12/01/2023 a las 08:43 CET

Algunos territorios reconocen su malestar por una estrategia que rompe la suya porque solo gobernarán con el apoyo, aunque sea externo, de Vox y sin ser primera fuerza

La reclamación de dejar gobernar a la lista más votada después de unas elecciones forma parte del ADN de Alberto Núñez Feijóo. Lo defendió como presidente de la Xunta para las generales, pero también para autonomías y municipios de toda España, enfrentándose incluso a la dirección nacional de su partido. La convicción que rodea esa propuesta es que garantizaría una nula influencia de formaciones como Podemos y Vox. Pero la insistencia mostrada por el ahora líder nacional no es una estrategia compartida en todos los territorios que gobierna el PP y genera, como mínimo, tensiones cada vez que sale a colación.

Feijóo relanzó la idea este martes dirigiéndose a Pedro Sánchez para pedirle que se comprometiera a apoyarle si gana las próximas elecciones, y asegurando que él haría lo mismo si el socialista reeditara su victoria. La cuestión es que distintos líderes territoriales a nivel autonómico y municipal del PP encendieron las alarmas tras las palabras de su jefe de filas. 

Algunos reconocieron que es un discurso que “les hace polvo”, conscientes de que en sus territorios será muy difícil quedar en primera posición, pero que con el apoyo de Vox podrían alcanzar la suma para gobernar. En algunos de ellos las encuestas apuntan casi a un empate técnico, dejando a los populares a las puertas. Es el caso de Castilla La-Mancha, pero también podría serlo en Extremadura y en varias capitales de provincia

En Génova confirman que el discurso de Feijóo no se circunscribe a las elecciones generales y que el líder nacional defiende el mismo pacto para las autonómicas y municipales de mayo, aunque al tiempo reconocen que ven “imposible” que Sánchez pueda aceptar algo así, porque en muchos de los territorios en los que aspira gobernar necesitará sí o sí a sus socios por la izquierda (Podemos o sus distintas marcas) y, en algunos casos, a nacionalistas o independentistas como en municipios catalanes o en Navarra o Euskadi.

Los pactos con Vox son un asunto que siempre ha inquietado a aquellos líderes populares, que tienen claro desde hace tiempo que necesitarán pactar para hacerse con el poder. Y sintieron cierto alivio cuando este lunes el propio Feijóo aseguró en una entrevista en el arranque del año electoral tras las navidades que, aunque su objetivo es evitar a toda costa coaliciones con Vox, sí abre la puerta a “pactos de legislatura” en el caso de que su formación se quede muy cerca de la mayoría absoluta y solo necesite apoyo externo para legislar sin compartir gobiernos.

Es decir, lo que ocurrió en muchos territorios en 2019 o en este momento pasa con Isabel Díaz Ayuso, que salió investida con la necesaria abstención de Vox.  

Volver a la propuesta de la lista más votada, que también lanzó Mariano Rajoy (siempre después de su mayoría absoluta y cuando sabía que necesitaría el apoyo de otros partidos) echa por tierra la estrategia de algunos dirigentes. En Génova son conscientes de que se puede producir ese malestar, pero aseguran que mantendrán la postura intacta. Recuerdan también que el objetivo de todos sus candidatos tiene que ser quedar en primera posición y solo después analizar los pactos necesarios. 

También hay territorios que ponen en valor el crecimiento que pueden experimentar en el mes de mayo incluso sin quedar en primera posición, sobre todo en aquellos feudos socialistas más consolidados. El caso de Castilla La-Mancha es claro porque si el PP consiguiera gobernar, incluso de la mano de Vox, sería un golpe tremendo para el PSOE.

Tensión con Vox

En la otra cara de la moneda se encuentran las autonomías a las que les tensiona la idea de ampliar pactos con Vox. Galicia es un ejemplo claro teniendo en cuenta que la formación de Santiago Abascal no existe en su comunidad, y el PP gallego no esconde que si se producen más alianzas como las de Castilla y León su posición será tomar distancia. En Andalucía, a pesar del discurso moderado de Juanma Moreno, la situación es distinta. Antes de su mayoría absoluta, el presidente andaluz gobernó en coalición con Ciudadanos y con el apoyo externo de Vox. Igual que ocurre en Murcia o en Madrid.

Ayuso, sin complejos

En todo caso, Isabel Díaz Ayuso es la voz más discrepante dentro de su partido con los que criminalizan los pactos con el partido de Abascal. La líder madrileña entiende que la meta siempre es la mayoría absoluta pero, de no llegar, nunca ha criticado contar con Vox en contraposición con los pactos de Pedro Sánchez y los independentistas. Es también la voz más crítica con el discurso de moderación que Feijóo persigue y que ha evidenciado con los recientes fichajes de Borja Sémper e Íñigo de la Serna. 

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Hasta el punto de que en una intervención en ‘Trece TV’ el martes por la noche dijo con total claridad que la moderación no puede ser una pose y que, en todo caso, ella nunca será partidaria de discursos tibios: “¿Qué es la moderación? Si es querer entenderse con el que piensa distinto o entender que el fin no justifica los medios, a mí me representa totalmente. Eso es el liberalismo puro a la española. Pero hay que dar todas las batallas, yo no dejo una sin dar. Arrinconando a la mayoría en manos de minorías, que cuando se empequeñecen se embrutecen… Aquí o hablas claro y pones las cosas en orden, o te comen. A mí o a cualquiera”.

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