Una gran manifestación con participación mayoritaria de personas venidas desde los Andes que exige este jueves en Lima la renuncia de la presidenta Dina Boluarte, derivó en enfrentamientos en medio de un masivo operativo de seguridad montado por las autoridades para evitar disturbios y vandalismo.

Al mismo tiempo, en Arequipa, segunda ciudad de Perú, se registró una batalla campal entre las fuerzas del orden y un millar de manifestantes que a punta de pedradas intentó tomar por asalto el aeropuerto siendo repelidos con gases lacrimógenos, según las televisoras locales.

La protesta arrancó desde diversos puntos de Lima con columnas de manifestantes que tienen previsto recorrer las principales avenidas antes de converger al final de la jornada frente al Palacio de Justicia, donde se prevé un mitín.

La policía intentó evitar con gases lacrimógenos la llegada de un grupo de manifestantes al Congreso, dando lugar a enfrentamientos en la avenida Abancay, en el centro de la ciudad, cuando los manifestantes lanzaron adoquines arrancados de la vereda contra las fuerzas del orden, constataron periodistas de la AFP.

«Estamos aquí luchando por nuestra justa razón. Queremos que cierren el Congreso», dijo a la AFP la campesina Ayda Aroni, que llegó desde la región de Ayacucho, 330 km al sureste de Lima.

«Nos marginan, nos dicen que somos vándalos, nos dicen que somos terrucos (terroristas), estamos reclamando nuestro derecho», agregó esta mujer que vestía una tenida andina con falda roja, blusa blanca y sombrero negro típico de su ciudad.

Portaba una bandera negriblanca en lugar del estandarte nacional rojo y blanco, en señal de luto por los más de 40 muertos que deja la protesta en seis semanas.

En Lima, las autoridades desplegaron «11.800 efectivos en las calles para el control de disturbios, más de 120 camionetas y 49 vehículos militares, y también la participación de las fuerzas armadas», aseguró el jefe de la Región Policial Lima, general Víctor Zanabría.

Diversos negocios aledaños a la ruta de la marcha fueron cerrando conforme avanzaba el día y algunos cubrieron con maderas las vitrinas para evitar ser blanco de eventuales ataques de vándalos.

El jueves se conoció la muerte de un segundo manifestante herido de bala horas antes en el tórax cuando se manifestaba en Macusani, región de Puno, informó a la AFP la Defensoría del Pueblo.

El miércoles una mujer murió también de un balazo en el marco de las protestas en Macusani, donde una turba quemó una comisaría y un local judicial.

Estos dos decesos elevaron a 44 el total de fallecidos desde que estalló la crisis, el pasado siete de diciembre.

El aeropuerto de Cusco, al igual que el de Arequipa, suspendió sus operaciones por seguridad.

El servicio de ferrocarriles entre Cusco y la ciudadela inca Machu Picchu, joya del turismo de Perú, también se suspendió, informó la compañía operadora.

– «Tomar Lima» –

Los manifestantes reclaman la renuncia de Boluarte y la convocatoria inmediata de elecciones.

«En Lima, la lucha tendrá más peso. Cuando nos reprimen en nuestras regiones, nadie lo menciona», aseguró Abdón Félix Flores, de 30 años, un campesino que se dice listo «a dar su vida». Salió el domingo de Andahuaylas, epicentro de las manifestaciones en diciembre, para llegar a Lima el martes.

El secretario general de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), cuya organización está detrás de la marcha, pronosticó una protesta de larga duración hasta la dimisión de la presidenta.

«Las marchas continuarán. Todas las regiones del país han dicho que no regresarán a su lugar de origen mientras no renuncie Dina Boluarte», dijo a la AFP Gerónimo López, líder sindical.

Aunque el gobierno decretó el domingo un estado de emergencia por 30 días en Lima, Cuzco, Callao y Puno, el dirigente sindical precisó que «no hay autorización de la policía, nunca se pide autorización para una manifestación social, no es una obligación».

– traición –

Perú vive intensas protestas desde que el 7 de diciembre fue destituido por el Congreso el presidente izquierdista Pedro Castillo y arrestado por un fallido golpe de Estado con el cual intentó cerrar el Parlamento, gobernar por decreto y convocar a una Asamblea Constituyente.

La crisis también refleja la inmensa brecha que existe entre la capital y las provincias pobres que respaldan al presidente Castillo, de origen indígena, y que veían en su elección una forma de revancha contra el desprecio de Lima.

La presidenta Boluarte llamó a la calma el lunes: «Sabemos que quieren tomar Lima por todo lo que está saliendo en las redes el 18 y 19, yo los llamo a tomar Lima, sí, pero en paz, en calma».

Boluarte era la vicepresidenta de Castillo, a quien reemplazó según establece la Constitución, y proviene del mismo partido, pero es vista como una «traidora» por los manifestantes.

pgf/ljc/dl/mas/dga/ltl/yow

AFP

Conocé The Trust Project

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here