14 de octubre de 202203:00

PARA LA NACION

El imponente castillo construido en la barranca de Gaspar Campos y Agustín Álvarez, en pleno corazón de Vicente López, fue una casa de familia antes de convertirse en una escuela. Allí vivieron Michael Ham y su esposa Ana María Lynch, quienes donaron la propiedad a las Hermanas Pasionistas, que la transformaron en una institución educativa religiosa. Concebida para mujeres y de carácter bilingüe, funciona desde 1926, con enseñanza primaria y secundaria. A partir del año que viene se inaugurará el nivel inicial mixto, cambiando así una tradición de casi cien años.

El lugar tiene una larga historia que se remonta a mediados del siglo XVI, cuando Don Juan de Garay hizo la repartición de tierras. Ese predio fue primero de Antón Higueras de Santana, un capitán español que participó de la segunda fundación de Buenos Aires, y luego pasó a manos del escocés Patricio Mac Lean, en 1848. Más tarde, Jorge Saavedra firmó una escritura por esa fracción en la que está construido el castillo y, según se sabe, fue también quien encargó la obra al arquitecto belga Albert Edmund Bourdon. Originalmente fue la residencia del embajador de Bélgica, hasta que en 1920 lo compró Michael Ham, de origen irlandés, como regalo para su esposa, Ana María Lynch.

Esta puerta original del colegio Michael Ham con vitraux de Antoni Estruch es la entrada a la biblioteca. El detalle del empapelado con ribetes dorados combina perfectamente con los pisos de madera.
Esta puerta original del colegio Michael Ham con vitraux de Antoni Estruch es la entrada a la biblioteca. El detalle del empapelado con ribetes dorados combina perfectamente con los pisos de madera. DENISE GIOVANELI
El diseño de la mansión tiene la firma del arquitecto belga Albert Edmund Bourdon y fue originalmente la residencia del embajador de Bélgica, hasta que en 1920 lo compró Michael Ham, de origen irlandés.
El diseño de la mansión tiene la firma del arquitecto belga Albert Edmund Bourdon y fue originalmente la residencia del embajador de Bélgica, hasta que en 1920 lo compró Michael Ham, de origen irlandés.DENISE GIOVANELI

Por ese entonces, las Hermanas Pasionistas o como las llamaban en ese momento, las Hermanas de la Santa Cruz y Pasión del Señor Jesucristo, llegaron desde Inglaterra vía Chile, donde ya tenían una comunidad. Venían a Buenos Aires con la idea de encontrar una casa para abrir un colegio católico para mujeres de habla inglesa. Michael Ham tenía relación de larga data con los Padres Pasionistas que asistían a la comunidad irlandesa local, y fueron ellos quienes lo pusieron en contacto con las Hermanas. Ham las hospedó durante algunas semanas, mientras ellas buscaban un lugar adecuado para hacer escuela de señoritas, pero no lo encontraron y se volvieron a Chile, un tanto decepcionadas.

Poco tiempo después, Ham y su esposa, que no pudieron tener descendencia, resolvieron donarle su casa a estas Hermanas Pasionistas. Fue en 1923, unos meses antes de la muerte de Ham, que ya estaba muy enfermo. Ana Lynch se mudó, y en 1926 el colegio abrió sus puertas con el nombre de Michael Ham Memorial College, con la Madre Scholastica como Superiora, y la Madre Aquinus como asistente; ambas descansan en un pequeño cementerio ubicado en un rincón de la propiedad, junto a otras siete Hermanas.

Lucía Monsegur, directora ejecutiva de la Fundación Colegio Michael Ham. “La exclusividad para mujeres es un mito", asegura. El 2023 será la primera camada mixta de esta sede.
Lucía Monsegur, directora ejecutiva de la Fundación Colegio Michael Ham. “La exclusividad para mujeres es un mito», asegura. El 2023 será la primera camada mixta de esta sede. DENISE GIOVANELI

Aunque era un colegio para mujeres, en el primer año tuvieron 44 alumnos, entre los cuales había 4 varones. “Creemos que eran hermanos de algunas de las alumnas que quedaban pupilas y las Hermanas, que les solucionaban las vidas a las familias, aceptaron a los varones que más adelante se fueron a otro colegio”, arriesga Lucía Monsegur, directora ejecutiva de la Fundación Colegio Michael Ham. “La exclusividad para mujeres es un mito. La donación fue con el cargo de contar un colegio inglés para niñas; pero en ningún lado se menciona exclusividad de género ni imposibilidad de incorporar niños”.

