Han pasado 50 años desde que el 13 de octubre de 1972 tuviera lugar uno de los accidentes aéreos más sonados de la historia. Por las circunstancias que lo rodearon, el suceso sería conocido como la tragedia y el milagro de los Andes por igual. 

La tragedia se tejió cuando el avión 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya se aproximaba a la cordillera de los Andes y a causa de la mala visibilidad y un fallo en las lecturas de los instrumentos, se estrelló con las 45 personas que viajaban a bordo. Tras descender por una montaña durante 725 metros, el avión impactó con el hielo y la nieve del glaciar de Las Lágrimas, situado a 3.570 metros sobre el nivel del mar. 

Trece de los tripulantes fallecieron debido al impacto directo y otros cuatro la misma noche del accidente a causa de las heridas o las gélidas temperaturas. Las labores de rescate se sucedieron durante los días siguientes, sin embargo, de manera infructuosa. Doce personas más corrieron la misma suerte durante las semanas posteriores. Los 16 supervivientes restantes sufrieron una innumerable serie de penurias extremas entre las cuales tuvieron que recurrir a comerse unos a otros para sobrevivir. 

Con la llegada del verano austral y la mejora de las condiciones meteorológicas, dos de los supervivientes se aventuraron a escalar hasta un pico de las inmediaciones, situado a 4.650 metros sobre el nivel del mar, y tomaron dirección a Chile. En el trayecto se encontraron con Sergio Catalán, un arriero de la zona que tras contactar con ellos facilitó su rescate el 21 de diciembre de 1972. 

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