Es año electoral y todos quieren subirse al ring para disputar candidaturas, pero la billetera estatal está resquebrajada entre la falta de dólares, la recompra de deuda [el cambio de acreedor], el aumento salarial porque la inflación sigue en alza y lo único que se achica es el poder adquisitivo. Como decían en mi infancia: “No se puede ganar como cabo y gastar como general”.

El ejemplo castrense es tan actual que da miedo porque mi infancia sucedió en el siglo pasado, y la ecuación entre cuánto gana el Estado (el cabo de esta historia) y en qué lo gasta (el general) está más desequilibrada que entonces.

Por eso, muchos cultores del clientelismo que llevan años regalando dinero del “cabo” con el derroche del “general” ahora pegan un volantazo y se ofuscan por la actitud de quienes reclaman más ayuda estatal porque con lo que cobran de planes sociales ya ni se sobrevive.

“La gente consigue trabajo, solo hay que dejar de ser parásito y garronero. Hay que ponerse a laburar. Es la única forma de salir, pero en este país la gente no está pudiendo salir a trabajar por la cantidad de planes sociales que hay. No quieren laburar y encima cortan y piden más beneficios de los que ya tienen. Falta mano de obra porque no se consigue gente por los planes sociales. En el norte no pueden cosechar, tampoco en Mendoza y San Juan. No quieren laburar y encima cortan y piden más beneficios de los que ya tienen”, sorprendió Mario Ishii, uno de los barones del conurbano que maneja José C. Paz hace apenas 20 años.

Ese comentario tan típico de empresarios Pyme y de amas de casa que no logran personal ni temporario para tareas sencillas brota de las bocas más inesperadas: la de los cultores de los planes sociales y de la dilapidación del Estado.

Por eso, hasta suena casi lógico Juan Grabois, el dirigente social amigo del Papa, que le retrucó a Ishii su enojo y, de yapa, confirmó las tareas extraoficiales de los estatales de José C. Paz: “Quizás lo que a algunos les molesta es que con la organización comunitaria y la economía popular no consiguen tantos soldaditos para regentear pasillos ni choferes para repartir falopa”. Grabois en su esfuerzo por mantener sus intereses, les recordó a los ciudadanos aquella admisión de Ishii en plena pandemia: “Cuando se cagan de hambre, vienen a pedir laburo y yo se los doy. O se mandan una cagada, venden falopa, yo los tengo que cubrir, no los rajé todavía, cuando me están vendiendo falopa con las ambulancias”. Quédese cerca del cuadrilátero, se vienen muchos rounds de incoherencia.

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