18/10/2022 a las 12:21 CEST

El relato de una pareja del País Vasco vuelve a poner el foco en las embarazadas que, por un diagnóstico tardío, se plantean un aborto pasada la semana 22

Cerca de 22.000 euros fue lo que les costó a Paula y Alberto, una joven pareja del País Vasco, ir a Estados Unidos y abortar allí. Para ello tuvieron que pedir un préstamo bancario. Ocurrió el pasado junio y, a día de hoy y durante los próximos cinco años, siguen pagando el préstamo al banco. Todo porque un diagnóstico tardío imposibilitó el aborto en España. «A la semana 28 del embarazo, me hicieron una ecografía y vieron algo raro en la cabeza. La gravedad no se sabría hasta que el bebé naciera: podía tener desde ceguera hasta parálisis», relatan al otro lado del teléfono. El feto tenía ausencia del septum pellucidum, que es el tabique que separa los dos hemisferios cerebrales. Ni el de Paula ni el de Alberto son nombres reales: desean contar su historia desde el anonimato, al igual que otras mujeres entrevistadas por EL PERIÓDICO, del grupo Prensa Ibérica, que tuvieron que, como Paula, marcharse al extranjero para abortar al estar embarazadas de más de 22 semanas.

La ley del aborto de España, una de las más progresistas del mundo, permite la interrupción libre del embarazo hasta la semana 14. A partir de ahí y hasta la 22, la mujer, para abortar, necesita un informe médico que certifique que hay un grave riesgo para la vida o salud de la embarazada o anomalías incompatibles con la vida. 

Sin embargo, aunque no es frecuente, algunas anomalías o malformaciones no son detectadas hasta el tercer trimestre. A partir de la semana 22, la mujer debe pasar por el comité clínico de un hospital, que dará o no luz verde al aborto. Y solo lo hará si hay una malformación del feto incompatible con la vida. Esta palabra, «incompatible», es la clave, pues, si la malformación es grave pero compatible con la vida, la mujer no obtendrá el permiso para abortar. Los expertos advierten de lo confuso del término «compatible con la vida», dado que, en la actualidad, prácticamente todas las malformaciones, incluso las consideradas «gravísimas», lo son.

La reciente reforma de esta ley, que le ha conferido un cariz aún más reformista (principalmente porque las menores de 16 años pueden poner fin al embarazo sin consentimiento paterno o materno), sigue sin amparar a aquellas mujeres que quieren abortar más allá de las 22 semanas. Aunque representan un porcentaje pequeño, en España hay quienes deben irse al extranjero para ello: Bélgica (donde abortan cada año unas 100 españolas, según el Centro Hospitalario Universitario de Bruselas), Francia, Inglaterra o Estados Unidos son algunos de los destinos. Se desconoce cuál es el total de españolas que abortan fuera del país, porque solo se contabilizan los abortos aceptados a partir de las 22 semanas, no los rechazados.

Sin opciones en España

A Paula y Alberto, de 33 y 34 años y con una hija, les llegó el diagnóstico del feto a la semana 28. «Los propios médicos nos dijeron que no había opciones para abortar en España porque la anomalía no era incompatible con la vida. Tenía un 75% de posibilidades de tener algún problema y un 25% de que no. Para nosotros, ese 75% era suficiente para querer abortar; para los médicos, no», apunta Alberto. La pareja se puso a buscar por internet y dio con la Associació de Drets Sexuals i Reproductius de Barcelona.

La entidad les puso en contacto con hospitales de Bruselas y de Francia. Viajar allí hubiera sido mucho más barato, pues les bastaba con la tarjeta sanitaria europea y apenas les hubiera costado la gestión unos 150 euros. Pero los trámites se fueron retrasando. «Yo tenía el agravante de que el parto de mi hija se había adelantado un mes y ahora también había riesgo de que se adelantara», cuenta Paula. Fue así como decidieron mirar las opciones en Estados Unidos y encontraron la clínica Southwestern Women’s Options, en Albuquerque.

«Desde el principio nos dijeron que lo harían y nos dejaron bien claro cuánto iba a costar: 18.000 dólares. Pero nos consiguieron dos ayudas económicas gracias a asociaciones de mujeres de allí y bajó a 16.800 [unos 17.000 euros]», cuenta Alberto. Junto a los vuelos y la estancia, la pareja se dejó entre 20.000 y 22.000 euros. Un lunes de junio volaron a Albuquerque y un sábado regresaron a España. «Tuvimos que pedir un préstamo al banco porque no teníamos dinero para esto», dice Paula.

Ayuda psicológica

Como les ocurre a todas las mujeres que abortan con un embarazo tan adelantado, el suyo era un bebé deseado. Paula y Alberto decidieron abortar ante la incertidumbre de no saber qué tipo de vida le esperaba a su futuro hijo. Han necesitado, y todavía la necesitan, ayuda psicológica. «Me sentí totalmente abandonada. Me hicieron sentir culpable, como si estuviera abortando por capricho», se lamenta Paula. «Nosotros abortamos porque queríamos asegurarnos de que nuestro hijo tuviera una vida digna -prosigue Alberto-. [El Estado] no tiene en cuenta estos casos».

Su estado anímico, aseguran ambos, «va por días». «Y el asunto económico no ayuda porque sigue afectando a nuestra vida. No somos una familia particularmente pudiente y fue mucho dinero. El estrésla ansiedad y las noches sin dormir siguen estando ahí», dice Paula.

NOTICIAS RELACIONADAS

Ambos aseguran que no están arrepentidos de la decisión tomada, pero no quieren que se sepa quiénes son. «Es algo tan duro, que no queremos añadirle más dolor. No tenemos arrepentimiento, sabemos que hecho lo mejor para nuestro hijo. Pero no queremos que nos juzguen», concluyen.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here