La escalinata de mármol desciende desde la biblioteca al jardín.
La escalinata de mármol desciende desde la biblioteca al jardín. DENISE GIOVANELI
En una de las salas hay un mural que recuerda toda la historia del colegio, con fotos de las Hermanas que lo fundaron y algunos de los grupos de alumnas egresadas desde 1926.
En una de las salas hay un mural que recuerda toda la historia del colegio, con fotos de las Hermanas que lo fundaron y algunos de los grupos de alumnas egresadas desde 1926. DENISE GIOVANELI

La casona familiar, entonces, se adaptó a la nueva escuela y las habitaciones se convirtieron en aulas, y los salones en biblioteca y comedores. Unos años después se anexaron aulas y el castillo se transformó en el convento al que solamente accedían las Hermanas y para el resto era un lugar vedado y por eso muy atractivo.

La propiedad conserva el mismo glamour de un castillo europeo de la época. Tiene vitraux de Antoni Estruch, el mejor artista de Buenos Aires en ese momento, mármol de Carrara, puertas de madera con detalles de flores y querubines, otras son de hierro y algunas también con vidrio repartido. La cúpula es decorativa, y no se puede acceder. Cada rincón es una reliquia y esconde una pequeña historia. El enorme jardín parece estar muy bien planificado con araucarias, palmeras, tipas, tilos y nogales, además de diversas clases de flores.

"Como Hogwarts, pero con el cerebro de Matrix": así definió un padre del colegio la particular síntesis de tradición e innovación de la institución.
«Como Hogwarts, pero con el cerebro de Matrix»: así definió un padre del colegio la particular síntesis de tradición e innovación de la institución.DENISE GIOVANELI

Ana María Lynch, que se había mudado a una estancia en Junín, se casó en segundas nupcias con Francis Tooley. Ella falleció en 1943, y dos años después, Tooley también donó la capilla del predio, que se llama Santa Ana en honor a su esposa, y que se había inaugurado en 1942. En la capilla hay una gruta de Lourdes realizada con mármol traído especialmente de la estancia de Junín. La iglesia es parte de la escuela y no está abierta a la comunidad, pero desde hace unos años se permiten casamientos y comuniones de alumnas y ex alumnas.

El interior de la capilla Santa Ana que fue donada por el segundo marido de Ana María Lynch, Francis Tooley, en 1945. No está abierta a la comunidad pero se hacen comuniones y casamientos para las alumnas y ex alumnas de la escuela.
El interior de la capilla Santa Ana que fue donada por el segundo marido de Ana María Lynch, Francis Tooley, en 1945. No está abierta a la comunidad pero se hacen comuniones y casamientos para las alumnas y ex alumnas de la escuela. DENISE GIOVANELI

A principios de 1950 se construyó una tira de aulas que está sobre la calle Lavalle y que diseñó el arquitecto italiano Francesco Salamone, con un estilo clásico. La edificación está protegida por gruesas rejas con terminaciones curvas y en punta, que le otorgan un aspecto particular.

Hace poco nos llamaron de Italia porque le estaban haciendo un homenaje a Salamone y nos pidieron fotos de esa parte del colegio, que es muy diferente, parecida a las construcciones de Antoni Gaudí. Parece de una película de terror”, bromea Monsegur. Y agrega: “en pandemia, Francisco Escurra hizo las últimas restauraciones. Hay una pequeña ventanita que sale del techo y tiene una inscripción que dice ‘por acá vimos pasar el Graf Zeppelin, el 30 de junio 1935′. Y recuerdo que Francisco se asomaba por ahí y no lo podía creer”, sonríe.

La capilla se anexó al chateaux original.
La capilla se anexó al chateaux original.DENISE GIOVANELI

“En el colegio la modernidad y la innovación contrastan con la tradición. Una vez el padre de una alumna dijo que ‘es como Hogwarts pero con el cerebro de Matrix’, y me pareció una buena síntesis”, relata la directora.

A principios de 1930, un grupo de alumnas del Michael Ham tomaba clases de teatro en el castillo. El arte sigue siendo uno de los pilares de la escuela.
A principios de 1930, un grupo de alumnas del Michael Ham tomaba clases de teatro en el castillo. El arte sigue siendo uno de los pilares de la escuela. Denise Giovaneli

Sol Borchardt egresó en 1996 y todavía sigue viendo a sus 31 compañeras. “Si sos ex alumna tenés una relación muy fuerte con tus compañeras porque es un colegio que cultiva mucho el sentido de pertenencia a través de algo que ellos llaman spirit, el espíritu de comunidad. Las Hermanas todavía estaban cuando ingresamos y después se fueron, algunas a misionar, y otras volvieron a su país. Y aunque ya no están, quedó el espíritu Pasionista. Fue muy fuerte ir a un colegio con una parroquia y un convento. Era un lugar de misterio, inaccesible para nosotras, por lo tanto, nuestro objetivo era entrar. Alguna vez lo logramos, a escondidas”, ríe, zambullida en los recuerdos.

