(Cambia redacción con discurso de Lula)

Por Anthony Boadle y Gabriel Stargardter

BRASILIA, 1 ene (Reuters) – El líder izquierdista Luiz
Inácio Lula da Silva juró como presidente de Brasil el domingo,
emitió una dura acusación contra el exlíder de extrema derecha
Jair Bolsonaro y prometió un cambio drástico de rumbo para
rescatar lo que llamó una nación arruinada.

En un discurso ante el Congreso después de tomar
oficialmente las riendas del país más grande de América Latina,
el izquierdista dijo que la democracia fue la verdadera ganadora
de la elección presidencial de octubre, cuando venció a
Bolsonaro en la votación más tensa en una generación.

Bolsonaro, quien viajó a Estados Unidos el viernes después
de negarse a reconocer la derrota, hizo temblar la joven
democracia brasileña con afirmaciones infundadas de debilidades
electorales que dieron origen a un violento movimiento de
negadores de las elecciones.

«La democracia fue la gran vencedora, superando… las más
violentas amenazas a la libertad de voto y la más abyecta
campaña de mentiras y odio conspirada para manipular y
avergonzar al electorado», dijo Lula a los legisladores.

Lanzó una amenaza velada a Bolsonaro, quien enfrenta
crecientes riesgos legales por su retórica antidemocrática y su
manejo de la pandemia ahora que ya no tiene inmunidad
presidencial.

«No tenemos ningún espíritu de venganza contra quienes
intentaron subyugar a la nación a sus designios personales e
ideológicos, pero garantizaremos el estado de derecho», aseveró
Lula, sin mencionar a su predecesor por el nombre. «Quien erró
responderá por sus errores».

También acusó al gobierno de Bolsonaro de cometer «genocidio» al no responder adecuadamente a la pandemia de
COVID-19 que mató a más de 680.000 brasileños.

«Las responsabilidades por este genocidio deben ser
investigadas y no deben quedar impunes», agregó.

Los planes de Lula para el gobierno contrastan marcadamente
con los cuatro años de Bolsonaro en el cargo, que se
caracterizaron por un retroceso en las protecciones ambientales
en la selva amazónica, leyes de armas más flexibles y
protecciones más débiles para los pueblos indígenas y las
minorías.

Lula dijo que quiere convertir a Brasil, uno de los
principales productores de alimentos del mundo, en una
superpotencia verde. Reforzó su compromiso de poner fin a la
deforestación en la Amazonía, que alcanzó su punto más alto en
15 años bajo Bolsonaro, al tiempo que enlista a sus habitantes
indígenas para ayudar a proteger el bosque.

Dijo que revocará docenas de decretos de Bolsonaro que
flexibilizan las leyes de armas de fuego, lo que provocó un
fuerte aumento en la posesión de armas.

«Brasil no quiere más armas, quiere paz y seguridad para su
pueblo», dijo.

Fuerte seguridad

La toma de posesión de Lula se llevó a cabo en medio de una
mayor seguridad.

Algunos de los partidarios de Bolsonaro protestaron porque
afirmaban que las elecciones fueron robadas y pidieron un golpe
militar para evitar que Lula regresara al poder en un clima de
vandalismo y violencia.

En Nochebuena, un simpatizante fue detenido por fabricar una
bomba que fue descubierta en un camión cargado de combustible de
aviación en la entrada del aeropuerto de Brasilia, y confesó que
buscaba sembrar el caos para provocar una intervención militar.

Bolsonaro ha visto evaporarse su apoyo entre muchos
exaliados debido a las manifestaciones antidemocráticas.

El sábado por la noche, el entonces presidente interino
Hamilton Mourao, quien fue vicepresidente de Bolsonaro, criticó
a su exjefe por permitir que prosperara el sentimiento
antidemocrático después de su derrota en las urnas en octubre.

«Líderes que debían tranquilizar y unir a la nación…
permitieron que el silencio o el protagonismo inoportuno y
deletéreo crearan una atmósfera de caos y desintegración
social», dijo Mourao en un discurso.

Tras la juramentación, Lula salió del Congreso en un
Rolls-Royce descapotable. Luego llegó al palacio Planalto, donde
subió por la rampa con un grupo diverso que incluía a su esposa;
el jefe de la tribu Kayapó, Raoni Metuktire; un joven negro y un
hombre discapacitado. Luego, una mujer negra le entregó a Lula
la banda presidencial, un acto enormemente simbólico en Brasil
que Bolsonaro había dicho repetidamente que nunca haría.

Decenas de miles de personas que se habían reunido para
celebrar en la explanada de Brasilia vitorearon mientras Lula se
secaba las lágrimas.

La victoria electoral de Lula marcó un sorprendente regreso
político, ganando un tercer mandato presidencial -algo sin
precedentes- después de una pausa que lo vio pasar un año y
medio preso por condenas de corrupción que luego fueron
anuladas.

Sus 580 días en prisión reforzaron su sentido de la justicia
social y lo convencieron de la necesidad de priorizar el fin de
la pobreza sobre el aumento de las ganancias, dijeron aliados.

En sus años anteriores como presidente del país y del
Partido de los Trabajadores (PT), de 2003 a 2010, el exlíder
sindical sacó a millones de brasileños de la pobreza durante un
auge de las materias primas que impulsó la economía.

Ahora, enfrenta el abrumador desafío de mejorar la economía
estancada de Brasil y al mismo tiempo unir a un país que se ha
polarizado dolorosamente bajo Bolsonaro.

«Se espera mucho de Lula. Tendrá la difícil misión de
restaurar la normalidad y la previsibilidad en Brasil y, sobre
todo, entregar rápidamente resultados que mejoren la calidad de
vida de sus habitantes», dijo Creomar de Souza, director de la
consultoría Dharma Political Risk en Brasilia.
(Reporte de María Carolina Marcello, Ricardo Brito, Lissandra
Paraguassu, Anthony Boadle y Fernando Cardoso; Editado en
Español por Manuel Farías)

Reuters

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