07/09/2022 a las 06:30 CEST

De niño le dijeron que no se podría dedicar al fútbol porque, tal como ha explicado él mismo, era bajito y muy flaco. Se dedicó a entrenar 6 horas diarias con el apoyo de sus padres, ambos deportistas profesionales: ella dedicada al voleibol, él al deporte rey. Un joven Robert se quedó sin equipo a los 17 años por una lesión importante y no se desmoronó, todo lo contrario. El nuevo delantero del FC Barcelona ha protagonizado una de las carreras más brillantes en la que cada etapa ha ido mejorando a la anterior.

Lewy, de 34 años, es ese padre enrollado que da buenos consejos y no se enfada si te equivocas, como cuando Dembelé no le da un pase cantado de gol. Es ese hermano mayor que se puede marcar una noche rumbera pero te recuerda que al día siguiente hay que ir a trabajar. Rodeado de futbolistas muy prometedores que no llegan a los 20 años, el polaco ejerce como un líder al que basta una mirada para comunicarse con sus compañeros.

Los vividos ojos azules del de Varsovia no dejan de sonreír desde que aterrizó en Barcelona en un verano en el que su firmeza le permitió a salir de un club no vendedor como el Bayern sin necesidad de formar ningún lío. Se manifestó en la concentración de Polonia de forma muy clara y a los bávaros, que ya le echan de menos (2 empates seguidos en Bundesliga) no les quedó más remedio que dejarle ir para seguir superándose.

Desde su llegada al Camp Nou ha mantenido su mirada fija en la portería. Tras el mal debut colectivo ante el Rayo todo ha ido a más. La gran mayoría de sus remates han sido entre los 3 palos, hasta cinco han terminado en el fondo de las mallas de formas bien distintas y con infinitos y abrumadores recursos. Le da igual si es un centro tenso y pasado, llega con su elasticidad, si tiene que ir al primer palo a rematar un centro chut o si la tiene que picar por encima del guardameta.

Lewy es detallista: busca a los aficionados azulgrana cuando anota allá en la parte más elevada del córner del Sánchez Pizjuán, es generoso; agradece a sus compañeros los esfuerzos por encontrarle con un guiño de ojos que repite partido tras partido y es muy listo; busca con la mirada a Koundé para señalarle con el brazo el pase de gol. La mirada de Lewandowski es dulce, reposada, transmite una paz nunca vista en un killer del área. La sensación es que ha escogido la liga para disfrutar y que disfruten con él y aunque lo ha ganado todo es evidente que quiere más y parece que Xavi puede dárselo.

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