18/11/2022 Act. a las 19:58 CET

El presidente de EEUU, que cumple 80 años este domingo, se inclina a buscar la reelección en 2024, especialmente tras la candidatura de Trump | Aunque expertos en envejecimiento advierten contra el edadismo, los sondeos confirman amplios reparos entre los demócratas

No se espera una gran fiesta para Joe Biden este domingo. No suele celebrar los cumpleaños a lo grande el presidente de Estados Unidos, pero menos probable aún es que quiera subrayar la señalada onomástica de este fin de semana: 80 años.

La edad del demócrata se ha convertido en un tema indiscutible de conversación y debate político, social y mediático a la hora de plantear si debe o no buscar la reelección en 2024, igual que el intenso escrutinio de su estado físico y mental. Esa es una realidad que irrita personalmente a Biden, que al llegar a la Casa Blanca con 77 años ya se convirtió en el mandatario estadounidense de más edad en la historia del país. Y el dilema para Biden está ahí, por más que el presidente y su equipo trabajen para tratar de acallar las dudas y críticas que se plantean y tengan en marcha ya una estrategia decidida para las próximas presidenciales, y también pese a que expertos en envejecimiento adviertan contra el edadismo.

Anuncio en 2023

Biden ha dicho una y otra vez que su «intención» es presentarse en 2024. Tendría entonces 81 años y, de ganar, 82 en la toma de posesión y 86 al acabar el mandato. La semana pasada en una rueda de prensa tras las elecciones de mitad de mandato, no obstante, reconfirmó también que va a aprovechar las vacaciones de Acción de Gracias y Navidad para consultar con la «familia», donde la influencia fundamental es su esposa, Jill Biden. Y dijo que anunciará su decisión a principios del año que viene, un anuncio que podría llegar en el discurso sobre el Estado de la Unión, probablemente en febrero.

El mandatario, que también está lastrado por bajos índices de popularidad, está más convencido que nunca de que debe seguir después de los resultados mejor de lo esperado para los demócratas en las ‘midterms’. Cree que lo que mejor habla sobre su capacidad es una mirada a la agenda legislativa que ha conseguido sacar adelante en sus dos primeros años, incluso cuando ya en la campaña de 2019 la cuestión de su edad jugó un papel en la conversación pública. Y su convicción ha aumentado una vez que Donald Trump, al que batió en 2020, confirmó esta semana que volverá a intentar ser el candidato republicano. La argumentación de Biden es que es el único que fue capaz de derrotar a Trump y que es también el mejor equipado para volver a hacerlo.

Los sondeos

El problema para Biden es que las dudas sobre si debe son reales. Se han alzado voces dentro del propio partido demócrata, como las de los congresistas Elissa Slotkin, Tim Ryan, Dean Phillips y Angie Craig, que piden «sangre nueva» y un «cambio generacional», algo que esta misma semana era argumento para la poderosa Nancy Pelosi para anunciar que no buscará, a los 82 años, renovar su papel de líder demócrata en la Cámara Baja. El grupo progresista RootsAction.org ha lanzado la campaña «No te presentes, Joe». Y el relevo generacional en la candidatura presidencial es algo a lo que también urgen muchos votantes, sobre todo jóvenes e independientes, pero no solo, como muestran infinidad de encuestas.

El 67% de los sondeados por CNN a pie de urna en los comicios de este mes dijeron que no quieren a Biden como candidato en 2024, un porcentaje que incluía un buen número de demócratas. En otra encuesta de Reuters reciente, aunque un 76% decían verlo capaz y mentalmente agudo, un 46% de demócratas y un 68% del total expresaban dudas sobre su candidatura en dos años.

En otro sondeo de ‘The Washington Post’, el 56% de quienes se inclinan demócrata preferirían que el aspirante presidencial del partido sea «alguien que no sea Biden«. En uno realizado en julio por ‘The New York Times’ eran dos tercios de los demócratas los que querían otro candidato, expresando la edad de Biden como principal preocupación. Y en otro más de AP solo el 30% lo querían en sus papeletas de 2024.

«Totalmente legítimo»

En una entrevista en octubre, el propio Biden reconoció que es «totalmente legítimo» que los votantes consideren su edad pero quiso también enmarcar las condiciones de esas consideraciones. «La mejor forma de hacer ese juicio es mirarme», aseguró. «¿Estoy yendo más lento? Estoy yendo al mismo ritmo?».

El presidente sufrió dos aneurismas cerebrales en 1988 y tuvo que ser operado por problemas arteriales, toma anticoagulantes y medicamentos para el colesterol y alergias, y sufre de un reflujo que intensifica sus toses y carraspeos. También realiza ejercicio diario y cuida su peso. Y aunque en su equipo reconocen que se cansa con más facilidad y cuando eso sucede es más tendente a que empeore el tartamudeo y a meteduras de pata (que han sido frecuentes en toda su vida política y pública), su foco está puesto en presentar logros legislativos.

