El avance chino en la Argentina no se detiene y suma nuevas áreas de influencia; ahora es el turno de la ciencia. La vacuna contra el Covid 19 de fabricación local no será de Rusia, sino de China que, con pasos de mayor o menor repercusión y al igual que sucede en el resto del mundo, va ocupando espacios.

Laboratorios Richmond cerró un acuerdo de transferencia tecnológica con CanSino Biologics que le permitirá fabricar y comercializar en la Argentina distintos productos empezando por la vacuna contra el coronavirus, cuyo nombre comercial es Convidecia.

“Este convenio potenciará el desarrollo de conocimiento científico argentino, creará 120 puestos de trabajo directos y fortalecerá el sistema sanitario argentino. A su vez, permitirá sustituir importaciones y posicionará al país como referente de vacunas para América Latina”, señaló Richmond en un comunicado.

“Con este acuerdo de transferencia, incorporaremos –en varias etapas- tecnologías tales como adenovirus, proteínas recombinantes, ARN mensajero, entre otras. La producción abrirá un nuevo capítulo de crecimiento también para nuestros científicos”, explicó Elvira Zini, directora de Asuntos Científicos del laboratorio, en el texto difundido.

La vacuna de CanSino es de una sola dosis de aplicación y recibió la aprobación de emergencia de la OMS el 19 de mayo pasado. Según informó la empresa propiedad de Marcelo Figueiras, “su eficacia fue evaluada en estudios realizados en distintos países, entre los cuales se encuentra la Argentina”. El principal se hizo, además de en el país, en México, Chile, Pakistán y Rusia, y arrojó una eficacia del 92%, según lo publicado en la revista The Lancet.

En la comunicación enviada a la Comisión Nacional de Valores y a la Bolsa, Richmond explicó que “en una primera etapa se iniciará un proceso de elaboración del producto terminado con el fin de iniciar el abastecimiento del mercado argentino para luego proseguir con la elaboración del ciclo completo”. Se trata de una instancia inicial de fermentado y elaboración de materia prima, para en una segunda etapa hacer el formulado, filtrado y envasado en área estéril. También está contemplada la producción de la versión inhalable (un aerosol nasal).

La vacuna fue desarrollada por la empresa farmacéutica CanSino Biologics junto al Instituto de Biotecnología de Beijing (China). A diferencia de otras vacunas autorizadas en la Argentina, que tienen un esquema de dos dosis, esta requiere de una sola. Puede conservarse a una temperatura de entre 2 y 8 grados; es decir, que no necesita ser congelada, lo que simplifica la logística. Al igual que las otras vacunas chinas, Sinopharm y Sinovac, CanSino ya se aplicó en el último año y medio en el país en virtud de contratos de importación firmados por el gobierno argentino.

La fabricación local se hará en la nueva planta que Richmond planeaba inaugurar este mes en el parque industrial de Pilar. La obra civil ya fue terminada y, según los plazos que manejan en la compañía, en marzo de 2023 estará lista para esperar las habilitaciones oficiales. La fábrica fue construida a partir del fondo de inversión VIDA, constituido a mediados de 2021 con aportes de empresarios y gobiernos provinciales, que recaudó US$85 millones.

“Nos atrasamos porque complicó la guerra y algunos avatares argentinos, pero se hizo en tiempo récord. En diciembre estarán todas las máquinas en planta para ajustes y validaciones, para en marzo pedir habilitaciones y durante el año 2023 empezar a producir. A partir de ahora presentaremos todos los papeles para hacer las dos vacunas, la común y la vacuna spray, que es una opción novedosa”, afirmó Figuieras ante la consulta de LA NACION. La cantidad de dosis a producir aún no fue estimada.

Según se había anunciado en 2021, Richmond iba a producir en la Argentina la vacuna Sputnik, bajo licencia del Instituto Gamaleya, de Rusia, en su nueva planta de Pilar. Desde allí planeaba abastecer el mercado local así como exportar a países de la región, el negocio más atractivo detrás del frustrado emprendimiento, pero las consecuencias de la invasión rusa a Ucrania y la parálisis del expediente de aprobación de Sputnik en la Organización Mundial de la Salud (OMS) truncaron el proyecto.

Atrás quedó la épica de los vuelos de Aerolíneas Argentinas a Moscú, recibidos luego en Ezeiza por una troupe de miembros del Gobierno; las fotos de la ministra de Salud, Carla Vizzotti, y la asesora presidencial Cecilia Nicolini en la Plaza Roja, y la propaganda oficial, que presentaba la Sputnik local como un logro propio.

“El contrato [por Sputnik] tenía un vencimiento y una cantidad, que fueron los 9 millones de dosis que se hicieron y se entregaron. Hubo transferencia de tecnología para hacer la última etapa de producción y cuando terminó eso se iba a empezar una segunda fase, que era la venta a Sudamérica”, recuerda Figueiras. “No se pudo avanzar, pero estamos muy agradecidos por todo el intercambio científico; fue una alternativa para vacunar a la gente cuando no había vacunas. Ahora se avanza y en ese tren de avanzar siempre imaginamos la nueva planta como un hub de vacunas, pensando en otras patologías y en otros contratos; nunca se planteó como exclusivo Covid”, agregó.

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