticamente nulo. Afortunadamente, desde el 2018 son considerados a nivel nacional como ‘construcción tradicional’, lo que hizo que la construcción en seco haya crecido enormemente y siga en alza ya que ya no se requiere un certificado diferenciado para utilizar estos sistemas constructivos.

Los sistemas constructivos en seco son extremadamente precisos por lo que la obra prácticamente no tiene desperdicios
Los sistemas constructivos en seco son extremadamente precisos por lo que la obra prácticamente no tiene desperdiciosShutterstock

También hay un gran espacio para el desarrollo de una economía circular potente en la construcción como sucede en otras industrias. Con la utilización de sistemas constructivos que permiten la reciclabilidad o reutilización y el desarrollo e implementación a gran escala de materiales de bajo impacto se abre un abanico de posibilidades para elevar la vara y mejorar el impacto que tiene la construcción en el ambiente y también en la sociedad. Cuando hablamos de sostenibilidad, es importante también tomar conciencia del impacto en la sociedad que tiene lo que construimos. Hay una oportunidad para mejorar toda la cadena de valor apoyando a proveedores con mayor conciencia ambiental y a comunidades locales.

El hábitat construido es responsable del 40% de los gases de efecto invernadero. Esto se reparte entre el proceso de construcción de un edificio, como en el uso de los mismos. Nuestro trabajo como profesionales de la construcción pero, fundamentalmente, como afortunados usuarios de espacios de trabajo, viviendas y demás espacios donde transcurre la vida cotidiana, se tiene que centrar entonces en hacer que esto deje de ser la excepción para que pase a ser la norma y que un edificio que gaste lo mínimo posible de energía sea una condición sine qua non para definir buena arquitectura. La verdadera innovación está en hacer y vivir arquitectura que sea inteligente, responsable y consciente de los impactos que produce. A esto llamamos arquitectura lógica. Vamos en camino.

La autora es arquitecta y especialista en Arquitectura Sustentable.

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