Hay también un claro esfuerzo por presentarlo como vigoroso, activo y capaz, subrayando especialmente su intensa agenda de actos o viajes. Solo en una semana de campaña en las ‘midterms’, por ejemplo, Biden visitó 13 ciudades, ofreció cinco grandes discursos y participó en ocho mítines. Y después viajó a Egipto, Camboya e Indonesia, una gira en la que participó en las cumbres del clima y del G-20 y mantuvo una reunión de más de tres horas con Xi Jinping.

Aliados como el senador Chris Murphy animan al equipo de Biden a que haga públicos vídeos que lo muestren en reuniones a las que habitualmente no tienen acceso las cámaras, donde dicen que es más evidente su lucidez y energía. Y Murphy es consciente de que es especialmente necesario, dado que los republicanos especialmente han hecho de la salud física y mental de Biden un tema que «no tiene base real pero puede darles ventajas políticas».

Deslices y ataques

A lo que se refiere Murphy es a la atención a episodios donde Biden ha dado tumbos, físicos, mentales o verbales: tropezándose en las escaleras del ‘Air Force One’, rompiéndose el pie jugando con uno de sus perros, cayéndose de la bici, pareciendo dormir en actos públicos o cometiendo errores sonados, como cuando dijo «dos palabras: hecho en América» o, especialmente, cuando en septiembre en una cumbre contra el hambre llamó en público buscando entre la audiencia a una congresista que había fallecido el mes anterior en un accidente de tráfico.

Y son deslices que ganan atención generalizada, pero que están siendo explotados ferozmente por los republicanos. El senador Ted Cruz escribió en Twitter: «Dos palabras: demencia». Y su colega en el Senado Roger Marshall, que es médico, ha dicho que «todos estamos preocupados por la salud mental del presidente Biden», hablando sin pruebas de un «deterioro».

Varios expertos en envejecimiento han denostado públicamente los ataques a Biden por su edad. Jeffrey Sonenfeld, profesor en la Escuela de Gestión de Yale, autor de un libro sobre consejeros delegados tras la jubilación y antiguo miembro del Consejo Nacional sobre Envejecimiento, llamaba en un artículo en ‘Politico’ a no encajonar en un grupo demográfico preestablecido por edad a Biden ni a Trump, que si logra la nominación y la presidencia lo haría con 78 años. «Hay que juzgarlos por sus capacidades individuales«, defendía el experto, que ponía como ejemplo casos como los de logros conseguidos por Benjamin Franklin, Charles De Gaulle y Konrad Adenauer como, respectivamente, septuagenario, octogenario y nonagenario. «La juventud no es garantía de brillantez ni la edad asegura sabiduría, pero tampoco, no obstante, garantiza la demencia», recordaba.

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Stuart Jay Olshansky, un experto en envejecimiento en la Universidad de Illinois en Chicago, también recordaba en unas declaraciones a Reuters que «la edad siempre se ha usado como un arma y la gente del partido opuesto siempre trata de señalar que hay algo mal con el individuo». «Los que estudiamos la edad como profesión decimos: dejen de usar la edad como un arma», añadía.

Si no es Biden… ¿Quién? Dudas sobre las alternativas de los demócratas para 2024

Un problema añadido ante el dilema de Biden, y para los demócratas, es también que si él no se presenta no hay grandes alternativas asentadas. Muchos le responsabilizan de haberse hecho, de forma consciente o inconsciente, supuesta figura indispensable en el liderazgo y de no haber preparado el trasvase del testigo, especialmente cuando en la anterior campaña presidencial se presentó a menudo como un «candidato de transición«. Y ninguno de los nombres que se barajan como potenciales aspirantes a la presidencia está a día de hoy rodeado por el entusiasmo.

La heredera natural parecería la vicepresidenta, Kamala Harris, pero incluso dentro del aparato demócrata hay dudas sobre que pudiera imponerse en una contienda nacional. Podría volver a dar el salto a la lucha por la presidencia Pete Buttitieg, que se retiró para dejar paso a Biden en las primarias de 2020 y ha sido su secretario de Transporte. En todas las quinielas de potenciales candidatos aparecen también el gobernador de California, Gavin Newsom, y la de Michigan, Gretchen Whitmer. Y el equipo de Bernie Sanders ha vuelto su mirada al congresista progresista californiano Ro Khana, aunque este ha sido una de las voces que más ha cuestionado públicamente que se dude de Biden solo por su edad.

Todos representarían el relevo generacional, con edades que van de los 40 años de Buttitieg a los 58 de Harris.

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