08/11/2022 a las 08:31 CET

Médicos y enfermeras reconocen que sus plazas «no son atractivas», pero su «arraigo» con el paciente les ayuda a aguantar a pesar de los sinsabores

Ocho años lleva Claudia Asenjo ejerciendo como enfermera en el centro de salud de Luna, en la comarca zaragozana de las Cinco Villas. Dice que su día a día es «gratificante» por el trato cercano con los pacientes, pero también hay una cara b tras la que hay «una carga de trabajo bestial, una labor burocrática que no se ve y unas condiciones laborales que no son atractivas», cuenta a este diario.

El equipo del centro de salud de Luna lo conforman 4 médicos y tres enfermas que, además, atienden a diario los consultorios periféricos de 12 pueblos. «Tenemos mucha dispersión geográfica y una población muy mayor. Al mes hago 4.000 kilómetros con mi coche y esa retribución económica, al coste que va la gasolina, no está reconocida como debería. Tampoco se incluye ahí el gasto de ruedas o las revisiones», explica Asenjo.

Cosas como estas, «que no cambian con el paso de los años», son las que hacen «poco llamativas» las plazas en el medio rural. «Hace años que se alerta de las jubilaciones y de que no hay reposición. Las condiciones laborales y económicas no son buenas en el medio rural y eso echa para atrás», recalca.

La falta de personal sanitario y también de «interés» por trabajar en un pueblo lo han vivido este verano en Luna. «No hemos tenido refuerzos. Nadie ha querido venir en vacaciones y nos hemos cubierto las horas y los descansos entre todos. He tenido 10 días en verano, no un mes como muchos pueden pensar», señala esta enfermera.

La sanidad, «en peligro»

A pesar de lo sinsabores, Claudia Asenjo asegura que le gusta «tanto» su trabajo «que seguiría haciéndolo una y otra desde el principio», afirma con seguridad. «Hay días que llegas a casa con la sensación de que la sanidad pública está en peligro. Se nos está dejando de lado, pero también pensamos en los pacientes y no los vamos dejar de atender. De eso se valen las Administraciones, de nuestra vocación y profesionalidad», dice.

Desde el valle de Gistaín, el médico Guillermo Bernúes explicaba ayer que «como cualquier lunes» ya había visto a unos 30 pacientes por la mañana. «Hay mucho arraigo y nos conocemos todos. Al día haré unos 70 u 80 kilómetros, pero lo bueno es que de la consulta de Plan a mi casa tengo solo unos metros. Nada comparado con la ciudad», decía en tono jocoso.

Este verano, el Ministerio de Sanidad concedió a Bernués la Cruz Sencilla de la Orden Civil tras casi 40 años de profesión. «Si algo recalqué aquel día es que hay mucho desconocimiento de la sanidad rural entre los que están empezando. Algo de efecto provoqué porque, por primera vez, todos los residentes que hemos tenido han sido de Aragón. Hasta ahora venían aquí de Mallorca o de Madrid y no podía entender cómo no se promovían a los de la tierra», reconocía.

«Las plantillas están envejecidas y no hay relevo. Eso es una realidad. Yo podría haberme jubilado hace seis años, pero personalmente no tengo prisa, disfruto mucho de mi trabajo y la salud me lo permite. Eso sí, algún día me tendré que ir y no sé qué pasará», decía.

Falta de alicientes

Quien tuvo claro desde el principio que la medicina rural era su salida es Eva Lacort, que lleva ya tres años como médica en el centro de salud de Mas de las Matas. «Si la Atención Primaria es el patito feo de la medicina, no te quiero decir nada cuando lo llevas al plano rural. Hace años que se venía alertando de lo que podía pasar, no se han puesto medios personales ni recursos y, al final, esto acabará estallando por algún lado», señala.

Ante la «falta de alicientes» entre los más jóvenes, ella se ha ofrecido a enseñar a los residentes cómo se trabaja en la sanidad rural. «Aquí ya han venido seis personas desde Zaragoza y, después de estar un mes, se van encantadas», asegura.

Además, en Mas de las Matas son un equipo joven, lo que supone ser «un oasis» en el medio del desierto del envejecimiento de plantillas. «Somos la excepción. Aquí se trabaja muy bien, pero igualmente nos repercute que la situación en general está mal», indica. Por ejemplo, alude que si hay «problemas» en el hospital de referencia, como en su caso puede ser el de Alcañiz, «aquí se nota porque si faltan especialistas, nos trastoca el trabajo. Eso genera frustración y malestar y te hace darte cuenta de las cosas no están bien», cuenta Lacort.

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Al mes, esta médica de Primaria puede hacen entre 700 y 800 kilómetros, mientras que sus visitas diarias están entre 20 y 25 pacientes, dependiendo de si son presenciales, a domicilio o telefónicas. «Los días varían mucho. Lo que está claro es que tenemos que ir muy organizados para llegar a todo. De todos modos, tengo claro que si algún día me voy de aquí me iré a otro pueblo«, afirma Lacort.

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