14/09/2022 a las 06:30 CEST

“Un ‘miura’ es lo que vamos a tener delante esta noche”. Lo dijo Xavi diez minutos antes de ponerse frente a un Bayern que llegaba con tres empates consecutivos en la Bundesliga. Un equipo alemán que es uno de los grandes aún cuando te empequeñecen algunas circunstancias puntuales. Y Xavi lo sabía. Tenía muy claro en los días previos que era necesario bajar el ‘souflé’. La afición azulgrana, con una depresión apenas superada, necesitaba un capotazo en Europa tras los buenos resultados en la Liga. Un resultado en el continente al que agarrarse. Un golpe de efecto ante el equipo que tantas malas noches le había hecho pasar. Un abrazo amigo frente al enemigo.

Saltó el Barça al campo con intensidad, calidad y descaro. Un Gavi multiplicándose por el césped. Un Pedri con la varita mágica en modo ‘on’. Un Busquets que gestionó el centro del campo con oficio y clase. Un Marcos Alonso que nos hizo sacar los pañuelos, que justificó su fichaje y reconfirmó la cabezonería de Xavi por traérselo a casa. Un equipo, en definitiva, que sumó cuarenta y cinco minutos ilusionantes. Muy buenos. Pero en esa primera mitad perdonó lo que no está escrito. Fue bonito pero no efectivo. Y el Barça, en cinco minutos, perdió.

El ‘miura’, incluso renqueando, es un primera clase. Dos cornadas cuando más dolor le había causado el rival y llegó la sentencia. Aunque en los veinte minutos volvió a recuperar el tono fantástico que nos había regalado en los primeros y que nos deja buenas sensaciones, la herida era profunda. Europa no te permite desconectar ni un segundo. Todos lo sabemos y ellos, los primeros. El Bayern fue más fuerte pero no mejor. De esta cornada puedes recuperarte porque no estás muerto. Ni mucho menos.

Porque este Barça compitió. Mucho. Que nadie se rasgue las vestiduras porque plantó cara con garra, con clase, con calidad y con oficio. Si este partido suponía un termómetro para calibrar el ser o no ser de los de Xavi ante un equipo ‘first class’, la temperatura emocional ha subido pero la derrota es una lección de la que deben seguir aprendiendo y, lo más importante, recuperar perdiendo la dignidad perdida.

Habrá que lamerse las heridas con trabajo, concentración y la seguridad de saber que este es el camino. Habrá que seguir confiando, como lo hace Xavi, en un Dembelé capaz de lo mejor y de lo peor. Habrá que revisar el partido de Raphinha al detalle, porque la de ayer no fue su noche. Pero, sobre todo, habrá que coger a este toro por los cuernos, mirarle a los ojos y creerse que en la próxima corrida no le vas a perdonar la vida.

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