Silvino Báez y Graciela Sosa miraban con atención. En la pantalla de TV que estaba frente a sus ojos se reproducían los mensajes de texto y voz que se enviaron los acusados de matar a golpes a su hijo, Fernando Báez Sosa. Por primera vez escucharon las voces de los imputados y vieron lo que escribieron sobre el ataque. Fue Lucas Pertossi el que a las 4.55 del 18 de enero de 2020 dijo: “Estoy acá cerca donde está el pibe y están todos ahí a los gritos. Está la policía, llamaron a la ambulancia… caducó”. También, se enteraron de que a las 6.06, Ciro Pertossi advirtió: “Chicos, no se cuenta nada de esto a nadie”. No fue lo único. También conocieron de un testigo, que uno de los procesados hizo una frenética búsqueda en Google. Siete veces buscó: “Pelea en Villa Gesell”, “Villa Gesell pelea” y “Misteriosa pelea en Gesell”. La séptima audiencia terminó con la certeza de que la impronta de la suela de la zapatilla que quedó marcada en el “maxilar inferior izquierdo” de la víctima pertenecía al calzado de Máximo Thomsen.

“Fue duro escuchar los audios, nunca lo habíamos hecho. [los acusados] Sabían lo que hacían y los únicos que no sabíamos que Fernando estaba muerto éramos nosotros, ellos ya lo sabían. Lo estaban disfrutando. Esto demuestra lo que son estas personas. Su trofeo era la cabeza de mi hijo”, afirmó a LA NACION y a otros medios de comunicación el padre de la víctima al finalizar la séptima audiencia.

Los padres de Fernando Báez Sosa, al salir de la sala de audiencias en Dolores
Los padres de Fernando Báez Sosa, al salir de la sala de audiencias en DoloresDiego Izquierdo – Télam

Su esposa, Graciela, sostuvo: “Fue muy fuerte y desgarrador para nosotros ver como festejaron, como se avisaron, que Fernando había caducado”.

Los ocho acusados juzgados por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N° 1 de Dolores son Luciano Pertossi, de 21 años; Ciro Pertossi, de 22; Lucas Pertossi, de 23; Ayrton Viollaz, de 23; Máximo Thomsen, de 23; Enzo Comelli, de 22; Matías Benicelli, de 23, y Blas Cinalli, de 21.

Los mensajes de texto y de voz fueron reproducidos durante el testimonio del instructor judicial Javier Laborde, quien había comenzado con su declaración ayer. Él, durante la instrucción de la causa, fue el encargado de analizar la información recuperada de los teléfonos celulares de los imputados

Fernando Burlando, abogado que representa a los padres de la víctima
Fernando Burlando, abogado que representa a los padres de la víctimaTélam

Ante los jueces María Claudia Castro, Christian Rabaia y Emiliano Lazzari, Laborde leyó una larga lista de mensajes y, por medio de una computadora, reprodujo audios de voz enviados por WhatsApp.

Uno de los mensajes leídos durante la audiencia había sido enviado por Lucas Pertossi, quien expresó a las 04.55 del 18 de enero de 2020: “Estoy buscando a este Ciro, es pajero… me dice ‘vení al mercado que pasamos siempre’. Estoy en el mercado a la vuelta del hotel y no están amigo… es más lolo [sic] este Ciro”.

Los chats se enviaban en un grupo de WhatsApp denominado “delboca3″ que integraban siete de los ocho imputados, salvo Viollaz; los dos sobreseídos, Juan Pedro Guarino y Alejo Milanesi, y otra persona solo identificada como “Salvi”.

“Llamaron a la ambulancia… caducó”

Laborde continuó con el análisis en tiempo real de todos los mensajes que se enviaron los acusados en la madrugada del crimen. En uno de los audios que mandó a las 4.55, Lucas Pertossi decía con tono nervioso: “Estoy acá cerca donde está el pibe y están todos ahí a los gritos. Está la policía, llamaron a la ambulancia… caducó”.

Más tarde, Ciro Pertossi preguntó: “¿Machu dónde estás? Andá para la casa”. A continuación, Laborde mostró una foto que Lucas Pertossi envió a las 5.48 desde un local de McDonald’s. Cuando parte del grupo estaba en el local de comidas rápidas, tenía puesta otra ropa. Los jóvenes había ido a la casa que alquilaban a cambiarse.

A las 6.06, Ciro Pertossi advirtió a los demás: “Chicos, no se cuenta nada de esto a nadie”. A lo que Benicelli respondió de inmediato: “Ya contaron”.

