06/01/2023 a las 18:47 CET

Demócratas y republicanos advierten de que el bloqueo en la elección del presidente de la Cámara genera riesgos para la seguridad nacional

Algunos hablan de limbo. Otros, de purgatorio. Lo indiscutible es que la Cámara de Representantes de Estados Unidos lleva desde el martes en un estado de parálisis ante la incapacidad de la frágil mayoría republicana de aplacar a los 20 miembros de la ultraderecha que están impidiendo elegir al ‘speaker’ (el presidente de la Cámara). Hasta que no haya presidente, los congresistas de esta 118ª sesión no pueden jurar el cargo, no hay reglas para el funcionamiento de la Cámara y la actividad legislativa no puede comenzar. Se trata de un bloqueo que tiene consecuencias estructurales y también, coyunturales.

Frente a republicanos y voces conservadoras que han estado describiendo el prolongado proceso, con 11 votaciones inconcluyentes en los tres primeros días, como una muestra sana del funcionamiento democrático, otros muchos identifican con más preocupación el daño institucional que se está causando al mantener paralizada la mitad del brazo legislativo.

Además de no poder adoptar resoluciones o aprobar propuestas de ley, no se pueden desempeñar otras funciones de esa Cámara, como la supervisión del gobierno federal y de otras entidades, el trabajo en comités o el que los congresistas realizan para los ciudadanos a los que representan. Y, especialmente, desde el flanco demócrata se interpreta lo que está sucediendo como un anticipo de dos años en que pueden imperar caos y disfuncionalidad.

Seguridad nacional

Varias voces dentro del Congreso, de los dos partidos, han alertado de que se está poniendo en riesgo la seguridad nacional. Sin jurar el cargo y al no ser por ello oficialmente representantes, por ejemplo, los congresistas no tienen los permisos de seguridad para recibir briefings de las agencias de inteligencia.

«Si hay una emergencia real, no podríamos responder«, ha dicho el demócrata Jerrold Nadler, la misma idea que ha expresado su colega de filas Jim McGovern, que ha opinado que «la gente debería estar preocupada. ¿Qué pasaría si hay una emergencia o una crisis nacional y el Congreso tiene que actuar? No podemos». También el republicano Andy Barr, que se sentará en el comité de Asuntos Exteriores, ha denunciado que «mucho del trabajo de seguridad nacional que se debe hacer está interrumpido«.

17 de los representantes republicanos elegidos que son veteranos de las Fuerzas Armadas dieron el miércoles una rueda de prensa para criticar la situación. Uno de ellos, el antiguo marine Mike Gallagher, que debe presidir un comité especial que va a encargarse de analizar las acciones y agresiones de China, explicó que el miércoles no pudo entrar en una reunión con líderes militares sobre la cuestión porque esta tenía lugar en un área de seguridad especial cuyo acceso tiene vetado hasta que no jure su cargo.

La Cámara baja no puede iniciar su actividad legislativa hasta que tenga presidente pero tampoco trabajar para los ciudadanos

Lo mismo les sucede a los representantes que en principio presidirán los comités de Asuntos Exteriores, Servicios Armados e Inteligencia, que han emitido un comunicado conjunto de denuncia. “No podemos dejar que las políticas personales pongan en peligro la seguridad de EEUU”, escribieron los republicanos, que subrayaron además que tampoco pueden ejercer sus funciones de supervisión de la Casa Blanca, el Departamento de Estado o Defensa o las agencias de inteligencia.

Impacto directo en los ciudadanos

En términos prácticos concretos hay también múltiples efectos de este ‘impasse’. Buena parte del trabajo de las oficinas de los congresistas, por ejemplo, consiste en ayudar de forma rutinaria a ciudadanos de sus distritos a realizar interacciones con el gobierno federal en cuestiones como impuestos o subsidios o incluso en la renovación de pasaportes, poniéndoles en contacto con la agencia apropiada o asistiéndoles en procesos burocráticos. Y en ese terreno ya han empezado también a sentirse los efectos del bloqueo.

El congresista electo republicano Don Bacon, por ejemplo, explicó en un tuit que su oficina había sido informada por una agencia federal de que no podían comunicarse con su personal sobre casos concretos que tienen abiertos hasta que él no jure su posición y cargaba contra los 20 ultraconservadores que están frenando la elección de McCarthy. “No están ayudando a los estadounidenses, sino dañándolos directamente”, escribió Bacon, que como Gallagher tampoco pudo acceder a la reunión de militares sobre China.

Denuncias similares han hecho otros congresistas.

Sueldos de trabajadores

Aunque los congresistas electos y el personal de sus oficinas van a cobrar sus salarios y recibir prestaciones incluso mientras los representantes no hayan jurado sus cargos, otros trabajadores del Congreso no lo tienen garantizado.

Los principales afectados pueden ser los empleados que desempeñan funciones en comités, que pueden quedarse sin cobrar a partir del 13 de enero, el último pago de las nóminas que estaba regulado por el anterior Congreso.

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Los congresistas que en noviembre fueron elegidos por primera vez para la Cámara baja enfrentan además el reto de contratar personal y poner en marcha sus oficinas. No se puede, por ejemplo, comprar material de oficina y los ayudantes de esos congresistas no pueden tener acceso aún a ordenadores, teléfono o correo electrónico oficial.

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