20/12/2022 a las 08:21 CET

Al paro de las enfermeras se suma esta semana el de las ambulancias, mientras continúa la protesta de los ferroviarios que paraliza el servicio de trenes

La ola de huelgas en el Reino Unido, una de las peores en la historia reciente del país, ha transformado la vida diaria de los británicos en una carrera de obstáculos que se intenta sortear de la mejor manera posible. El Gobierno ha movilizado esta semana navideña 1.200 miembros del Ejército para asegurar algunos servicios mínimos. Paros nacionales y locales afectan a todos, con mayor o menor intensidad, dependiendo de sus circunstancias y la región donde se viva. Las huelgas de conductores de ambulancias, ferroviarios, empleados postales, enfermeras, personal portuario, profesores de autoescuela o fabricantes de ataúdes, entre otras, perturban la existencia de millones de ciudadanos en el segundo invierno consecutivo del descontento.

La situación, “evoca recuerdos del caos de los años 70”, escribe George Parker, en el diario ‘Financial Times’, quien advierte del peligro que supone este pulso social para el primer ministro, Rishi Sunak. “Tendrá que calcular la extensión del daño político si las huelgas se prolongan a lo largo del 2023”. Hoy son los niños los que no tienen colegio porque los profesores han dejado las aulas. Mañana será la cita del médico la que habrá sido cancelada. No hay tren con el que ir a trabajar o volver a casa. El regalo navideño que se espera recibir y quizás no llegué a tiempo por correo y el viaje en avión en Nochebuena o Fin de Año que se complicará con el plante del personal de aduanas y control de pasaportes.

El desafío de las enfermeras

La revuelta más peligrosa para Sunak y el Gobierno conservador es la de las enfermeras, un cuerpo venerado por los ciudadanos, especialmente después de la pandemia. En 106 años de historia del Real Colegio de Enfermería, jamás habían ido a la huelga unos profesionales sobrecargados de trabajo, desmoralizados y mal retribuidos que el pasado día 15 formaban piquetes a la puerta de los hospitales. En la sanidad pública (NHS) hay 47.000 plazas vacantes de enfermería, mientras el número de pacientes aumenta. Enfermeras y enfermeros piden una subida del 19%, después de una pérdida adquisitiva acumulada durante años, que ha empeorado con la inflación actual del 11%.

El Gobierno ofrece un 4,5% de aumento salarial y considera “inabordable” la reclamación. “Entiendo que pedimos mucho. Pero pedimos que nos paguen de acuerdo con la inflación”, declaraba una de las sanitarias del hospital londinense de Saint Thomas, pancarta en mano. “Trabajamos muy duro y es terrible ver a la gente dejar la profesión porque no puede aguantar más”. El salario inicial es de 31.000 euros anuales y 42.000 el salario medio. En algunas partes del país puede ser suficiente, pero en Londres y en el sur de Inglaterra, con precios muchos más altos, significa vivir en la precariedad.

Un reciente sondeo reveló que el 14% de las enfermeras utiliza bancos de comida para llegar a fin de mes y una de cada tres tiene dificultades para pagar la comida y la calefacción. De momento vuelven a parar el martes y al día siguiente lo hará el cuerpo de ambulancias que repetirá la protesta el 28 de este mes, con 750 miembros de las fuerzas armadas movilizados para limitar el impacto y atender las emergencias.

Un sistema roto

Tampoco hay tregua navideña en el transporte. No acudirán al trabajo los empleados de las autopistas. Ni los funcionarios de control de pasaportes en los principales aeropuertos del país. Los 40.000 trabajadores de 14 compañías de tren vuelven a paralizar la red durante Navidad y Año Nuevo hasta el 7 de enero. Los servicios de Eurostar entre Londres, París y Bruselas también se verán afectados. La pasada semana la huelga de trenes provocó pérdidas multimillonarias en el sector de la hostelería. En Londres, la City se quedó vacía. La gente no acudió a las oficinas y hubo miles de cancelaciones de fiestas y comidas en pubs y restaurantes en uno de los periodos de más negocio del año. La recomendación de las autoridades viene a ser quedarse en casa y evitar desplazarse estos días en la medida de lo posible.

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“La ola de huelgas este invierno no es sólo una protesta por el bajo salario, sino la muestra de un sistema político y económico roto”, señala Martin Kettle, columnista en ‘The Guardian. El apoyo y compresión de los británicos con los huelguistas tiene un límite. Un 52% apoyan a las enfermeras, según un sondeo de Ipsos, pero en septiembre ese respaldo era del 60%. También están perdiendo simpatías los ferroviarios. 

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