Luego, Laborde analizó los movimientos del celular de Guarino, uno de los dos sobreseídos. “Esta noche fue rara, no me siento muy bien”, fue el mensaje que le mandó a su pareja, identificada en los chats como Doli. A las 13.26 del sábado 18 de enero de 2020, ella le preguntó: “Eu, eu, ¿quiénes son los que se pelearon y mataron a uno? ¿No fueron ustedes, no? Estoy preocupada”. Y le envió el título de una nota de LA NACION que hacía referencia al crimen de Villa Gesell, ocurrido pocas horas antes.

El testigo analizó también el teléfono de Ciro Pertossi. En particular, se refirió a las búsquedas que se realizaron en Internet.

Según el instructor judicial, Ciro Pertossi realizó siete búsquedas en Google, todas en torno a frases palabras clave: “Villa Gesell pelea”, “pelea Villa Gesell” y “Misteriosa pelea en Gesell”. Fue el 18 de enero de 2020 en dos ventanas de tiempo, entre las 6.21 y 6.22, cuando Báez Sosa ya estaba muerto, y entre las 10.16 y las 10.17 del 18 de enero de 2020.

Veinte minutos de la última búsqueda en Internet, la policía bonaerense allanó la casa que alquilaban los sospechosos.

El fiscal Gustavo García (izquierda) y el testigo Javier Laborde
El fiscal Gustavo García (izquierda) y el testigo Javier LabordeDiego Izquierdo – Télam

Laborde, antes de terminar con su declaración testimonial, también hizo referencia a los mensajes que Cinalli le mandó a una persona identificada como Santi M. “Creo que matamos a uno, está todo Gesell diciendo eso. Volvimos todos a casa, no queremos salir”, escribió a las 5.21. Después, a las 7.53, afirmó: “Lo único que quiero es tomar un vino y fumar flores”.

En ese contexto, Burlando le preguntó al testigo: “¿Cuándo se enviaban todos estos textos ya habían recibido el mensaje de ‘caducó’?”. Entonces, Laborde respondió: “Creo que sí”. Por los horarios, Cinalli ya había recibido ese mensaje donde Lucas Pertossi hizo referencia a la “ambulancia” y “caducó”.

Burlando le preguntó a Laborde si podía determinar cuánto duró el ataque. “Un minuto, quizá un poco menos”, fue la respuesta.

“Fuertísimo. Los audios los conocíamos hace tiempo. Es bueno que los jueces observen las reacciones de los presentes”, sostuvo Burlando en un cuarto intermedio.

Peritaje clave

La séptima audiencia finalizó con los detalles de un peritaje clave que determinó que la víctima tenía una impronta de al menos 6 centímetros por 2 en la parte izquierda del maxilar, producto de una patada, y la lesión era compatible con la zapatilla que usaba Thomsen. Así lo sostuvieron dos peritos que declararon como testigos.

María Eugenia Cariac, perito de Policía Científica de la fuerza de seguridad bonaerense, sostuvo que se determinó que tenían “una correspondencia” entre la lesión en la cara y la zapatilla marca Cyclone “con diseño en zigzag” que usaba Thomsen en el momento del ataque, en la madrugada del 18 de enero de 2020. Cariac fue quién obtuvo la foto del rostro de Fernando durante la operación de autopsia, e indicó que tras comparar la marca en esa parte del cuerpo con el calzado de los imputados, arribó a esa conclusión, aunque sugería “una prueba más profunda” para “corroborar si había correspondencia de diseño”. Esta testigo sostuvo que el joven asesinado presentaba otra impronta de menores dimensiones en la parte izquierda del cuello, sin poder determinar si correspondía al mismo golpe y calzado.

Peritaje de las zapatillas de Máximo Thomsen, uno de los acusados de matar a Fernando Báez Sosa
Peritaje de las zapatillas de Máximo Thomsen, uno de los acusados de matar a Fernando Báez Sosa

Después fue el turno de Haydeé Almirón, jefa del Laboratorio Científico de la Policía Federal en Mar del Plata. Tras la presentación del Ministerio Público, representado en el juicio por los fiscales Juan Manuel Dávila y Gustavo García, confirmó que de acuerdo con un peritaje scopométrico hecho a fines de mayo de 2020 se determinó que “la plantilla que pertenece al ciudadano Máximo Thomsen se corresponde a la huella en el maxilar inferior izquierdo”.

Ante una pregunta del abogado Hugo Tomei, que defiende a los ocho acusados Almirón dijo que “no hay posibilidad de error” respecto de esa cuestión, y luego agregó que “la secuencia de zigzag” que presentaba la impronta en el rostro “no era posible que fuera de otra zapatilla”.

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