07/01/2023 a las 11:13 CET

La incomodidad inicial de la republicana por asumir el cargo de la presidencia en funciones se ha ido disipando a medida que la excepcionalidad se ha convertido en rutina en la institución

El paso del tiempo acaba convirtiendo en rutina incluso las situaciones más insólitas. También en el Parlament. Cinco meses después de la suspensión de Laura Borràs como presidenta de la institución por el juicio que afrontará en febrero acusada de prevaricación y falsedad documental, el engranaje de la Cámara catalana ha asumido como parte de su día a día la excepcionalidad de la interinidad. La presencia silenciosa de la líder de Junts sentada en la tribuna de invitados se ha integrado en el paisaje del hemiciclo durante los plenos a la vez que la incomodidad de la vicepresidenta Alba Vergés por asumir las riendas de la presidencia en funciones se ha ido disipando.

La resignación ante la imposibilidad de relevar a Borràs, que cuenta con el apoyo del secretario general de Junts, Jordi Turull, para no dimitir del cargo a pesar de no poderlo ejercer, se ha impuesto entre los grupos parlamentarios. Sigue sin sonar el timbre de la institución cuando entra Vergés, como pidió la dirigente republicana para mantener un perfil discreto, y sigue vacío el despacho que hasta hace cinco meses ocupó Borràs. Pero la sala de audiencias ha recuperado ritmo de agenda y a Vergés le ha tocado llevar la batuta de actos relevantes.

Al arbitraje del debate de política general, se suma la entrega de la Medalla d’Honor del Parlament y la celebración de los 90 años de la constitución de la institución. Un rol inicialmente indeseado al que la dirigente, que será alcaldable por Igualada en las municipales de mayo, se ha ido adaptando al mismo tiempo que se ha consolidado la ruptura entre ERC y Junts. Eso sí, la novedad que ha impuesto Vergés es una representación más coral de la institución.

A menudo se hace acompañar de otros miembros de la Mesa, sobre todo de la vicepresidenta segunda, la socialista Assumpta Escarp, en las audiencias y actos. Juntas, por ejemplo, recibieron a la Síndica de Greuges el pasado 16 de diciembre, un formato de reunión que normalmente asume en solitario quien ocupa la presidencia del Parlament. En tándem también atienden a los periodistas para explicar las deliberaciones de la Mesa y de la Junta de Portavoces, como lo hacían antes de la suspensión de la dirigente posconvergente.

Los asesores

El cese de cuatro de los seis asesores que tenía Borràs fue uno de los episodios más peliagudos para Vergés. Los otros dos asumieron dentro de la Mesa funciones del gabinete de presidencia que se tienen que continuar haciendo aunque se alargue la interinidad en la jefatura de la Cámara. Y aunque inicialmente la vicepresidenta no contaba con necesitar a nadie más porque calculaba que habría menos actos institucionales que con una presidencia funcionando con normalidad, al final ha acabado sumando un tercer asesor a su gabinete porque, aunque no se haya añadido más agenda de la habitual en la Cámara catalana, se ha incrementado el volumen de trabajo derivado de su cargo.

Vergés asiste diariamente al Parlament, mientras que Borràs ha procurado mantener su vinculación a la institución y mantiene el régimen de visitas cuando hay pleno y cuando hay actos relevantes, además de asistir a reuniones con el grupo parlamentario de Junts. La dirigente sigue alimentando la cuenta de Twitter que, aunque ajena a la institución, se creó como «perfil oficial» cuando asumió el cargo de presidenta. Ahí celebra la aprobación de leyes o fechas destacadas y publica fotografías de encuentros que mantiene fuera de la Cámara.

El foco mediático

Pero también presencialmente busca atraer el foco mediático. En la celebración de los 90 años de la institución, Borràs no pasó precisamente desapercibida cuando cogió la mano del ‘expresident’ Jordi Pujol en el salón de Pasos Perdidos ante todas las cámaras para acompañarlo al ascensor. Hubo un vacío institucional para recibir al exfundador de Convergència que la presidenta de Junts llenó hábilmente mientras el ‘president’ Pere Aragonès y Vergés esquivaron deliberadamente el encontronazo con la excusa de recorrer la exposición de la conmemoración.

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Aunque se ha normalizado que las riendas en funciones de la institución las lleva Vergés, Borràs mantiene el pulso en el terreno simbólico, a sabiendas que este tiene una proyección limitada, el juicio que afrontará en febrero por la causa del fraccionamiento de contratos en la Institució de les Lletres Catalanes puede girar las tornas si combina la declaración ante los tribunales con seguir pisando la moqueta de la institución.

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