La mitad de los niños ucranianos que se han visto forzados a abandonar su país por la ofensiva militar de Rusia padecen ansiedad o están preocupados por lo que pueda depararles el futuro, según un informe de la ONG Save the Children, que llama a la comunidad internacional a tener en cuenta estas necesidades en materia de salud mental.

El estudio, que se ha elaborado a partir de más de mil entrevistas en ocho países europeos –Finlandia, Italia, Lituania, Países Bajos, Noruega, Polonia, Rumanía y Suecia–, evidencia las urgencias de un colectivo especialmente vulnerable: de los 7,7 millones de personas que han salido de Ucrania, un 40 por ciento son menores de edad.

La mitad de los entrevistados se sienten más ansiosos desde que huyeron de Ucrania, aunque si sólo se examina a los mayores de 16 años el dato se dispara al 78 por ciento. El 57 por ciento cree que su situación mejoraría con amigos, un 56 por ciento su pudiese practicar alguna afición y un 54 por ciento si aprendiese el idioma local.

«Me siento un poco incómoda aquí. No tengo a mis amigos ni mis compañeros de clase. La mayoría de la gente de mi edad no habla inglés, así que no puedo comunicarme con ellos», afirma Ana, de 15 años, en declaraciones difundidas por la organización.

Save the Children ha advertido de que las tasas de escolarización siguen siendo «preocupantemente bajas», a pesar de que los refugiados que van a clase tienen menos probabilidades de sentirse solos. Una cuarta parte de los niños no tenían previsto inscribirse en una escuela local, lo que para la directora de la ONG en Europa, Ylva Sperling, ensombrece en parte la «cálida acogida» ofrecida a las familias ucranianas.

En Polonia, por ejemplo, el informe constata que sólo el 41 por ciento de los niños ucranianos están matriculados en centros educativos locales. Las autoridades de Ucrania mantienen abierto un sistema de aprendizaje ‘on line’ del que pueden beneficiarse también quienes se han visto forzados a abandonar el país.

Andriy, de trece años, cuenta que fue dos semanas a una escuela de Lituania, «pero no había muchos profesores que supieran hablar ruso». Optó por volver a las clases telemáticas desde Ucrania, mientras lamenta que le gustaría poder tener más amigos lituanos.

Europa Press

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