27/12/2022 a las 07:16 CET

Kiev quiere que estos magnates tengan menos influencia en el país para avanzar en el camino hacia la membresía de la UE

Uno de los lastres de muchos estados postsoviéticos son los conocidos como «oligarcas». Una palabra habitual en el caso de Rusia, es un actor importante en la política y economía también en países como Georgia, Armenia o Ucrania, ya que además suelen controlar medios de comunicación en sus países. Muchos de ellos consiguieron su fortuna en los años 90, cuando las empresas estatales soviéticas se vendieron a precios irrisorios tras la disolución de la Unión Soviética en sus respectivos países de nueva creación. Y Kiev, actualmente en pleno conflicto con Moscú, ha decidido avanzar en la lucha contra la influencia de estos magnates nacionalizando parte de las compañías estratégicas.

A principios de noviembre las autoridades ucranianas optaron por expropiar para uso estatal estas firmas de importancia vital para el músculo militar del país eslavo, aunque esta medida quedó en un segundo plano al producirse durante la contraofensiva de Jersón. Concretamente, el Gobierno de Volodímir Zelenski ha nacionalizado Ukrnafta y Ukrtatnafta (empresas petroleras, propiedad de Igor Kolomoisky), Motor Sich (fabricante de motores de aviones y helicópteros, de Viacheslav Bohuslayev), AvtoKRAZ (compañía de camiones y otros vehículos todoterreno, de Konstantin Zhevajo) y Zaporizhtransformator (energética, de Kostantin Grygoryshyn).

Oleksiy Danilov, el secretario del Consejo de Seguridad ucraniano, declaró que se tomó esta decisión de «expropiar los activos de empresas de importancia estratégica” mientras dure la ley marcial y añadió que «después de que sea levantada la ley marcial, estos activos podrán ser devueltos a sus propietarios o se les reembolsará su valor». Kiev declaró la ley marcial el 24 de febrero, el primer día de la ofensiva rusa sobre Ucrania y no está previsto que se levante pronto.

Bohuslayev, uno de estos oligarcas, además de perder Motor Sich también ha sido encarcelado acusado de «colaborar con Rusia» por venderle motores de aeronaves, junto con algunos de los miembros de su junta directiva.

Proceso de «desoligarquización»

Estos millonarios ucranianos no son los únicos en el punto de mira del Gobierno de Kiev. También ha expropiado a oligarcas rusos que a pesar de las malas relaciones entre Rusia y Ucrania desde 2014 conservaban participaciones de empresas ucranianas. Es el caso de Vladímir Yevtushenkov, que ha perdido 17 inmuebles que ocupaban un total de 100.000 metros cuadrados en total, así como las acciones que tenía de empresas ucranianas energéticas y de tecnología de la información. El Centro Anti-Corrupción, organización no estatal partidaria de este tipo de acciones, apuntó que tienen en el punto de mira a otros magnates rusos presentes en Ucrania como Arkadi Rotenberg, amigo personal del presidente ruso, Vladímir Putin, o Oleg Deripaska, entre otros.

El Gobierno ucraniano ya empezó una política de ‘desoligarquización’ en 2021. En aquel momento algunas voces críticas temían que esta legislación se usara de forma arbitraria con el objetivo de perjudicar a determinados oligarcas, ya que algunos recordaban los vínculos del propio Zelenski con uno de los oligarcas más poderosos de Ucrania, Igor Kolomoisky, aunque este 2022 fue uno de los afectados por las nacionalizaciones. Esta relación le hizo ganarse el apodo de «servidor de los oligarcas», modificando el nombre de su partido y de la serie en la interpretó al presidente de Ucrania en la ficción (‘El servidor del pueblo’). Estas presiones llevaron a que magnates como Petro Poroshenko, que se vio obligado a vender su canal de televisión a finales de 2021. Previamente había ocupado la presidencia del país entre 2014 y 2019, siendo sucedido por Zelenski.

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Esta lucha por quitar poder a los oligarcas es uno de los puntos más importantes que Bruselas ha pedido a Kiev para acelerar su posible futura incorporación a la UE. Ucrania obtuvo el estatus oficial de candidato junto con Moldavia el pasado mes de junio, mientras que otro país exsoviético, Georgia, podría añadirse a la lista en el futuro próximo. Bruselas quiere que estos tres países formen parte de la Unión Europea en 2030, junto con otros países a la espera como los balcánicos (Albania, Bosnia y Herzegovina, Montenegro, Macedonia del Norte y Serbia).

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