“Cuando las Hermanas se fueron, el convento empezó a usarse para clases de catequesis o de música. Es hermosísimo, te sentís en París. El colegio es un tesoro, está sobre las barrancas, con una arboleda preciosa. Educarme ahí fue un privilegio. Todas las mañanas entraba a la parroquia porque había una paz increíble, y si discutía con una amiga iba ahí a llorar, y si me peleaba con algún novio iba a escribir una carta y la dejaba escondida en algún en la gruta de Lourdes. Era el refugio”.

Sobre un terreno de 10.239 metros cuadrados, el predio de la institución ocupa dos manzanas residenciales, delimitadas por las calles Lavalle, Gaspar Campos, Agustín Alvarez y Segurola.
Sobre un terreno de 10.239 metros cuadrados, el predio de la institución ocupa dos manzanas residenciales, delimitadas por las calles Lavalle, Gaspar Campos, Agustín Alvarez y Segurola.DENISE GIOVANELI

Candi Martin es egresada 2004 y guarda muy buenos recuerdos. “Cuando yo entré ya no estaban las Hermanas, pero las conocíamos porque a veces iba alguna. En cambio mi mamá, que es egresada ‘72, las tuvo como profesoras. Tuve una experiencia súper positiva del colegio. Hoy me doy cuenta que ediliciamente era impresionante, y con ese espacio verde. El convento era un lugar inaccesible, aunque se daban algunas clases de música, pero no podías pulular por esa parte del colegio. Era un lujo, y lo re valoro hoy porque en ese momento no nos dábamos cuenta. Tiene muchos recovecos, como el campanario de la capilla, los subsuelos. Tenía mucho misterio y una mística linda. Era un placer ir a la escuela, salir del aula y estar en la naturaleza, con esa arboleda maravillosa”.

Foto histórica de las alumnas con sus túnicas azules en los jardines de la mansión de Vicente López.
Foto histórica de las alumnas con sus túnicas azules en los jardines de la mansión de Vicente López.Denise Giovaneli

Según relata Valeria Palacio, ex alumna emparentada con Ana Lynch, “debido a que por ese entonces muchas familias vivían en el campo, el internado era mixto, y sólo se podía salir los domingos. Debían llevar el pelo corto, y dormían en camas blancas dentro de pequeñas habitaciones del último piso, llamado Top Floor. Las noches de tormenta teníamos miedo. A veces escuchábamos ruidos de puertas que golpeaban y chirridos provocados el viento. Durante la época en la cual vivieron los Ham, esas habitaciones estaban destinadas al personal de servicio, con 16 empleados y dos choferes. Vicente López era puro campo, había bueyes, se araba, y los fines de semana se llenaba de parientes que visitaban la quinta en carruajes. El matrimonio dormía por separado en el segundo piso, y contaban con un mayordomo, cuyo rol en el manejo de la casa era fundamental”, asegura.

Un detalle de las paredes del convento en el que vivieron las Hermanas y que actualmente alberga la biblioteca, las oficinas y donde también se dictan algunas clases, como la de música.
Un detalle de las paredes del convento en el que vivieron las Hermanas y que actualmente alberga la biblioteca, las oficinas y donde también se dictan algunas clases, como la de música. DENISE GIOVANELI

El Michael Ham ya no es un colegio de congregación porque en el año 1993, después del Consiglio Vaticano II, las Hermanas hicieron una relectura de sus orígenes y decidieron crear jurídicamente la Fundación Colegio Michael Ham. Ellas se retiraron, algunas volvieron a su lugar de origen y otras fueron a misionar a diferentes partes del mundo y lo dejaron en manos de laicos. “Es una fundación sin fines de lucro, liderada por un comité directivo en el que hay una Hermana que vela por el carisma, porque seguimos siendo un colegio pasionista”, dice Monsegur.

El enorme jardín incluye araucarias, palmeras, tipas, tilos y nogales, además de diversas clases de flores.
El enorme jardín incluye araucarias, palmeras, tipas, tilos y nogales, además de diversas clases de flores.DENISE GIOVANELI

En el 2000, Eduardo Constantini donó tierras en Nordelta y seis años después el Michael Ham abrió una segunda sede que, a diferencia de la de Vicente López, es mixta. Sin embargo, en 2023 y luego de un pedido de unión familiar para poder mandar a todos sus hijos a la misma escuela (la de Vicente López), y de un exhaustivo estudio de mercado “salió muy fuerte la necesidad de tener un colegio co-educativo, bilingüe y católico. El año que viene, entonces, incorporamos nivel inicial con varones en salas de 3, 4 y 5 años”, cuenta Monsegur, entusiasmada.

En el año 2014, la Dirección Nacional de Patrimonio y Museos de la Secretaría de Cultura de la Nación seleccionó al colegio para que formara parte de un programa de investigación y relevamiento del Patrimonio Arquitectónico Argentino en torno a los períodos 1810-2010.

La majestuosa cúpula de pizarra negra contrasta con el cielo azul.
La majestuosa cúpula de pizarra negra contrasta con el cielo azul.DENISE GIOVANELI

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