23/10/2022 a las 08:00 CEST

El papel del entrenador es importante pero no determinante. Manda mucho pero él solo no gana partidos. Tiene una influencia notable, pero desde el banquillo no se marcan goles. No es lo mismo predicar y enseñar que hacer y resolver. Dicho en otras palabras, un buen técnico con jugadores mediocres no consigue grandes resultados, en cambio, un técnico discreto con buenos futbolistas puede llegar más lejos. La clave está en el campo.

Todo esto viene a cuento de las vicisitudes que ha vivido Xavi la última semana. Un tobogán de críticas, rumores y dudas. Ni era tan malo el pasado domingo ni ahora es tan bueno. No tiene culpa de la derrota en el Bernabéu, pero por la misma razón no se puede apuntar el mérito del triunfo ante el Villareal. Un entrenador puede marcar una línea, un estilo de juego, dar personalidad al equipo, pero a la hora de la verdad, sobre el césped, quien hará bueno o malo a Xavi serán sus jugadores con sus aciertos o errores. Si Lewandowski la sigue enchufando, si la defensa gana solidez, si el centro del campo potencia su efectividad, podrá dormir tranquilo. De lo contrario, sabe lo que le espera, vivir al borde del precipicio.

Ni Xavi ni ningún entrenador tiene la llave mágica para conseguir el máximo rendimiento de sus jugadores en todos los partidos. ¡Qué mas quisiera! Los altibajos a lo largo de una temporada son inevitables. Ya le hubiera gustado al técnico de Tarrasa que Lewandowski hubiese tenido un día inspirado ante el Inter para continuar en la Champions. A veces, una eliminación de esta importancia depende de un par de detalles o de lo que es peor, de una decisión arbitral errónea. Es el morbo del futbol, se pasa del blanco al negro sin valorar los grises. La línea que separa la confianza de las dudas es tan fina que suele provocar alarma.

Por todo lo dicho, va quedando claro que el entrenador del Barça tiene una dependencia enorme del estado de gracia de sus jugadores. Está en sus manos, mejor dicho, en sus pies. Xavi sabe mejor que nadie lo importante que puede ser recuperar el mejor Ansu Fati. Conseguir que De Jong tome la batuta del juego. Recuperar cuanto antes a Araujo. Consolidar a Koundé como el jefe de la defensa. Sacar mas partido de Raphinha. Lograr que Dembélé marque más goles. Y, por encima de todo, tratar a Lewandowski como lo que es, un crack mundial.

El entrenador del Barça será mejor en relación directa con el rendimiento de sus jugadores. Guardiola fue brillante porque supo sacar el mejor partido de Messi y compañía. Xavi puede consolidarse entre la élite si consigue que la nueva generación capitaneada por Araujo, Pedro, Gavi y Ansu Fati progresan adecuadamente. Se acabaron las vacas sagradas, hay que confiar en los jóvenes que aprietan fuerte con ambición y talento. Hace falta paciencia y comprensión hasta conseguir un nuevo Barça.

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