04/12/2022 Act. a las 22:24 CET

Kane, el único ‘nueve’ que no había marcado, se une con Henderson y Saka a la larga lista de goleadores del once británico

Con razón Senegal era el octavofinalista más goleado. Pudo dejar atrás a Ecuador y Qatar para seguir a Países Bajos como segunda de grupo, pero el siguiente nivel fue excesivo para su capacidad real y sucumbió, desnudado por Inglaterra. El rival de Francia en uno de los cuartos de final, fijado para el sábado 10 de diciembre (20 horas).

Había conseguido camuflar Senegal su endeblez defensiva, cuando menos sufragarla con un golito más de los que encajó, pero la ferocidad de la selección de los tres leones, la más goleadora de la competición, detuvo el acceso al coto de los ocho mejores. En Inglaterra apareció Harry Kane para inaugurar su cuenta y se unió a Henderson y Saka para ampliar la larga lista inglesa de realizadores. El capitán era el único ‘nueve’ que no había mojado en la competición. Le pasó igual en la Eurocopa. No marcó en la fase de grupos y empezó a sumar en las eliminatorias.

Cayó Senegal víctima de una desastrosa defensa que encajó goles con demasiada facilidad, casi impropia de la competición. Por mucho que sus hombres actúen en grandes ligas. Cinco titulares juegan en la Premier, pero enfrente había once. Más organizados y mejor estructurados y con un mayor bagaje táctico. Parecía mentira que Aliou Cissé, el seleccionador senegalés, llevara cuatro años al frente del equipo.

La representación de lo que son los interiores con llegada la escenificaron Henderson y Bellingham al anotar el primer gol inglés. Bellingham se desmarcó en profundidad por el carril izquierdo y su servicio atrasado fue para Henderson, que corría desde atrás también como él. La defensa senegalesa había caído en el señuelo de seguir a Kane y Foden, que abandonaron sus posiciones. Se fueron dos rivales y aparecieron dos nuevos, en velocidad, con una determinación –y una ventaja- que los hacía imparables. Diestros los dos, Bellingham centró con la izquierda y Henderson embocó con la izquierda.

Sencillo fue ese gol de Inglaterra y mucho más fácil resultó el segundo, que subrayó con más claridad el desbarajuste senegalés y su pésima interpretación de las jugadas. Como si los defensas tiraran de instinto igual que los delanteros, cuando atrás se reclama orden y rigor. Koulibaly, el central, abandonó constantemente su posición y socavó las ilusiones de su equipo.

Un avance africano por el centro fue interceptado y contraatacado por Bellingham, que cabalgó imponente hasta que vio la línea de pase hacia Foden, ya disparado hacia adelante, con Kane corriendo por el otro carril. Un dos contra uno elemental de los que se practican en los entrenamientos más básicos, hasta que el capitán cruzó el disparo tras echar una ojeada a Mendy, que no transmitió ninguna sensación de seguridad a los suyos. Se había comido ya un par de centros preocupantes.

Tres cambios de golpe

Cissé sustituyó a tres futbolistas en el descanso. A ninguno de los defensas. Atrás fallaron, pero en el centro también. La superioridad numérica en esa franja (eran cinco contra tres) no se observaba por ningún lado, como lo indicaba el marcador y los creadores de los goles ingleses. Cambió además la disposición posicional, con un doble pivote y tres por delante.

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Boulaye Dia, el más adelantado en el primer tiempo, pasó a la banda. Para alivio de Stones y Maguire. El exfutbolista del Villarreal y recaló cedido a la Salernitana, amenazaba con enloquecer a los centrales con sus movimientos a poco que recibiera balones. Ni Stones ni Maguire dejaron sus puestos para perseguirle, con el riesgo de que Dia les encarara en carrera. Desde lejos, ya con el 3-0, ni lo intentó y Senegal dejó de existir también en ataque. En defensa hacía rato que había dejado de respirar.

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