14/09/2022 a las 06:30 CEST

El marcador y la historia dirán que el Bayern ganó al Barça por 2-0 y que se puso líder del grupo C de la Champions. La frialdad de los números es tan incontestable como, a veces, injusta. Ayer, más allá del resultado, la realidad fue que el Barça fue superior en más de la mitad del encuentro y que hizo méritos más que suficientes para no salir derrotado de Munich. La primera parte fue una demostración de poderío y buen juego.

Cuatro oportunidades clarísimas y un penalti de Davies sobre Dembélé que el árbitro no quiso ver y el VAR no quiso rectificar. Paradójicamente, al Barça le falló su factor diferencial, Lewandowski. El polaco no estuvo acertado en dos ocasiones que no suele fallar y que, a buen seguro, hubieran cambiado el rumbo del partido. Y sin poder reflejar en el marcador la superioridad en el juego, el equipo de Xavi dejó abierta la puerta a que el Bayern pudiera en algún momento sacar efectividad de sus armas, básicamente la velocidad de sus puntas. 

QUE NO CUNDA EL PÁNICO

Y pasó justamente esto. Cinco minutos malditos, los que van del 50 al 54, marcaron el desenlace del partido. Primero Lucas en el remate de un córner con error de marca incluido, y después Sané. Ahí se esfumó el buen juego del equipo barcelonista, la superioridad de la primera parte, el buen trabajo táctico y físico, la presión que desactivó a los alemanes, el juego brillante de Pedri, los destellos de Dembélé, la seguridad de la defensa… Xavi buscó la reacción poniendo a De Jong y Ferràn Torres en lugar de Gavi y Pedri. Paró el golpe y forzó otra ocasión clarísima de Pedri con remate al poste. Pero ayer el balón no quiso entrar.

Faltó efectividad mientras la del Bayern fue prácticamente total. Insisto, el 2-0 no es justo y en modo alguno puede poner en duda la hoja de ruta de Xavi y las cualidades del equipo. Al contrario, hay que quedarse con su capacidad competitiva y de elaboración de juego ante uno de los grandes de Europa. Pero el fútbol es gol y ayer no hubo acierto. No siempre será así. Que no cunda el pánico, esta derrota no es ningún drama. 

LA CLAVE

El Barça no mereció perder, pero le faltó el gol y la efectividad de Lewandowski

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